Espectáculos

Blutrach: "El jazz no es sólo para entendidos"

La artista subraya la diferencia entre bailarines, obsesivos, y músicos, más dados a improvisar, y la tensión que se genera en la mixtura.

“Fue vertiginoso el proceso de hacer confluir danza y jazz porque los bailarines somos obsesivos, puntillosos, necesitamos ensayar; en cambio los músicos nos remarcaban que era peligroso ensayar mucho porque se pierde la frescura”, dice Mariana Blutrach, creadora de “La sensación”, espectáculo de jazz y danza que se estrena el 7 de agosto en El Picadero, con Hernán Jacinto en piano, Ramiro Flores en saxo, Flavio Romero en contrabajo y los bailarines Romina Pedroli y Gustavo Lesgart. Dialogamos con ella.

Periodista: Usted viene de la danza, ¿por qué un espectáculo de jazz?

Mariana Blutrach: Siempre me interesó la interrelación de la danza con otros lenguajes. La danza tiene un aquí y ahora maravilloso pero a la vez me dio siempre la impotencia de lo efímero, de lo único e irrepetible, por eso por más de diez años trabajé con un videasta, hice películas de danza y cine, y hace dos años con “La vida bella” continué buscando otros lenguajes. Conocí a Hernán Jacinto, que es un pianista y compositor fascinante, y le propuse hacer algo con la danza.

P.: ¿Cuál es la relación entre ambas disciplinas en este show?

M.B.: Quise hacer confluir ese espíritu de improvisación que tiene el jazz, como recurso de composición, con tema base y por encima de las improvisaciones que parten de ese tema, y lo mismo con los bailarines, intentando llegar a una situación de equidad dentro del escenario. La obra está estructurada en tres escenas de música y movimiento, cada una guarda un relato en sí misma. Cuando comenzamos a trabajar, la improvisación de los músicos modificaba a los bailarines y viceversa, se vieron afectados unos por otros, estábamos componiendo música y coreografía. La tensión y lo que sucede entre los bailarines con los músicos creo que es captado por el espectador, porque se percibe ese puro presente, es como un texto que uno va inventando pero sabiendo la base.

P.: Fuera de los bares de jazz es infrecuente encontrar propuestas del género, ¿cómo será llevarlo a calle Corrientes?

M.B.: Valiente, primero porque implica barrer con los prejuicios del jazz para entendidos, y en realidad es ponerlo en un lugar nuevo. Los músicos también están entusiasmados, más allá que para mi es un hecho teatral, ellos acostumbran a ir de la calle al show, algo que con el teatro no ocurre. En el Picadero uno está muy cerca de los artistas, y escuchar a semejantes músicos y bailarines tan cerca en un ámbito de tanta intimidad es conmovedor.

P.: ¿Qué puede esperar el público que irá a ver el espectáculo?

M.B.: Hay quienes creen que para disfrutar el jazz hay que entenderlo porque si no se la pasa mal; no estoy de acuerdo, creo que logramos que el espectador no se quede fuera, está pensando para que el público se siente y pueda desenchufarse, porque lo que ocurre ahí es muy diferente de lo que sucede en la vida. Hay que entrar en ritmo, no llega a la hora de duración, es como un unplugged. No pensé en un espectador pasivo sino que tenga que completar un poco lo que ve y escucha.

P.: ¿Qué temas recorren la obra?

M.B.: El tema de mi vida tiene que ver con la soledad y los vínculos, cómo es estar solo, cómo es estar solo cuando se está con el otro, el amor, las relaciones, también está la cuestión del intersticio entre uno y otro, que no está en la sumatoria sino que es algo que sucede y trasciende a los que se vinculan; en esta obra hay dúos, solos y juegos entre músicos y bailarines, también entre todos. No es como en los musicales, donde los músicos musicalizan la acción, acá ellos son actores, los bailarines también lo son.

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