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Bolsonaro festeja, surge un líder y la izquierda se hunde en Brasil

El presidente logra imponer un proyecto clave y el jefe de los Diputados emerge como figura nacional. La oposición, dividida y confundida.

Brasilia - El presidente brasileño, Jair Bolsonaro, celebró ayer la aprobación, aún parcial, de la reforma de las jubilaciones, tras un proceso que dio estatura nacional al presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia, y evidenció las divisiones de la izquierda.

Brasil está cada vez más cerca de entrar en el camino del empleo y la prosperidad”, tuiteó Bolsonaro tras la rotunda victoria del “sí” por 379 votos a favor y 131 en contra (con 3 ausentes), muy superior a los tres quintos de los escaños (308) necesarios para aprobar una reforma de ese tipo, de carácter constitucional.

El proyecto fija una edad mínima de retiro (62 años para las mujeres y 65 para los hombres) en un país que hasta ahora permite jubilarse por años de contribución. Prevé igualmente que estos deberán llegar a 40 años de aportes para obtener un beneficio completo, aunque ese punto quedó para ser definido entre las enmiendas que los diputados discuten ahora.

Cuando concluyan los debates -esta semana o a inicios de la próxima-, la Cámara deberá ratificarlos en una nueva votación antes de remitir el texto al Senado, donde será sometido a un ritual similar.

El ministro de Hacienda, Paulo Guedes, esperaba que la reforma permitiera ahorrar 1,2 billones de reales en diez años (más de 300.000 millones de dólares), pero las modificaciones incluidas ya redujeron esa suma a algo menos de un billón de reales y podría ser podada un poco más.

Rodrigo Maia, del partido Demócratas (DEM, centroderecha) aprovechó la victoria para reivindicar, visiblemente emocionado, el papel del Congreso, una de las instituciones más desprestigiadas del país, que últimamente estuvo incluso bajo el fuego de los partidarios de Bolsonaro.

“A nuestros líderes se les falta el respeto, se los critica de forma equivocada, pero son esos líderes que están haciendo las reformas de Brasil”, declaró.

Los medios y los analistas destacaron en forma prácticamente unánime el papel de este político de 49 años, nacido en 1970 en el Chile del socialista Salvador Allende, donde su padre se había exiliado huyendo de la dictadura militar de Brasil.

Tanto O Estado de S. Paulo como O Globo resaltaron que “la Cámara, liderada por Maia”, dio ese paso clave.

Ya el lunes Maia había afirmado: “La construcción de ese texto fue una construcción parlamentaria. El Gobierno ayudó, pero en algunos momentos obstruyó”.

La contundencia del resultado en la Cámara se explica en parte por las deserciones en las bancadas de dos formaciones de centro-izquierda: 8 de los 27 diputados del PDT (del excandidato presidencial Ciro Gomes) y 11 de los 32 del Partido Socialista (PSB) votaron por la reforma, así como los dos del Partido Verde.

“Mi voto por la reforma de las jubilaciones no fue comprado, fue por convicción”, tuiteó la joven diputada Tabata Amaral, una de las figuras en pleno ascenso del PDT.

“Mi ‘sí’ no es al Gobierno. En momentos como este, tenemos que mirar el futuro del país. No es fácil ni cómodo, pero es absolutamente necesario”, adujo tras la sesión del miércoles.

Fueron unánimes, en cambio, en el rechazo a la reforma las bancadas del Partido de los Trabajadores (PT, del expresidente Lula da Silva, con 54 diputados), del Partido Comunista do Brasil (PCdoB, 8 diputados) y del PSOL (de la asesinada concejal de Río Marielle Franco, 10 diputados).

Según el analista Thomaz Favaro, de Control Risks, la votación agrava la fractura evidenciada en la izquierda brasileña desde que salió del poder en 2016.

El hecho de que el Gobierno haya conseguido aliados “en prácticamente todas las fuerzas de centro y en los propios partidos de izquierda aumenta la significación de esta derrota” y permite augurar que la izquierda “tendrá muchas dificultades en bloquear la agenda del Gobierno en el futuro”, dijo Favaro.

Los defensores de la reforma insisten en que el sistema actual es una bomba de tiempo debido a la evolución demográfica del país. En 2018, un 9,2% de los 208,5 millones de brasileños tenía más de 65 años. En 2060, serán el 25,5%.

Sus críticos resaltan entre otras cosas que elevar el número de años de contribuciones excluirá del sistema a millones de personas en un país donde un cuarto de los trabajadores del sector privado son informales.

El proyecto “me recuerda la época de la esclavitud, cuando los esclavos podían ser liberados a los 60 años , pero morían antes”, afirmó Ronaldo Gonzaga, un bancario de Río de Janeiro, de 54 años.

Agencia AFP

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