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Bruzzo: "El apetito de los inversores cae por la incertidumbre electoral"

El empresario asegura que, pese al contexto económico, las fintech "elevan la vara" de todo el sector financiero.

Periodista:¿Cómo están las gestiones ante los organismos públicos para dar impulso a las finanzas digitales?

Juan Pablo Bruzzo: Dialogamos con Banco Central, con AFIP, con CNV, con el Ministerio de Economía que está liderando un programa de inclusión financiera, es decir, que se están empezando a definir políticas públicas integrales, porque hasta ahora todo lo que hubo fueron medidas específicas para cubrir algunos baches; ahora hay que mirar cómo construir la autopista. Y el Ministerio de Economía está coordinando esa tarea. Estamos totalmente de acuerdo en el diagnóstico: el gran problema argentino no es el acceso a cuentas bancarias, porque más del 80% de las personas mayores de 18 años tienen una cuenta bancaria, sino el uso que le dan. Hay que lograr que en vez de ir al cajero y retirar el dinero y usarlo en efectivo, la gente lo pueda usar electrónicamente, con tarjeta de débito o billetera digital, y también que se pueda invertir fácil el dinero. Muchos de los usuarios de subsidios sociales, que son fondos genuinos originados en este caso por el Estado, tienen una cuenta tan básica que no pueden siquiera ver el home banking. Entonces están forzados a agarrar su tarjeta de débito y retirar todo. Sería muy fuerte que haya incentivos para que usen la tarjeta de débito sin sacar el dinero y que eso empiece a circular en un canal formal y no informal como pasa ahora. Es sólo un ejemplo de pequeñas cosas que hay para mejorar que pueden tener un impacto grande. Del 82% de los mayores de 18 años que tienen cuenta bancaria, sólo 50% responde que tiene un banco porque no sabe que lo tiene pues sólo usa la tarjeta de débito para sacar efectivo. Esto es a la vez una superoportunidad porque no es un problema de falta de infraestructura, es de dar mejores servicios sobre la infraestructura que hoy ya existe.

P.: ¿No hubo avances en ese sentido durante 2018?

J.P.B.: Desde el lado de las fintech hubo productos nuevos que se fueron lanzando que son muy interesantes, algunos sobre inclusión financiera, como primer contrato con blockchain, lanzamiento de Mercado Ahorro, hubo muchas iniciativas fintech pero necesitan tiempo para generar impacto. Pero este último año por la enorme volatilidad económica las iniciativas que venían del Banco central dejaron de surgir con tanta fuerza. Por eso es importante que esté dentro de la agenda trabajar en una política pública general, salir de los parches y resolver los problemas de fondo, como por ejemplo buscar incentivos impositivos hasta productos nuevos para ese universo de cuentas que mencionábamos. Se avanzó menos en la parte pública, y se avanzó en la parte fintech con nuevos productos, pero obviamente todavía es chico el impacto que tiene. Hay un efecto colateral positivo: las fintech impactan también en elevar la vara para el sistema bancario tradicional en lo que hace a la oferta de servicios.

P.: ¿Sigue siendo el negocio de microcréditos el que concentra mayor cantidad de fintech?

J.P.B.: En cantidad de empresas los dos verticales más fuertes que siguen siendo mayoría son pagos y préstamos. También es así en el exterior. Ahora hay varias compañías ofreciendo productos de ahorro, que me parece muy interesante más allá de la coyuntura actual de Argentina. Si bien la gente tiene poca educación financiera y desconoce o desconfía de algunos instrumentos, tiene clarísimo qué es la inflación y qué es la devaluación de su poder adquisitivo. Entonces la gente valora la aparición de productos que permitan fácilmente ahorrar en activos que sean líquidos. Son nuevos verticales que van surgiendo en el sector, pero todavía son muy nuevos como para tener un impacto grande.

P.:¿Y cómo está la operación con Moni?

J.P.B.: Nuestra idea siempre fue ser un hub de servicios financieros, enfocados en la gente sub-bancarizada, que es claramente un mercado desatendido. Estamos trabajando en dos proyectos que son los más requeridos por nuestros clientes. Uno es una tarjeta prepaga, ya que el 40% de los clientes que evaluamos no les damos una línea de crédito y si le permitimos que carguen su SUBE o recarguen el celular o paguen facturas usando Moni pero sin crédito, esto significa que deben tener dinero en su cuenta bancaria. A medida que van consumiendo los vamos conociendo más y les podemos dar una línea de crédito. Es un producto que ayuda al usuario a administrar su economía. El otro tema en que estamos trabajando es un producto ahorro, que puede tener un impacto grande por lo menos entre nuestros clientes. Y los mismos que nos piden un crédito cuando no tienen uno vigente, se sienten incómodos frente a no saber cómo invertir y en el mejor de los casos terminan comprando dólares en negro y en el peor de los casos dejando la plata en el colchón.

P.: Moni ya está en Argentina y México, ¿proyectan expandirse a más países?

J.P.B.: Estamos trabajando para a fin de este año sumar nuestra presencia en un país más en la región, aunque no lo podemos adelantar ahora. Si bien el mercado local es suficientemente grande para seguir creciendo, es importante diversificarnos y no depender todo de Argentina y darle a la compañía una presencia regional. Más allá del lenguaje común, las problemáticas en América Latina son exactamente las mismas: los ratios de acceso al crédito, las formas de pago, la fuerte impronta del efectivo, la informalidad, son todas variables en común con nuestra experiencia. Y nuestro producto apunta a resolverlas.

P.: ¿Cómo se arreglan para obtener fondeo con tasas de interés por las nubes?

J.P.B.: Este tema tiene dos aspectos. Uno es el acceso al fondeo y otro, la tasa de interés. Tal vez se puede acceder a fondeo, pero las tasas son demasiado altas. Hay un punto de equilibrio. Nosotros con las tasas tan altas seguimos tomando fondeo, pero no podemos trasladar todo el incremento de tasa a nuestros clientes porque los estaríamos forzando a una situación de no pago. Además de la suba de las tasas está el tema de la volatilidad. En febrero estábamos en torno del 40% y eso fue hace apenas 60 días.

En cuanto al acceso, el apetito por la Argentina entre los inversores extranjeros disminuye, no sólo por la volatilidad sino por la incertidumbre electoral. Los inversores dicen para qué arriesgarme ahora y no esperar cuatro meses para ver si hay más certezas. Por lo menos que no haya dudas sobre quiénes van a ser los candidatos, quién puede ser el próximo presidente y sus políticas.

Esto en cuanto a inversores externos. Y en cuanto a inversores de deuda locales también disminuye su apetito de riesgo. Pero seguimos trabajando con varias fuentes y a pesar de todo el contexto logramos crecer en fondeo y crecer en consecuencia en cartera. Seguimos creciendo un poquito menos de por tres año a año, y entendemos que con un contexto más positivo esto sería más fácil.

Por ejemplo, estamos sacando la segunda serie de nuestro fideicomiso público, ya presentamos toda la documentación en la CNV así que es más un timing de mercado que de otra cosa. Pero es la realidad que toca vivir. Los bancos en general, desde los primeros momentos de la crisis en abril o mayo del año pasado, bajaron la originación, bajaron su riesgo, y eso afecta a todo el mercado en general, que está menos líquido.

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