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Buenos Aires, más pobre en la cultura sin "Clásica y Moderna"

LA EMBLEMÁTICA LIBRERÍA DE 81 AÑOS FUE DESALOJADA AYER POR NO PODER ENFRENTAR SUS DEUDAS. La muerte en 2017 de su alma mater, Natu Poblet, precipitó el cierre de un espacio que fue mucho más que un lugar donde comprar libros, y que reunió a protagonistas de varias décadas de vida literaria.

Podría ser el comienzo de una novela de García Márquez: la misma mañana que, en Barcelona, se anunciaban los planes que harán de esa ciudad la “invitada de honor” en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires, la ciudad huésped liquidaba, mediante una orden de desalojo, la librería fundada hace casi 81 años por uno de los más notorios exiliados catalanes que llegaron a estas playas, Emilio Poblet. Aquella fundación fue en un día patrio argentino, el 25 de Mayo de 1938, razón por la cual los muchos amigos y conocidos de “Clásica y Moderna” se reunían, año tras año, en torno de los libros, las empanadas y el locro, en el interior de su local de la avenida Callao, casi Paraguay, para festejar la fecha. Ya no más.

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Don Emilio, de la misma generación y exilio que Antonio López Llausás, el fundador de Editorial Sudamericana, era el abuelo de Paco y Natu, responsables de tomar la antorcha y convertir a la librería en emblema de Buenos Aires. A lo largo de las décadas, “CyM” tuvo un estilo distinto según el aire del tiempo: allí se reunieron tanto Borges, Manucho Mujica Lainez y Pepe Bianco como los jóvenes del Di Tella; escritores, músicos y artistas plásticos. Uno de sus habitués más secretos, pero también más fieles, fue Roberto Sánchez, “Sandro”. El piano que está en el centro del local, y que en los últimos años solía tocar con frecuencia Juan Carlos Cuacci en los distintos espectáculos nocturnos, fue una donación suya, inesperada. Una noche, estando allí el “Gitano”, advirtió que faltaba un piano. Nada le dijo a su amigo Paco pero, a la mañana siguiente, apareció allí un camión de mudanzas con el instrumento, donado por él.

Declarada “Sitio de interés cultural” por la Legislatura porteña en 1998, ayer “Clásica y Moderna” no levantó sus cortinas confirmando lo que ya era un secreto a voces: su imposibilidad de sobrevivir a la muerte de Natu Poblet el 8 de junio de 2017. Su hermano Paco había muerto hace exactamente 20 años, en 1999, y desde entonces ella fue la mentora y alma mater de la librería. El ahogo por el valor del alquiler, la caída en las ventas de libros en papel, e inclusive de la afluencia a los espectáculos musicales influyeron en el desenlace “anunciado”, pero la falta de Natu fue decisiva. Su viudo, Alejandro Monod, internado desde hace meses por problemas de salud, nada pudo remediar.

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Era común que ella asistiera personalmente a los visitantes que acudían a la librería. Su “guía de recomendaciones” personalizada solía llamar la atención del transeúnte que pasaba por el frente, y fueron muchos los que se detuvieron, entraron buscando un consejo, y salieron con su nuevo libro. Esa tablita, que ella iba renovando en la vidriera, estaba reservada exclusivamente a los títulos que amaba y no los que se proponía vender. Eran los libros que la apasionaban y quería compartir. Durante décadas, “Clásica y Moderna” formó lectores e impulsó autores, porque Natu Poblet, más que librera, más que arquitecta, fue una fervorosa lectora. Y si el simple visitante de la librería que recibía un consejo de ella salía de otra manera, ni qué decir de los vínculos de afecto que establecía con los habitués. En sus últimos años, no mucho antes de caer enferma, tenía la costumbre de elegir un día para cerrar la librería e invitar a uno de sus amigos a cocinar para los demás. Lo hizo Oscar Barney Finn, lo hizo Rubén Szuchmacher. Del mismo modo, en sus programas de radio difundió a esos escritores que amaba y que ponía en las listas en la vidriera, escritores tanto consagrados como novatos (a los que trataba con igual respeto y amor) en su programa de radio “Leer es un placer”. Que ella no estuviera presente en el homenaje de Buenos Aires a Barcelona en la Feria del Libro 2019 es triste. Pero que tampoco esté su librería es vergonzoso.

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