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Callas: entre la diva y simplemente María

SE ESTRENA HOY EN BUENOS AIRES - Menos que un documental tradicional se trata de una "autobiografía ficcional" de la famosa soprano, sostenida por documentos fílmicos y epistolares reales. El trabajo exhibe material nunca visto antes, como videos caseros en Palm Beach, escenas de su divorcio y momentos del rodaje de "Medea".

En los años de YouTube no es sencillo realizar un documental sobre Maria Callas y ser completamente original. Sus fans de todo el mundo allí disponen, desde hace años, de un vasto archivo de arias, clips de actuaciones, y hasta de famosas entrevistas como aquella que le hizo la televisión francesa junto a Luchino Visconti, y en donde -entre otras cosas-ella menciona, en dos ocasiones, su actuación en el Teatro Colón en 1949. Del mismo modo, y además de los bonus con material documental incluidos en varios de sus DVD, la soprano más célebre del siglo XX fue objeto de varias películas, como la estupenda de Tony Palmer, y libros biográficos como el de Arianna Huffington.

Por eso mismo hay que valorar la película de Tom Volf “Maria Callas: En sus propias palabras”, que se estrena hoy en Buenos Aires, que no sólo incluye material nunca visto, recopilado por su autor a lo largo de cinco años, sino que también es original desde el punto de vista narrativo: el film traduce el punto de vista de la protagonista como si se tratara de una autobiografía íntima, sin intromisión de entrevistados (como el film de Palmer). Así, la película de Volf es menos un documental tradicional como una película ficcional apoyada en el documento.

Volf ha buscado el “Rosebud” de Maria Callas, ese secreto íntimo que los grandes se llevan a la tumba, y cree haberlo hallado en las palabras propias de la diva, en el reportaje televisivo que ella le dio en 1970 al periodista David Frost. Esa entrevista, uno de los hallazgos clave de este film, actúa como eje de su historia. En diálogo con este diario desde Francia, Volf dice: “Mucha gente recordaba esa entrevista, pero no había ningún registro. Yo la pude reconstruir de un modo casi milagroso. Alguien la había filmado, con una camarita casera directamente de la pantalla del televisor, pero claro, sin sonido. El sonido vino después, y hubo que acoplarlo, porque también encontré un registro magnetofónico en cinta abierta. Repito, fue un milagro”.

Ese diálogo, donde la soprano admite que habría preferido una vida de familia, haber tenido hijos, una “vida normal” en lugar de la carrera que la convirtió en una de las personalidades del siglo XX (“ambas cosas no son posibles”), da pie al director para construir el film a partir de la división entre “la Callas” y “María”. ¿Pero cree Volf que “la Callas” era sincera cuando sostenía que la felicidad consistía en que acaso la llamaran simplemente María? ¿O era esa humildad una forma más de su divismo? Volf no tiene dudas: “Si hay algo de lo que estoy seguro es de su completa honestidad”, dice en el diálogo con este diario. “Callas devoró a María. Eso se evidencia no sólo en sus propias palabras, sino en su mirada, y en especial en todo lo que se ve de ese amor con quien fue la gran pasión de su vida, el magnate naviero Aristóteles Onassis”.

Las escenas que se ven con Onassis (el hombre que, según algunos biógrafos, le hizo descubrir el sexo) son originales, aunque parecidas a otras ya vistas antes. Sin embargo, mayor fuerza emocional, y absoluta originalidad, tienen los registros caseros en Palm Beach, que Volf presenta contrastándolos con su separación de Onassis y, como fondo, el aria “La mamma morta” de “Andrea Chénier”, que el espectador no puede hoy dejar de asociar con la tristeza del film “Philadelphia”, donde se fijó para siempre la futura memoria de esta aria en su voz.

Volf, fotógrafo profesional y que debuta en el cine con este film, emprendió esta laboriosa tarea sin ser un fan de la ópera, y menos de Maria Callas. Según cuenta a este diario, la revelación que tuvo al asistir a una función de “Maria Estuarda” en el Met de Nueva York, lo condujo a interesarse en la vida de la soprano estadounidense-griega, y fue decisiva para que naciera su admiración. “Desde un principio conté con la colaboración de la mezzo Joyce DiDonato, que le da voz a Maria Callas en la lectura de las cartas. En la versión francesa participó Fanny Ardant, lo que era una elección obvia considerando los muchos años que ella interpretó ‘Master Class’, la obra teatral sobre Callas en Juillard”.

El espectador especializado valorará algunos episodios que suelen pasarse por alto: la tormentosa relación de la soprano con Rudolf Bing, el director del Met de Nueva York que, cansado de sus desplantes, la vetó durante varias temporadas, complementado con su retorno triunfal después de la gestión Bing, que despertó una ola de fanatismo en su nuevo debut. Son elocuentes las imágenes de los fans durmiendo por la noche a las puertas del viejo Met para comprar una entrada.

También Volf dedica un generoso espacio a la conflictiva cancelación de una “Norma” en enero de 1958 en Roma, cuando todavía ella estaba casada con Giovanni Battista Meneghini (que comenta musicalmente con la obertura de la ópera de Verdi de “la mala suerte”, “La forza del destino”), al escandaloso divorcio de Meneghini con la correspondiente lluvia de paparazzi. Y aparece su maestra de canto, Elvira de Hidalgo.

En cambio, faltan referencias a otros episodios de su vida (la rivalidad histórica con Renata Tebaldi, el presunto aborto de un hijo de Onassis, etcétera), o su extensa relación profesional con Luchino Visconti, de quien sólo se ve una única imagen al principio del film. Volf admite que, en el caso de Visconti, el material documental disponible era demasiado conocido, y que por eso decidió no incluirlo. En cambio, “las secuencias de rodaje de ‘Medea’ con Pasolini son completamente inéditas”, asegura La amistad de Callas con Pasolini, tan celada por Visconti (quien nunca le perdonó que lo hubiera preferido para hacer una película), deja una revelación: que ella consideraba que las mejores escenas de ese film habían quedado en la mesa de montaje.

“El trabajo de investigación no fue sencillo”, concluye el director. “Había que llegar a mucha gente que la hubiese conocido, que tuviera material propio, y que quisiera prestarlo para que formara parte de la película. No era fácil, insisto, pero una vez que ellos fueron comprendiendo la película que haríamos, y cómo María y la Callas, ambas, recuperarían su voz, no hubo nadie que no quisiera colaborar.”

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