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Cambiemos, en su laberinto de fórmulas

Nada de lo que está pasando en la economía debería haber sucedido en esta forma y por estos días. Menos haber llevado al país a la encrucijada electoral en la que se encuentra. Estamos en medio de una crisis de confianza y la solución será netamente política o no será. Hacia afuera el mundo pide certezas (que ni el acuerdo con el FMI puede cubrir) sobre el futuro electoral del país y hacia adentro los argentinos se preguntan si no existe una solución al derrape continuo de dólar e inflación que pueda llagar antes de las elecciones. Lamentablemente todo indica que hasta octubre no habrá certezas y por lo tanto, se insiste, hará falta muñeca política para capitanear estas olas.

Es una obviedad que este año, en el que se juega la reelección, no estaba planeado así por la Casa Rosada. Ahora bien, tampoco parece que el Gobierno haya hecho nada para evitar esta crisis ya que a sus ineficiencias, sumó haber alimentado como estrategia electoral central de este mandato mantener como enemiga privilegiada y única a Cristina de Kirchner, cuyas chances de volver al poder asustan al mercado (dentro y fuera del país) como el peor fantasma imaginado. El problema es que ese miedo a la expresidenta e se haya ido corriendo a otro temor tanto o mas complicado: el que tiene hoy el mundo económico y financiero sobre la imposibilidad de Mauricio Macri de manejar la crisis, antes y después de las elecciones y al mismo tiempo ganarle a Cristina.

El momento que vivimos, entonces, tiene un color duranbarbista que nadie podría haber imaginado, salvo... quienes alertaron sobre el peligro que esta estrategia traía consigo desde el primer momento. Para usar a Cristina de Kirchner como hombre lobo, Macri debía estar seguro de que nunca correría el peligro de convertirse él mismo en Drácula.

Y si bien los dientes aún no le crecieron al Presidente, los errores que cometió el Gobierno (desde el primer día, porque en esto no debe inmolarse Nicolás Dujovne) lo acercan demasiado a Transilvania. Por lo menos es lo que dicen las encuestas.

Los problemas hoy exceden a esas estrategias originales y los frutos ya se ven. Argentina tiene un problema en su arquitectura electoral que hoy se siente mas que nunca: los candidatos presidenciales se conocen demasiado cerca de las elecciones. Nuestros vecinos tienen plazos mas largos, hasta de un año. Eso suma incertidumbre extra.

Esta semana la economía habló como nunca sobre las alternativas a este gigantesco entuerto que origina la falta de confianza en los dos candidatos que tienen más chance de hacerse de la presidencia: Macri y Cristina. No era lógico pensar que todo el proceso electoral iba a estar liderado por dos candidatos que tienen cada uno 60 % de imagen negativa y que eso no iba a impactar en la política.

El laberinto es grande. Macri es el candidato y cabeza de Cambiemos. Al mismo tiempo, el mundo económico le pregunta a María Eugenia Vidal si piensa ser candidata. Lo hicieron en el almuerzo del CICyP. La gobernadora dice no, pero ayer el jefe de esa organización, Daniel Funes de Rioja, dice en radios sin empacho que Vidal bien podría ser candidata presidencial. La gobernadora habló ayer y anunció medidas en su provincia, con un tono que bien podría haber aplicado Macri con las que lanzó a nivel nacional. Alimentó con eso la curiosidad en un día en el que la economía se sumó a ese encierro en el laberinto de estrategias.

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