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Cambio climático: los tres grandes temas en los que debe mejorar la Argentina

El análisis "Incrementar la acción climática", elaborado por Climate Tracker, sugiere enfocar las políticas en la generación y suministro de electricidad, edificios residenciales y transporte terrestre.

Si acelera sus planes para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, la Argentina podría transformarse en un "líder climático" para 2050. El plan de ruta debería estar enfocado en tres áreas estratégicas y altamente contaminantes: suministro eléctrico, edificios residenciales y transporte terrestre.

Según las conclusiones del análisis "Incrementar la acción climática" elaborado por Climate Tracker (el tercero de una serie que ya relevó a Sudáfrica y la Unión Europea y en el futuro lo hará con Indonesia, Turquía y Australia), si se estimulan estas políticas podrían recortarse las emisiones en esos rubros hasta en un 94% para mediados de siglo (respecto a los niveles de 2014) y pondrían al país en la senda definitiva del Acuerdo de París.

En el documento firmado en la capital francesa en 2016, los gobiernos de 195 países se comprometieron a contener el aumento de la temperatura por debajo de 2° por encima de los niveles preindustriales y, como escenario ideal, tratar de limitarlo a 1,5°. Pero el empeño actual es insuficiente: para cumplir con el límite acordado, los expertos del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) concluyeron que es necesario redoblar los esfuerzos y reducir las emisiones de CO2 a cero junto a una drástica rebaja de las emisiones totales de gases de efecto invernadero.

Transición energética

Si el sector eléctrico estuviera totalmente descarbonizado permitiría implementar planes de electrificación en el transporte terrestre, tanto de pasajeros como de cargas. Las medidas sugeridas incluyen alcanzar una cuota del 60% de vehículos eléctricos en la flota total de automóviles para 2040 y de 100% en la flota de micros y colectivos. El abandono de los rodados que funcionan con combustibles fósiles reduciría además los efectos adversos de la contaminación atmosférica y acústica.

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<p>Algunos de los colectivos eléctricos que circulan como prueba piloto.</p>

Algunos de los colectivos eléctricos que circulan como prueba piloto.

Entre las mejoras propuestas para los edificios residenciales figuran el reacondicionamiento térmico y una mayor eficiencia energética, con disposiciones en ese sentido para todos los aparatos de calefacción que se vendan hasta 2030. Esa eficiencia, junto a códigos de construcción más estrictos, y la electrificación de los servicios de agua y calefacción, podrían reducir casi por completo las emisiones de carbono en los edificios residenciales argentinos a mediados de siglo.

Dada su riqueza natural en recursos renovables y sus objetivos de expansión de las energías renovables para 2025, Argentina podría convertirse “en un país líder a nivel mundial en lograr una transición energética exitosa”, señaló Climate Tracker, aunque se necesitan “acciones adicionales” para desplegar las renovables en línea con los objetivos de la Secretaría de Energía, de una cuota del 20% para 2025 y del 25% para 2030. Entre otras cosas, aumentar de forma considerable las inversiones en la infraestructura de la red eléctrica.

Pero, además, es probable que la transición hacia un suministro eléctrico bajo en carbono y basado en energías renovables logre crear más oportunidades de empleo en comparación con el escenario de desarrollo actual, ya que los puestos de trabajo fomentados por estas tecnologías crecerán con el tiempo y serán cada vez más necesarios, a medida que el sector de la generación de electricidad avance hacia la descarbonización total.

Aunque, para ello, “la Argentina debería reducir los incentivos para incorporarse al sector del gas natural y aumentar las oportunidades en tecnologías con futuro, como la energía hidroeléctrica, la energía fotovoltaica y la energía eólica terrestre”.

Fortalezas y debilidades

El documento destaca fortalezas y debilidades, luces y sombras de las políticas nacionales en el camino de las políticas climáticas. Resalta por un lado que existen instrumentos para apoyar la adopción de energías renovables no convencionales (como las subastas), pero alerta que los recientes retrasos en los proyectos encargados podrían frenar el crecimiento de la capacidad instalada hasta 2025.

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Menciona la quita de algunas subvenciones relacionadas con el consumo y la producción de combustibles fósiles en los últimos años, pero recuerda que se mantiene el apoyo financiero directo para el consumo y la producción de gas natural.

Toma nota de la participación de los vehículos eléctricos en el parque automovilístico, pero la describe como “insignificante”, debido a las “pocas políticas existentes para incentivar su adopción”.

También reseña que se estableció un manual de vivienda sostenible y un plan de etiquetado para todos los edificios nuevos financiados o cofinanciados por la Secretaría de Vivienda, pero apunta que no existe ningún marco político para aquellos financiados por privados.

Ya sabemos que la lucha contra el cambio climático debe ser ambiciosa, constante y creciente. Una batalla en la que ninguna ofensiva es en sí misma definitiva. Pero ir cumpliendo asignaturas pendientes y avanzar en la descarbonización de distintas áreas, como quedó acordado en París, es un interesante ejercicio para preparar los músculos de cara a próximos y mayores desafíos.

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