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Camilo Sánchez vuelve a aquel trágico verano del 88

• SU NOVELA, "LA FELIZ" RECREA EL FEMICIDIO DE ALICIA MUÑIZ Y LA MUERTE DE ALBERTO OLMEDO
El asesinato que cometió Carlos Monzón es el disparador de su nuevo trabajo narrativo.

El asesinato de una mujer que se ha convertido en trágica insignia del femicidio, cometido por el mayor campeón de box la Argentina. La dudosa muerte accidental del gran cómico argentino de la segunda mitad del siglo XX. Y Adrián "Facha" Martel actor nexo esencial entre Carlos Monzón y Alberto Olmedo. A 30 años de aquellos trágicos sucesos, Camilo Sánchez los recrea en "La Feliz, Aquel verano del 88" (Edhasa). Sánchez es periodista, poeta, coautor del ensayo "Haroldo Conti con vida", autor de la novela "La viuda de Van Gogh", y director de la editorial "El Bien del Sauce". Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo surge "La Feliz"?

Camilo Sánchez:
Cuando en febrero de 1988 Carlos Monzón asesinó a su pareja, Alicia Muñiz, y unas semanas después murió accidentalmente Alberto Olmedo, y Adrián "Facha" Martel era el puente entre el boxeador y el comediante, pensé que eran personajes de una novela. Otros eran la Mar del Plata estival y el narrador, que había nacido en La Feliz y ahora volvía como periodista para cubrir los sucesos del verano y veía todo con cierta perplejidad ingenua. Los escritores tenemos más ideas de las que podemos llevar a cabo. Las que llevamos a cabo son las obsesivas, las que uno arrastra y arrastra. Después de "La viuda de los Van Gogh", tan europea, que se editó en muchas lados, que anduvo tan bien en Italia y Alemania, me decían que escribiera sobre las dos modelos de Modigliani o las parejas de Picasso, y no, no quería volverme biógrafo de mujeres de pintores; quise meterme con algo nuestro, con los riesgos que esto suponía. Han pasado 30 años y los personajes persisten como leyenda, afantasmados entre la gente, y son marcaciones fuertes de nuestra identidad.

P.: Podía haber escrito una novela histórica, una novela de no ficción o una crónica periodística y eligió hacer una ficción protagonizada por emblemas.

C.S.:
El Campeón, el Claun, el Langa son personas y representaciones, modelos para la gente. El mejor boxeador argentino de todos los tiempos, el más grande cómico, el galán según la muchachada. Son eso y son también construcciones literarias. Juan Martini, por dar un referente en "La vida entera" hace aparecer a Gardel como un personaje literario, lo que le da una tremenda libertad. Los emblemas que elijo son, como el alambre para la torcacita de donde se lanza a volar, como decía Piglia. Cuando El Campeón pelea con Nino Benvenuti, se vuelve real Monzón, pero al evitar su nombre, al seguir siendo El Campeón me permite la libertad de seguir contando una fábula dramática. Libertad que me permite estar con El Campeón cuando sale de la cárcel de Las Flores, el auto vuelca y él muere. Y hay algo que une a Monzón con Olmedo y es cuando ya lanzados a la acción, en su página en blanco, comienzan a improvisar y aciertan, lo que es un modelo para el narrador. Bueno, los dos la pelearon, y yo a la novela durante cuatro años.

P.: ¿Por qué necesitó del actor "Facha" Martel?

C.S.
: El Facha le había conseguido a Monzón la casa donde ocurrió el femicidio. Se estaba cambiando para acompañar a Olmedo a visitar en la cárcel a Monzón cuando se enteró de que el Negro había muerto. Era el que vivió para contar lo ocurrido desde la oscuridad en que quedó instalado. La oscuridad de Monzón duró los 8 años de cárcel, la de Olmedo los 30 segundos de caída, la de Martel 15 años de lento oscurecimiento y sus intentos de sobrevivir. Hay algo en El Facha que lo hace metáfora de la clase media, de los buscavidas. Uno de los temas de "La Feliz" es la fama, lo que le ocurre al que la goza o la padece, y el círculo que lo rodea. Monzón estaba siempre incómodo con su trascendencia, con haber sido actor de cine. Y había estado con Ursula Andress y con Susana, entre otras. Hasta Maradona y Messi en el exterior los nombres eran Fangio y Monzón. Para Olmedo la fama era un juego, tomó el humor de Borges en ese sentido, y así construyó su personaje Borges.

P.: Además de los personajes, el escenario,

C.S.:
Tenía un asesinato violento que se intentaba justificar como una caída, una caída mortal real rodeada de misterio porque al Claun le acaban de anunciar que iba a volver a ser padre. Mi problema como narrador es evitar hechos para que no se convirtiera en un folletín. Mirá en que se convertía la novela si contaba que la madre de Olmedo, su gran sostén secreto, se muere en un remise cuando iba al velorio del hijo. Así fui apartando notas, dejando de lado datos, muchas cosas que habían aparecido en esas búsquedas a las que uno se lanza cuando se ha decidido a contar una historia. A veces surgen cosas que tienen que estar aunque parecieran no tener que ver con el relato. Cuando escribo que el Claun cae imantado por el viento, de pronto recuerdo la gente que me dijo que había llorado al saber que Olmedo había muerto. ¿Cómo salía de ahí? Y recordé que en ese mismo momento el poeta Edgard Bayley presentaba su libro "Alguien llama", y había poemas luminosos que eran como una despedida, que imponían silencios, que llevaban a rever imágenes que ya no eran esas que hasta ahí conocía.

P.: ¿Ahora en que está?

C.S.:
En una nouvelle, "45 minutos en un metrobus en el D.F.". Cuando fui a presentar la "La viuda de los Van Gogh" me agarró un terremoto, estuve en un metro bus con un tipo de 85 años que en 45 minutos me contó su vida. Me gusta eso de pasar de personajes conocidos a uno anónimo.

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