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Caminó alrededor del mundo durante 11 años por la paz

La aventura de Jean Béliveau se sale de lo común. Su caminata de 75 mil kilómetros por 64 países, a lo largo de 11 años es su carta de presentación ante el mundo. La aventura de este canadiense de 56 años comenzó luego de que su empresa de carteles luminosos quebrara.

Así fue como el día de su cumpleaños número 45 decidió enfrentar el fracaso y salió a caminar por el mundo. Sin embargo, no sabía que su experiencia se convertiría en un fenómeno a nivel global.

"Es un universo muy grande y aprendí mucho a lo largo de mi viaje", cuenta Béliveau en comunicación telefónica con ámbito.com. "Tuve el privilegio de conocer gente de Latinoamérica, de la India o África", afirma sobre cómo fue recibido en distintas partes del globo durante estos años.

Con el objetivo de promover la paz para todos los niños del mundo caminó a lo largo del planeta en apoyo a la declaración de las Naciones Unidas por una cultura de la no violencia. El final de su periplo será hoy en Montreal, la misma cuidad que lo vio partir el 18 de agosto de 2000. Este trotamundos cosechó innumerables experiencias y conoció a cientos de personas que le tendieron una mano a lo largo de su viaje, por eso para él "no es fácil decidir cuál es el lugar que más me gustó".

Sin embargo, recuerda que incluso en los países más difíciles por los que pasó tuvo la oportunidad de aprender de su cultura, como en Mozambique. Sobre el país africano dice que le atrajo la pacífica forma de ser de su gente, "a pesar de haber sufrido una guerra civil pocos años antes", señala Béliveau.

Durante su travesía sólo llevó consigo un carrito con unas mudas de ropa, un botiquín, una carpa y una bolsa de dormir. Con ese equipaje se lanzó hacia la aventura, pero también le hizo pasar uno de los momentos más complicados de la travesía. "En Perú tenía que subir y bajar 50 kilos a más de 4.000 metros de altura y físicamente esa situación me agotó porque me dejó sin aire", recuerda sobre su peregrinaje por las montañas peruanas.

Claro que no fue el único momento en que se vio en problemas ya que su caminata por los desiertos también fue complicada. Sobre todo en Atacama, en Sahara y en Australia donde tuvo que caminar bajo el rayo de sol con 45° de temperatura.

• Su paso por Argentina

Jean estuvo en nuestro país a fines de 2002, llegó procedente de Chile y viajó desde Mendoza hasta la Ciudad de Buenos Aires, pasando por las provincias de San Luis, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. "Allí también sufrí el calor ya que estuve en pleno verano y el clima cálido sí que se sentía", señala sobre su peregrinaje en suelo argentino.

Su travesía incluyó 1.286 kilómetros en los que visitó las ciudades de Villa Mercedes, Río Cuarto, Mendoza, Santa Rosa, Venado Tuerto, Luján y la propia Ciudad de Buenos Aires, entre otras. "La gente es muy extrovertida", recuerda Béliveau, en perfecto español, sobre el recibimiento de la gente en Argentina. "Cuando pasaba caminando de vez en cuando me gritaban: "¡Che, loco! ¿Qué estás haciendo?", cuenta entre risas.

Como buen visitante extranjero que se precie de serlo, durante su estadía se dio el gusto de disfrutar una parrillada: "Comí asado con muy buenos vinos", exclama desde el otro lado del teléfono en Canadá. Sin embargo, aún recuerda que las costumbres gastronómicas de la pampa húmeda no se le hacían muy fáciles de asimilar porque "allá cenan a las 11 o las 12 de la noche y a esa hora yo estaba muy cansado", señala el canadiense.

En los tres meses que estuvo en nuestro país no sólo fue invitado por lugareños a pasar la noche en sus casas y compartir una cena en familia, sino que además se dio el gusto de conocer al premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, a Estela de Carlotto, titular de Abuelas de Plaza de Mayo y a la escritora Susana Dillon.

• "Aprendí la simplicidad de la vida"

Una aventura como la de Béliveau cambia la perspectiva de una persona sobre la vida. Durante su viaje no la tuvo fácil para comunicarse con sus seres queridos. Si bien Internet fue de gran ayuda para mantenerse en contacto con su mujer y sus dos hijos, se presentaron situaciones en las que él hubiese preferido estar cerca de ellos. "Cuando atravesaba el desierto de Sahara mi padre se enfermó y luego falleció cuando yo estaba en Bélgica", agrega. Según él, estar lejos de su familia es uno de los precios que se pagan a la hora de encarar una aventura de este tipo porque "no pude estar con ellos en esos momentos difíciles".

Sin embargo, su viaje a lo largo del mundo le dejó grandes enseñanzas que no se aprenden en los libros. "Aprendí la simplicidad de la vida", reflexiona francamente el trotamundos quien agrega que "hay que aprender de la gente que no tiene dinero". En épocas de crisis económicas que ponen en jaque a los mercados del mundo él señala que es necesario "aprender de las otras culturas, de la simplicidad del amor y de la amistad".

Su viaje ha servido de inspiración para muchos pero para Béliveau, lo importante no es salir a caminar sino "cumplir el sueño que cada uno tiene en su corazón". Para él no hay muchos secretos para ponerse en marcha y recuerda que cuando comenzó "tenía sólo 4 mil dólares para este viaje; a veces con poco dinero podemos hacer mucho". "Cuando empecé a caminar la gente me decía que estaba loco", reflexiona, pero agrega que "las personas no tienen que tener miedo de seguir sus sueños". Para él se trata de una cuestión de actitud ante la vida y en su perfecto español recuerda el poema de Antonio Machado y, como si fuese Joan Manuel Serrat, entona desde Ottawa el verso "Caminante no hay camino, se hace camino al andar".

Este domingo fue el último día de la caminata, pero no el fin de su aventura ya que planea editar un libro con sus experiencias. También hay un proyecto de una brasileña para realizar un documental sobre su travesía. Apoyados en estas iniciativas dice que quiere convertirse en "un líder de la paz en el mundo" y brindar conferencias para promoverla. Habrá que ver qué camino le tocará transitar luego de su experiencia. Lo seguro es que tras 11 años de aventura por el mundo, no le faltarán anécdotas para contar.

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