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Campanella: "Quise hacer de esta historia una película de amor"

Inspirada en "Los muchachos de antes no usaban arsénico", de José Martínez Suárez, se estrena hoy esta nueva versión que el director ganador del Oscar ya se había propuesto realizar hace 22 años.

Dialogamos con Juan José Campanella a media cuadra de la sala del cine Gaumont, llena de socios del Cineclub Núcleo, ansiosos de ver “El cuento de las comadrejas” antes del estreno. “En ese cine, siendo niño, lloré por primera vez de emoción viendo una película”, dice, y entra a presentar la suya, que también emociona.

Periodista: A 10 años de “El secreto de sus ojos” y a un mes y medio de cumplir 60 de vida, ¿cómo viene el tránsito?

Juan José Campanella: Algo desordenado. Después de “El secreto...” hice “Metegol”, que fue un trabajo demasiado intenso, me dediqué más a mi hijo, tuve que lidiar con la muerte de mis padres, hice dos series acá y dirigí otras dos en EE.UU., descubrí mi posibilidad de expresarme también en el teatro, con “Parque Lezama” y “¿Qué hacemos con Walter?” Creo que el teatro dominará mis próximos 30 años, si es que llego.

P.: También condujo la Academia de Cine, produce cortos y documentales y ahora, al fin, hizo la remake de “Los muchachos de antes no usaban arsénico”. Solo que aquella era una comedia de humor negro, y esta agrega un eje romántico.

J.J.C.: Apenas vi esa obra de Martínez Suárez me dije “Es la película más ingeniosa del cine argentino”. En 1997 yo vivía en EE.UU., estaba editando “Love walked in”, mi segunda película, y con Darren Kloomok, el montajista, surgió la idea de hacer una nueva versión, ambientada en Los Ángeles, que fuera un homenaje al cine, a los actores, al humor cínico y elegante de Ernst Lubitsch y los Estudios Ealing, pero con una historia de amor. La razón de ser de esta remake era hacer una historia de amor. Avanzamos bastante, y con el productor Ricardo Freixa fuimos a casa de Anthony Quinn, que se entusiasmó y tuvo una gran idea, convertir al personaje del exactor en artista plástico. El mismo pintaba y hacía unas esculturas impresionantes.

P.: Por eso Anthony Quinn figura en los agradecimientos.

J.J.C.: En 2000 me vine, y ya empecé a pensarla para acá, con artistas locales, teniendo siempre en claro que debía ser interpretada por cuatro glorias del cine. En la versión original eran Mecha Ortiz, Arturo García Buhr, Narciso Ibáñez Menta y Mario Soffici.

P.: En la suya son Graciela Borges, Luis Brandoni, Oscar Martínez y Marcos Mundstock. ¿Pensó en Héctor Alterio?

J.J.C: Pero va a cumplir 90 y no viaja más. Sólo hace giras dentro de España. Oscar Martínez no llega a 70, pero es muy bueno y le conseguimos una excelente maquilladora, Sylvie Imbert, premio Goya por la nueva de Terry Gilliam. Como me gusta agregar gente que no sea tan del palo, invité a Mundstock para un personaje lleno de bocadillos, muy conocedor de la lengua, ideal para él. A Graciela y Brandoni los tuve en un capítulo de “El hombre de tu vida”, ella tiene una capacidad enorme para la comedia, que el cine todavía no supo aprovechar, ambos actúan muy bien juntos, y cualquiera que los ve deduce enseguida que en su juventud fueron personas hermosas. Bueno, los argentinos ya lo sabemos. En esa serie también estuvo Nicolás Fiore haciendo de Brandoni joven, es muy parecido, y muy buen actor.

P.: A propósito, en la versión original había una sola joven, la villana. Ahora vemos una parejita de villanos jóvenes.

J.J.C.: Desde el primer boceto de guión quise que entre los viejos y la amenaza externa la diferencia fuera por el modo de encarar la vida, más que por cuestiones de género. Por eso hay un villano, Nicolás Francella, excelente, y Clara Lago, la de “8 apellidos vascos”, linda y tan profesional que ni siquiera necesitó ser doblada.

P.: Cuénteme del equipo técnico.

J.J.C.: Ante todo, el trío visual: el director de fotografía Félix Monti, maestro de 81 años, Cecilia Monti, vestuarista, me acompaña desde hace 20 y además es mi esposa, y Nelson Luty, director de arte. El me propuso que él pintor, un alma buena, hiciera los cuadros a lo Munch, para sugerir la tortura y el enojo que guardaba dentro suyo. También están Rodrigo Tomasso, supervisor de FX (el fue clave en la secuencia de la cancha de “El secreto de sus ojos”), Martino Zaidelis, que va creciendo como productor y ahora también como director, Ana Piaggio y Daniela Derourkian, respectivas autoras de los afiches que aparecen al comienzo y la palabra “fin” a la manera de antes, y el maestro Emilio Kauderer, que cierra a gran orquesta. La melodía tipo Nino Rota que se oye cuando Graciela baja las escaleras, él la compuso en Italia en 2011, y me la envió desde un tecladito que tenía programado en el iPad. Es hermosa.

P.: Se nota el amor al cine en usted y en toda su gente. Pero ¿qué le dijo su maestro, luego de ver la nueva versión?

J.J.C: Le gustó, ya la vio dos veces. Pero cuando leyó el libreto me hizo una objeción: “La gente de antes no decía malas palabras”. “Señor, yo conocí a Daniel Tinayre y era muy puteador”. “Sí, pero las mujeres no decían malas palabras”. “Pero todos hemos visto el video de su hermana cuando estaba enojada”. “Entonces, ponga ‘¡puta, mierda, carajo’!”

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