Política

Canadá: la otra elección

Mientras la vida argentina parece girar cada vez más en torno a la elección del próximo día 27, una semana antes, el 21, en el otro extremo del continente, un amigo en quien gustaba referenciarse como modelo Mauricio Macri, Justin Trudeau, enfrenta un proceso tanto o más incierto.

El problema para ambos pasa, aunque por distintas razones, por un mismo sector del electorado. Mientras el argentino, a pesar de todos los guiños en este sentido -aborto, marihuana, energías renovables, etc.- no ha sido capaz de atraer a los jóvenes, el canadiense, para quienes fueron la clave de su victoria en 2015, los está perdiendo.

Luego de 10 años seguidos de gobiernos conservadores, la clave de la victoria del Partido Liberal en 2015 fueron los más jóvenes, atraídos por las política de centroizquierda y las promesas de enfrentar el cambio climático, legalizar la marihuana y reformar el sistema electoral de Trudeau.

El problema es que tras los escándalos de SNC-Lavin, la decisión de crear un nuevo oleoducto para incrementar la producción combustibles fósiles y la aparición de sus fotos vestido como un negro árabe (“blackface”), quienes hoy ocupan el lugar de aquellos votantes son los menos incentivados a respaldarlo. En la elección 2011 el 39% de los canadienses entre 18 y 24 años fueron a votar -el voto es optativo-; en la elección 2015 (con un récord de votantes, desde 1993: 68,5%) movilizados por las promesas de campaña lo hizo el 57%. Los números para estos comicios apuntan a ser menores.

Con casi uno de cada cuatro votantes canadienses menor a los 34 años, las encuestas hablan que mientras a principios de agosto 38% de los electores entre 18 y 29 años (Trudeau tiene 47 años) lo apoyaban, frente a 19% que lo hacía a los conservadores, hoy son 27% frente a 23% (después de su encuentro con la activista Greta Thunberg -quien lo retó con su cantinela de no hacer lo suficiente- el viernes pasado, habría caído a 24% según Nanos Research). De estos números es claro que si bien existe en el electorado joven un corrimiento hacia los partidos más de izquierda como los Nuevos Demócratas y los Verdes, desilusionados con quien venía a “cambiar” la política y hoy es visto como “un político convencional más”, también existe un corrimiento en favor de los conservadores.

Un año atrás las encuestas le daban la reelección a Trudeau con un margen de 41% a 25% frente a los conservadores. El 15 de septiembre la relación había caído a 35% a 32%. De entonces los Conservadores comenzaron a superar a los Liberales y según los últimos sondeos lo harían entre un 35% a 30% (Angus Reid Institute) y un 35,2% a 32,9% (NANOS). Debajo de ellos se juegan algo así como dos elecciones más, entre los Nuevos Demócratas con cerca del 13,06% del electorado y los Verdes con 10,42%, y entre los más derechistas Bloque Quebocois (5,3%) y el Partido del Pueblo (2,58%).

A pesar de estos números, el apoyo personal al primer ministro es de 28,26% frente al 27,99% de su principal contendiente. Las personalidades no pueden ser más diferentes, mientras Trudeau es un verdadero rockstar internacional, adepto a las multitudes y las cámaras, su rival Andrew Scheer, padre de cinco hijos, quien cree en la santidad de la vida y el matrimonio -pero prometió no legislar en ninguno de estos dos aspectos-, es un hombre casi tímido pero con una credibilidad a prueba de fuego. El quid en este punto -la imagen- es que a menos de tres semanas de la elección 18% de los votantes se muestra indeciso entre ambos. Esto es lo que le da la esperanza a “Justin” de poder repetir lo logrado en 2015, cuando a esta altura de la elección aparecía en el segundo puesto, para terminar ganándole a Stephen Harper 39,05% a 31,9%.

El problema es que hoy Trudeau tiene un pasado, la situación de los canadienses no es de las mejores (53% llega a fin de mes con lo justo, 57% no puede pagar su tarjeta de crédito y 38% de los entre 35 y 54 años no tienen ahorros para su jubilación) y su popularidad viene en retroceso, no en avance.

Indiscutido modelo a copiar y copiado por nuestro Presidente y su bedel Marcos Peña -tanto en la imagen como en lo ideológico-, aunque sea en el otro extremo del continente, lo que suceda con Justin Trudeau en apenas unas semanas será seguido muy de cera por Mauricio Macri, necesitado de toda “señal divina” que le permita soñar que “si se puede”.

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