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Carnaghi: "Que la gente salga a la calle en favor de la cultura es hermoso"

Protagoniza "Aquí cantó Gardel", una obra que revive el último show de El Zorzal en Urquiza. El recuerdo al cantor y su trabajo con Tato.

La vida de Gardel es un tango. Y todo lo que sucede, y sigue seduciendo (si se permite el juego de palabras), en relación con su figura también lo es. A 74 años de su muerte, El Zorzal sigue cantando más que nunca. Y así se lo disfruta en “Aquí cantó Gardel”, el musical que revive en el Centro Cultural 25 de Mayo (de jueves a sábados) cómo fue aquel último espectáculo que brindó el cantor, en ese mismo espacio, en 1933. Un show que pasó a ser el último que lo tuvo como protagonista en Argentina.

La obra se posa en la figura de Bocarcángel, un poeta que rememora cómo fue aquel día que vio por primera vez al cantante. Roberto Carnaghi protagoniza un espectáculo que cuenta con la participación de la Orquesta del Tango de Buenos Aires. “La gente aplaude de pie. Hay 25 músicos actores en escena. Es una obra digna de vivir”, asegura el actor.

¿Cómo es actuar en una obra que revive algo ocurrido en el mismo lugar 76 años atrás?

Roberto Carnaghi: Para la gente de Urquiza, que es una zona muy tanguera, está en el recuerdo de los vecinos. Tiene que ver además con cómo se defendió este espacio. El cine teatro se edificó en 1924 y se inauguró en el 29. Cuando quisieron poner un bingo, los vecinos salieron a la calle a manifestarse. Que la gente salga a la calle en favor de la cultura es algo hermoso.

¿Cómo es tu primer acercamiento a Gardel?

R.C.: Soy un amante de Gardel y del tango. Mi historia con la música empezó por ahí porque en la radio ponían tangos y teleteatros. Mi viejo escuchaba ópera, por lo que fui el primero que compró los discos. Después le sumé el jazz y llegué hasta los Beatles, pero el tango siempre está a mano.

¿Cuánto de tango tiene el espectáculo?

R.C.: Es una obra de tango que se convierte en comedia y termina siendo un varieté. Aparecen personajes de época que no lo pudieron conocer y el espacio se transforma. Los actores van y vienen por todo el teatro. Tiene mucho movimiento.

¿Encarnás a un poeta. Alguna vez se te dio por escribir?

R.C.: Escribí en mis comienzos. Vivía en Villa Adelina y vendía cuadernos y lápices. Nunca había visto teatro, pero me acerqué de curioso, que es algo que nunca me faltó. Éramos un grupo de gente entre los que estábamos Roberto Perinelli, María Julia Bertotto y Hugo Midón. Éramos un gran grupo. Nos juntábamos los domingos hacíamos un asado, jugábamos a la pelota, pero después leíamos. Tengo poesías de Midón que son estupendas.

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Trabajaste en más de 50 programas de televisión, 50 obras de teatro, 50 películas y 100 publicidades. ¿Qué te falta por aprender?

R.C.: Conocerme más y ser más cauto. Me falta leer mucho, sobre todo. Siempre digo algo que también decía Alfredo Alcón: “Cuando tenga 80, voy a seguir aprendiendo. Cuando tenga 90, voy a seguir. Cuando tenga 100 , también”. Yo hoy aprendo de los grandes y de los jóvenes. A mi nieta el otro día le recordé que faltaba poco para del Día del Niño, y me dijo: “Y de la niña” (risas).

Te cambio de tema. Formaste parte de los programas de Tato. ¿Cómo crees que analizaría la situación que vivimos como país?

R.C.: Es que sigue pasando lo mismo. Cuando en mi rol de corrupto le decía a Tato que tenía un gran negocio en el que no invertía un peso y que era poner una barrera y poner a cobrar, no estamos lejos de lo actual. No tengo partido político. Pero sí me indigno cuando algún empresario que no puede gastar la plata que tiene en varias vidas dice que no le puede pagar 500 pesos a un trabajador. Eso también me lo mostró Tato. Él cuando cobraba nos daba un sobre a todos con más plata. A todos. Me duele que Argentina hoy sea un país donde la gente no puede comer.

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