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Centro Cultural Recoleta en el recuerdo a través de un libro

LA ASOCIACIÓN DE AMIGOS PRESENTÓ ESTE NOTABLE DOCUMENTO SOBRE EL QUE FUE UN ESPACIO MODELO - Entregado hoy a los grafiteros, desnaturalizado en su esencia y prácticamente perdido para los artistas, el valioso volumen in memoriam refleja su período de esplendor desde 1980 a 2015.

La Asociación Amigos del Centro Cultural Recoleta presentó, el jueves pasado, un libro imprescindible. “Al Centro Cultural Recoleta, un homenaje de la Asociación Amigos. 1980-2015”, es un documento del permanente fluir de las expresiones artísticas contemporáneas desde el lento despertar de la institución, en 1980, hasta el imparable acontecer de actividades y exhibiciones que se inició con el advenimiento de la democracia, en 1983, y que cesó de modo abrupto en 2015. En un territorio que hoy los artistas sienten prácticamente perdido, Magdalena Cordero, presidenta de la Asociación Amigos del CCR, agradeció el apoyo filantrópico que durante años recibió la institución. Frente al ministro de Cultura, Enrique Avogadro y las autoridades del CCR, Alejandro Corres, hizo un recuento de las obras, refacciones y ampliaciones que la Asociación Amigos llevó adelante, como la creación de la sala 10, los baños o la gran remodelación de Cronopios, y agradeció al Fondo Nacional de las Artes y las fundaciones Fortabat, arteBA y Federico Klemm el aporte de fondos.

Entretanto, basta ojear los centenares de imágenes y leer la breve Cronología del texto para advertir la necesidad de testimoniar, en un libro que perdure, la densa, intensa y muy diversa programación del CCR, sumada entre las páginas a la vorágine de acciones cuyo objetivo era acercar todas las artes a los distintos públicos que, durante más de 30 años, albergó el Recoleta. Esta actividad no sólo significó un impulso para el desarrollo del arte contemporáneo, sino que convirtió al CCR en el lugar visitado por los extranjeros que buscaban percibir la energía porteña. Las inmensas salas del CCR estuvieron pobladas durante décadas por el arte emergente y el consagrado, el de Buenos Aires, las provincias y el exterior. Pero la gestión de Horacio Rodríguez Larreta implicó un cambio de rumbo. La CABA invirtió 114 millones de pesos en pintura y refacción para recibir con gran estruendo a la cultura sub 30: jóvenes desde 13 años y hasta menos de 30.

Las bandas de raperos inundaron todo y se instaló, desde la fachada hasta las salas, la marginalidad cultural de los grafiteros. Ni un metro cuadrado de los 17.000 que posee el CCR quedó para las expresiones del arte sin edad. La censura se percibe en las convocatorias. El Recoleta destruyó el triángulo virtuoso que conformaba en el barrio, junto con el Museo de Bellas Artes y el Malba. Si bien las expresiones culturales de los sub 30 -por lo general- sólo interesan a los sub 30, es obvio que vale la pena dedicarles un lugar. No obstante, sabiendo que el espacio no falta en la Ciudad, ni en el Recoleta, más bien es lo que sobra, la determinación política abre un gran interrogante. ¿Por qué destruir un lugar histórico y con un contenido muy específico que un gran segmento de la comunidad aprecia y disfruta? Nadie ofrece una respuesta razonable ni con sentido. Por su condición experimental y vanguardista, la vida cultural del CCR ha sido siempre pleno presente. Ahora es pasado y podrá resistir al olvido.

Después de tres años con la política cultural de Cambiemos, en el cocktail de presentación del libro, en la sala Cronopios y junto al vagón de subte vandalizado por Larreta y sus grafiteros (toda una metáfora), ya no quedaban ni rastros de nostalgia. Larreta financió para el MAMBA un destino de excelencia y lo convirtió en un museo estrella. ¿Cómo evitar comparaciones, si entrega a la improvisación juvenil una joya del patrimonio cultural argentino? La norma 12.665 protege los bienes artísticos, museos, monumentos y lugares históricos nacionales, provinciales o municipales. Según la ley el Estado debe preservar los bienes patrimoniales.

En el libro figuran las fotos de los que ya no están: Osvaldo Giesso, Romero Brest, Amalia Fortabat, Ruth Benzacar, Pierre Restany, Liliana Maresca, Jorge Glusberg; Clorindo Testa, Luis Fernando Benedit, Miguel Briante, Pablo Suárez, Federico Klemm, Tunga, Ennio Iomi, Federico Manuel Peralta Ramos, Nicolás García Uriburu; León Ferrari, Gyula Kosice, Horacio Coppola, Santiago García Sáenz, Rómulo Macció, Annemarie Heinrich, Gustavo Cerati. Hay algunos personajes, como Yoko Ono, Vittorio Gassman, Anthony Quinn, Palito Ortega, Guido Di Tella, Raúl Alfonsín. Hay, también, exposiciones históricas como las “Vanguardias rusas”. Y están presentes los que no terminan de entender el rumbo actual, como Diana Saiegh, Fito Fiterman, Jacques Bedel, Teresa Anchorena, Marta Minujín, Marta Fernández, Marcia Schvartz, Pacho O’Donnell, Liliana Porter, Marcelo Pacheco, Alfredo Prior, Tulio de Sagástizábal, Susana Giménez, Marcos López, Nicola Costantino, Duilio Pierri, Matías Duville, Eduardo Stupía, Alfredo Prior, Juan José Cambre, Pablo Siquier, Edgardo Giménez, Dalila Puzzovio, Karina El Azem, Andrés Compagnucci, Luis Wells, Margarita Fernández Madero, César Masseti, Jorge Telerman, Norah Hojman o Mercedes Casanegra.

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