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Charlas de Quincho

Cada uno se plantó en querer ser lo que es, y no lo que se espera que sea. Ésa fue la esencia de la charla a solas en Olivos entre un ex presidente y un gobernador agobiado por carencias financieras. El mandatario recordó cuál fue la única vez que un presidente le negó fondos a su provincia, y cómo terminó la historia. Otra inhabitualidad: medio gabinete kirchnerista compartiendo el cumpleaños de un ex ministro y actual gobernador con peronistas disidentes. El agasajado lo hizo. Justamente porque es diplomático, el embajador de Brasil adelantó para la semana pasada el festejo nacional de su país (debía ser hoy) para evitar posibles rispideces que causaría el fútbol. Y allí la pregunta de la semana: ¿quién se enojó con el jefe de Gobierno porteño por una presencia «fuera de programa» en una reunión que tenía que ver con Italia? Veamos.

«Tenemos que hablar». «Hablemos». Con esta llave -acordada el jueves a la noche en La Plata, a poco de llegar tarde Daniel Scioli al acto de Néstor Kirchner-, logró el gobernador estar el viernes a la mañana en Olivos, donde pasó la mañana en diálogos a solas con el ex presidente, que coronaron en una mesa de café, cerca del mediodía, con Cristina de Kirchner y Oscar Parrilli. Fue una larga sesión de terapia mutua que permitió que por la tarde volara a la tesorería de la gobernación un PAF, es decir, una transferencia de $ 240 millones a cuenta del llamado Programa de Asistencia Financiera que alivia esta semana el pago de los sueldos en Buenos Aires. Se cuenta fácil, pero fue un parto de trámite duro en la oficina que Kirchner tiene a pocos metros del chalé presidencial. Hubo algún tono fuerte, que no escucharon los funcionarios que visitaban a esa hora a Cristina, cuando uno y otro reclamaron independencia para ser cada cual quien es. Scioli pidió no sólo dinero, sino que Kirchner actuase con alguna sinceridad sobre el resultado electoral del 28 de junio.

«Tengo que salir a contener las demandas de la gente que se apoya en ese resultado; no es que yo tenga un camino paralelo al tuyo. Y lo hago con mi estilo de siempre, que es el que nos funciona». Kirchner pidió lo mismo, que lo dejen ser como él es: «Tengo que asegurarle gobernabilidad a Cristina en el año y medio que le queda de mandato. Y para eso no se puede permitir que surjan de adentro esos caminos paralelos que pueden desatar una pelea por la sucesión», contraatacó el santacruceño. En esas alturas del poder, a solas y en recintos tan solemnes como la residencia presidencial, esta gente no es muy explícita; hablan en parábolas, hacen gestos y señales hacia lo que les gusta o les disgusta. A Scioli le desagrada tener dificultades con el pago de sueldos en la provincia que arrastra una deuda de $ 41.000 millones, de los cuales por lo menos el 60% es con la Nación, su principal acreedor; se lo expuso a través de una anécdota a Kirchner: en todos los meses de setiembre los ministros de Economía de Buenos Aires entran en pánico con que se quedan sin plata para los sueldos. Esto pasa desde hace 20 años, cuando Buenos Aires perdió la coparticipación que le correspondía. Todos los años, la Nación ayuda a la provincia en el mes de setiembre. «Una sola vez -contó- eso no pasó; fue con De la Rúa y Cavallo de ministro. No le mandaron la plata a Ruckauf, aparecieron los patacones y se cayeron De la Rúa y Ruckauf».



Con parábolas, Kirchner le respondió a Scioli: ir a La Rural no aplacó al campo; tampoco los discursos del despedido ministro agrario Emilio Monzó, que desautorizaba la política de la Nación. También alimenta las fantasías de que el Gobierno provincial tiene un camino paralelo que Scioli arme alianzas con intendentes -como la que corona la ascensión al gabinete del alcalde de Avellaneda, Baldomero «Cacho» Álvarez-. ¿Qué van a pensar en la oposición, o los otros gobernadores, si ven que en el distrito vidriera, la provincia de Buenos Aires, aparecen esos movimientos que hacen ver que hay un camino distinto? Pararon ahí el contrapunto de anécdotas para invitarlos a entrar a Cristina y a Parrilli, que hicieron sonreír al gobernador cuando Kirchner le ordenó que ese mismo viernes por la tarde la Nación le transfiriese el PAF a Buenos Aires. Con ese dinero, Scioli se ganó un fin de semana tranquilo; podrá pagar los sueldos y las jubilaciones esta semana sin escalonamientos y que la prensa deje de escribir que está al borde de soltar los patacones al mercado. La marea de dinero tranquilizó las relaciones entre gobernador y ex presidente hasta nuevo aviso, una paz que quisieran ahora otros gobernadores que confían en que el Congreso apruebe un sistema que les permitirá endeudarse y dejar de cumplir con el cepo de la Ley de Responsabilidad Fiscal, otro sueño de buena administración que queda en la banquina de las buenas intenciones.



En lo que quedó de la charla, Kirchner manifestó al grupo su principal preocupación: atarlo de nuevo al movedizo Mario Das Neves para que fuerce a que los dos senadores nacionales que tiene voten a favor de la ley de medios audiovisuales. El ex presidente cree que en Diputados la norma saldrá -aunque haya que echarle toneladas de lavandina para quitarle las cláusulas que rechazan los críticos del Gobierno y de la oposición-, pero que en el Senado los votos están muy justos. «37 a 35, estamos ahí. Por eso la ley depende de Das Neves». Kirchner no deja de cosechar alegría con este trámite, que consagra su metodología aplicada antes con las estatizaciones de las AFJP y de Aerolíneas.

Estos dos proyectos los reclamaba la oposición desde los años 90, los retomó Kirchner como propios, engordó la caja y festejó esos triunfos con plata ajena. Ahora hace lo mismo: toma el proyecto de Silvana Giudici y de Gustavo López elaborado para Fernando de la Rúa, lo hace pasar por las «cartas abiertas» y los sindicatos amigos, lo presenta como propio y se lo impone como tal a la oposición, que no sabe cómo hacer para votar en contra de algo que siempre quisieron. Con esto acaricia otro triunfo legislativo como si fuera una mayoría cuando es la primera minoría. Encima le hace decir a la oposición que el nuevo proyecto le permitirá al Gobierno controlar la prensa, con lo cual están admitiendo que habrá kirchnerismo después de 2011. Si estos opositores creyeran que en 2011 van a estar en el poder, no tendrían que preocuparse, se ríen en Olivos, de una ley que les permitirá a ellos manejar los medios. Prueba estas percepciones del oficialismo el hecho de que la voz más fuerte que se ha escuchado en el Congreso contra la ley no viene de la oposición, sino de una diputada que hasta ahora ha sido una pieza clave para el oficialismo, Graciela Camaño, presidenta de Asuntos Constitucionales, que ni es abogada, pero se ha dado cuenta de que ésta no es una pelea por los medios, sino una pelea por el poder.



El kirchnerismo es tan amargo, que nunca hace fiestas; y cuando hay alguna de la propia tropa, se prenden todos. Lo probó medio gabinete el lunes, cuando asistió en masa a la austera celebración que hizo Ginés González García en la planta baja de la sede de su universidad Isalud (una usina multipartidaria de sanitaristas que provee de expertos y funcionarios a gobiernos de todos los signos). El embajador en Chile y ex ministro de Salud de Duhalde y de Kirchner es en sí mismo casi una política de Estado para el peronismo; por eso en el festejo (canapés, jamones, sándwiches y cata generosa del syrah que elabora Ginés junto a unos amigos en Guanacache, San Juan, el exquisito Tierra Mayor) hubo también participantes del peronismo opositor.

Por eso, los ministros Julio Alak, Carlos Tomada, Juan Manzur, el secretario de Medios «Pepe» Albistur, diputados como José María Díaz Bancalari, Juan Silvestre Begnis y Graciela Giannettasio (junto a su esposo, Miguel Saiegh), ex ministros como Alberto Iribarne o Juan Carlos Tedesco, o los gobernadores Mario Das Neves y Juan Manuel Urtubey, el ministro provincial Baldomero «Cacho» Álvarez, tomaron distancia de invitados de la disidencia, como Enrique Graci Sussini, Moisés Ikonicoff, Daniel Basile, Roberto Lavagna, el electo

diputado «denarvaísta» Eduardo Amadeo; y de algunos neutrales, como la ombudsman porteña Alicia Pierini. A medida que corría más el syrah y el champán, y sonaba la música de unos cómicos del tango venidos del tablado del Torcuato Tasso, los grupos se fueron acercando. Los forzó a unirse el propio Ginés, cuando sopló las velitas, usurpando el viejo chiste de que le mandó los papeles al INDEC, que le respondió que en vez de 64 años esa noche cumplía apenas 40. Algunos amigos estrechos del cumpleañero, como Felipe Solá y Antonio Cafiero, nunca llegaron (el senador se disculpó por teléfono). En cambio, también estuvieron Ismael Pasaglio, varias veces intendente de San Nicolás; y el periodista Martín Granovsky. A cada rato, Ginés atendía el celular y repetía: «Dice que viene, que lo esperemos». ¿Quién sería? Lo supieron los pocos que quedaban cerca de medianoche junto a Ginés -muchos salieron, algunos arrastrados por Albistur, a escuchar una charla de Gabriel Mariotto en defensa de la nueva ley de medios en el centro Tasso-. Era Amado Boudou, nuevo amigo de Ginés, que no quería perderse la farra. Debió conformarse con los restos del menú y algunos fondos de copa que quedaban. «Estaba trabajando, fue un día interminable», explicó al llegar rodeado de guardaespaldas.




Con tanta mezcla, hubo mucho picadito; dominaron las especulaciones sobre qué hará cada cual en la provincia de Buenos Aires, distrito de la mayoría de los presentes. Nadie dio nada aún por candidaturas de Kirchner; tampoco por la que hacen trascender de las oficinas de Eduardo Duhalde, que en la semana que pasó habló con medio mundo. Hasta se encontró con Rodolfo Terragno, con quien se repartieron las tareas de un plan para los bicentenarios de 2010 y 2016. Por sus oficinas pasaron, entre otros, Juan Carlos Romero y Ramón Puerta, quienes escucharon que su único plan es «correrlo» a Kirchner del PJ de Buenos Aires desde un congreso para el cual junta adhesiones. Si domino el Congreso, dice «Negro», renuevo el Consejo y con el PJ mío puedo sentarme a hablar con los demás jefes del peronismo de todo el país. Esa fantasía de unir al peronismo en contra del Gobierno es una vieja ilusión que alientan los integrantes de la mesa federal (Puerta, Romero) que esperan se defina Carlos Reutemann (que en la semana que pasó parlamentó con Romero y Adolfo Rodríguez Saá en el Senado), de quien aún creen que alienta un proyecto presidencial. Muchos de los invitados al cumpleaños -incluso los del Gobierno- suelen mantener charlas con Duhalde, que va cambiando de táctica con una sola estrategia: le encuentra un pero a cada aspirante a presidente del peronismo disidente con el propósito de quedar él solo como candidato presidencial. Tan voluntarista como Kirchner sobre su futuro, Duhalde explica ante mesas de arena cómo el peronismo puede perder las elecciones de 2011 a manos de un Julio Cobos, que sólo tendría un competidor digno del lado del peronismo: él mismo.



Guido Di Tella, canciller de Carlos Menem, fue recordado la semana pasada por Manuel Mora y Araujo, cuando asumió como rector de la Universidad Torcuato Di Tella (ejercerá el cargo hasta 2013). En varios tramos del discurso, homenajeó al fallecido ministro, a quien se le atribuye la idea de crear esa Universidad. También halagó a Torcuato Di Tella, que estaba en primera fila y de quien se comenta que puso tanta plata como su hermano para que el proyecto fuera posible. Como todo recién asumido, Mora y Araujo llegó con ideas nuevas. Se jugó fuerte por carreras flamantes como la de Arte, que promete recuperar la tradición ditelliana que hizo famoso al Instituto, antesala de la Universidad, que marcó con su cultura y se convirtió en ícono de la década del 60. Otro compromiso asumido fue terminar el edificio Alcorta (que nadie entiende por qué lo llaman así cuando en realidad está sobre Figueroa Alcorta). Se trata de la sede que fuera de Obras Sanitarias, justo frente al Club Hípico. La Universidad lo compró hace varios años y planea remodelarlo para que sea el campus de todas las carreras (hoy está habilitado sólo parcialmente).



En el cóctel, todos comentaban la dureza del rector saliente, Juan Pablo Nicolini, que en su discurso sentenció que «los argentinos hemos fracasado como sociedad» y lo sustentó con el dato de que el ingreso per cápita se redujo a la mitad en los últimos cuarenta años. Concentró las conversaciones José «Pepe» Scioli, el hermano del gobernador y atento receptor de los consejos políticos de Mora y Araujo desde que Daniel era secretario de Turismo. No faltó el comentario de la crisis financiera internacional que todavía golpea a la Argentina. Entre los presentes estaban los catedráticos Tulio Halperín Donghi, Natalio Botana y Ezequiel Gallo; Beatriz Nofal, el ex ministro de Economía Martín Lousteau, el ex canciller Andrés Cisneros, el actual presidente de Banco Ciudad, Federico Sturzenegger; los empresarios Santiago Soldati, Amadeo Vázquez, Gustavo Grobocopatel (Los Grobo) y Marcelo Argüelles (Biosidus) y el embajador Juan Fleming.



El miércoles a la noche coincidieron en distintas mesas a degustar comida india en Taj Mahal el presidente de Fiat Group Cristiano Rattazzi, el diseñador Laurencio Adot, la ex modelo y diseñadora Catalina Rautenberg, el PR Lucio Canievsky, y Anamá Ferreyra. Una sorpresa fue Alexandra Giménez de Melo, que es corresponsal de varios medios franceses y amiga de Carla Bruni.

De hecho, ella tiene el ac-tual celular de la primera dama, un número codiciado. Como el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, visitará la Argentina el año próximo, los productores se están moviendo para ver si llevan a la Bruni a sus programas. Carla, que a pesar de ser primera dama no desatiende su carrera (está por filmar en París con Woody Allen), no tiene previsto concurrir a programas de TV, aunque Alexandra confía en convencerla.

Ella recordaba los días de soltera de ambas, cuando Carla era el centro de atracción en las reuniones y se destacaba por su audacia, que la llevó a tocarle el timbre del departamento a un famoso músico de rock francés con el que vivió un no muy prolongado pero intenso romance. Entre relato y relato, la cronista pidió un champán «piscina», ante el asombro de la camarera. Le explicó que está de moda en Francia beberlo en una copa grande de vino tinto con un cubo de hielo, algo que los argentinos vienen haciendo desde hace años en un vaso de trago largo y era considerado un acto sacrílego por los buenos bebedores. Ahora la «piscina» está de moda y se propaga por Europa.




Las apuestas para el partido Argentina-Brasil en Rosario también fueron tema de conversación. A todos les llamó la atención que el principal candidato a hacer el primer gol del partido fuera Lisandro López. Pagaba 6,50 euros por cada uno apostado. Después venían Lionel Messi, Adriano y Luis Fabiano, con 8 euros cada uno. Si la comida en Taj Mahal hubiera sido el sábado a la noche, lo que más habría sorprendido a los comensales es que López no fue tenido en cuenta por Diego Maradona ni para ir al banco. Se escuchó el viernes, en la Embajada de Brasil, en donde se festejó el 187° Aniversario de la Independencia con centenares de invitados, que el embajador, Mauro Vieira, recibió hasta pasada la medianoche, cuando quedaron los habitués. El diplomático, pícaro, adelantó el festejo de la fecha patria, que es hoy, en prevención de altercados por el resultado del partido en Rosario. Acertó, porque si hacía hoy la fiesta, habría sido una oportunidad para algún cruce entre brasileños y argentinos. Mejor adelantar y celebrar en paz. Gris de la cabeza a los pies, Mirtha Legrand fue la estrella de la noche; con una falda de encaje que le quedaba muy bien y con unos tacones altísimos, descendió rauda las escalinatas del palacio Pereda rumbo al jardín.

Allí, bajo una inmensa carpa, cerca de la barra de las caipirinhas, pero sin más que un saludable vaso de agua en su mano y charlando con un radical confeso, estaba Torcuato Di Tella, acaso el único kirchnerista con humor. Entre las presencias frecuentes en la embajada estaban Teresa Gowland, Teresa González Fernández, Miguel Frías y Claudia Stad, que se destacaba entre todas con un collar propio de la realeza de enormes perlas negras, grises y rosas. «Lo bueno de las perlas es que nadie sabe cuánto cuestan», le dijo a su marido cardiólogo, quien confesó haber duplicado su clientela en el último año. Y allí estaba, junto a Lili Sieleky, un experto en el clásico «coup de foudre» (el golpe al corazón), el embajador de Francia, Frédéric Baleine du Laurens, que acababa de cruzar la calle Cerrito para tomarse un champán junto a sus alegres colegas brasileños y argentinos, como Jorge Hugo Herrera Vegas, que estaba con su bella hija Cayetana, Eduardo Amadeo y Fabio Grementieri. Al igual que en los últimos tres festejos, Petrobras financió la fiesta de Vieira, que gastó toneladas de empanadas, cazuelas de pollo, y finger sándwiches de salmón (los de más éxito), tragos tropicales con maracuyá y lima, además de la clásica caipirinha, y postres en los que se destacaba la creme brulee de coco. Como es de rigor, el Gobierno tuvo presencia casi nula. Sí estaban los ex embajadores en Brasil, como Herrera Vegas (su mujer, Beatriz de Orleáns) y Diego Guelar, acompañado como siempre de bellas, como su mujer, la ex modelo Liliana Fontanini. Estaban también Carlos Escudé, que repartió tarjetas con su nuevo nombre judío (Najman ben Abraham Avinu) y pidió disculpas por no respetar el Shabat, Andrés Cisneros, Daniel Castruccio, Santiago Montoya, Eduardo Amadeo y Marcelo Stubrin. Quien estuvo un rato y después se fue a descansar para poder jugar al golf al día siguiente fue Luiz Felipe de Seixas Correa, ex embajador en la Argentina en los años 90 y después vicecanciller de Fernando Henrique Cardoso. El golf se lo arregló Bruno Quintana, presidente del Jockey, que desde allí mismo llamó al starter del club para que le reservara una línea al diplomático para la mañana siguiente.

El tema recurrente, el fútbol y a qué hora convenía llegar a Rosario (intercambio de sugerencias de cómo entrar a la ciudad entre el embajador Vieira y el de Francia, que también iba).



Con tanto embajador presente, nadie pudo develar el enigma de la semana: ¿quién es el diplomático y actual legislador italiano que estalló en cólera ante el despacho de Mauricio Macri cuando se enteró de que de la entrevista acordada participaría un tercero con experiencia como lobbysta en asuntos entre la Argentina e Italia? Este personaje se negó a entrar al despacho del jefe de Gobierno cuando vio que Macri haría participar de esa cita a Giorgio Di Lorenzi, que antes fue delegado del Banco Ciudad en Italia, que es amigo de la familia y a quien hace estar presente cada vez que alguien le lleva temas italianos.



Vamos a terminar con un chiste sutil, de una categoría que nunca parece perder actualidad. Un hombre, de nombre Manolo, ha tenido mucha mala suerte en los negocios. Desesperado, y necesitado de 10.000 euros para saldar una cuenta, decide secuestrar a un chico y pedir rescate. Va a una plaza de su pueblo en Galicia, toma al primer niño que encuentra, y le grita:

-¡Estás secuestrado!

Acto seguido, escribe una nota en la que dice: «Señor padre: he secuestrado a su hijo. Mañana a las 10 deje una bolsa de papel debajo del castaño de la Plaza Mayor, con 10.000 euros adentro. Firmado: un gallego». El hombre le abrocha la nota al chico a la camisa con un alfiler, y lo manda a su casa. Al otro día, va a la Plaza Mayor, y encuentra una bolsa de papel madera con 10.000 euros, y una nota que dice: «¿Cómo pudiste hacerle una cosa así a un connacional?».

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