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Charlas de Quincho

Lo más significativo de las reuniones sociales de esta semana sucedió en una embajada, pero también (y en conexión con el mismo tema) del otro lado de los Andes. Le contamos los entretelones secretos de por qué y cuándo se iría un terrorista jubilado de la Argentina. La otra gran reunión político-social de la que sólo en esta sección se cuentan detalles inéditos fue el cumpleaños de un veteranísimo peronista, que cambió de escenario (su casa en San Isidro por una tanguería céntrica) y tuvo a un radical como invitado estrella. De todos modos, no nos olvidamos del cumpleaños de un ex presidente y de la despedida que le hicieron a un embajador-economista. Veamos.

Semana de veloces intrigas que atravesaron calladamente todos los quinchos de la política, muchos de ellos relatados con abundancia de chismografía y de fabricaciones de prensa para transmitir mensajes, promover conductas, favorecer a algunas bandas en acción ya proselitista apelando a la herramienta más vieja del oficio, la seducción, algo que Alejandro Dolina definió con exactitud de poema: son mentiras dichas con sinceridad. El ejemplo más claro es el cóctel del Bicentenario que hizo el viernes el nuevo embajador de Chile, Adolfo Zaldívar, en la hermosa residencia de la calle Tagle en Palermo Chico, en cuya superficie hubo mucha ostra, mucho salmón y ceviche que corrió entre invitados que eran seguidos con la mirada por la novedad, como la presencia de Oscar Parrilli, secretario presidencial, que se embutió en una charla de rincón con el dueño de casa que todos creían versó sobre este nuevo entuerto que es la extradición del ex terrorista Sergio Apablaza, una trama de guerrilleros jubilados que le acerca sombras a la buena relación que hay entre los gobiernos de la Argentina y Chile.

La ausencia en ese cóctel de Julio De Vido, el padrino de las relaciones Cristina-Piñera, por un viaje a Corea hizo que se delegasen los protocolos en Parrilli -una suerte de edecán civil que ya no tiene bajo su sello la oficina de atención de insurgentes jubilados que administra Rafael Follonier, hoy ligado al buró presidencial sin intermediarios- y en el vicecanciller Alberto Dalotto, los saludos. Mientras ocurrían estos sombrerazos, en otros salones se devanaba la historia de la reunión a solas del sábado a la tarde entre Cristina y Piñera en el Palacio de La Moneda. En ese mediodía del viernes, en un comedor alejado de los focos, Héctor Timerman interrumpió el almuerzo que mantenía con Débora Giorgi para convenir esa cita en Santiago del día después. Le diría al canciller chileno Alfredo Moreno que Cristina quería estar a solas con Piñera. «Sebastián va a donde Cristina quiera para reunirse». A la misma hora, un delegado de Piñera, el abogado del Ministerio del Interior chileno, Cristián Gandarillas, recorría los corros del cóctel analizando con algunos invitados cercanos al Gobierno -una rareza de ese cóctel fue la ausencia de dirigentes de la oposición, con la excepción del diputado lilista Fernando Iglesias, quien calificó al servicio de ostras como lo mejor del circuito de las embajadas- las razones de por qué se resiste Buenos Aires a enviarlo a Apablaza a que lo juzguen en Chile. Todo esto Timerman no pudo presenciarlo porque por observar el Iom Kippur se excusó de viajar a Chile (así lo hizo el sábado por la noche rumbo a Nueva York).

Lo que escuchó, y que se cuenta aquí, no lo va a leer nadie en la prensa y explica el silencio que siguió al encuentro de Cristina con Piñera en La Moneda, previo a que se fueran juntos al show del Bicentenario que se hizo en el Estadio Nacional y que consistió en un recital de boleros, cuecas y otros ritmos que la retuvo a la Presidente en Chile hasta pasadas las 3 de la mañana de ayer, cuando partió de regreso junto a Parrilli y Alfredo Scoccimarro, dejándola a Nilda Garré a que soportase el tedioso desfile militar de ayer en el que los chilenos exhibieron armas que alguien puede presumir se usarían para la paz, pero que están allí no apuntando hacia el mar. Lo que nadie ha dicho hasta ahora es que en el Gobierno le reprochan haber precipitado el fallo de la Corte sobre el tema cuando dijo que ése era un problema de la Justicia y no del Ejecutivo.

En el tribunal, donde dormía el expediente -como admitió el juez Raúl Zaffaroni el sábado en el cumpleaños de Antonio Cafiero, el otro quincho notable de la semana pero que tiene una trama secreta que se contará en un rato- dijeron los supremos: «¿Así que es un tema de la Justicia? Acá va esta sentencia y ya no es más un problema de los jueces». Y dispararon el fallo que ratifica lo que había dicho el procurador Esteban Righi: que Apablaza es buscado por delitos que no son políticos. Con esa sentencia se mueven los chilenos que saben otra cosa que nadie dice: que desde el fallo del martes pasado Apablaza ya está extraditado. Hoy el juez Claudio Bonadío recibirá ese fallo, hará una copia del expediente y se la mandará a Timerman, quien tiene 30 días para ponerlo a Apablaza en la frontera. Desde ese momento, le correrán al Gobierno los 10 días para tramitar un pedido de asilo político. ¿Qué le dice el Gobierno argentino a Chile? Que le cuesta no darle ese asilo porque se lo piden las organizaciones defensoras de derechos humanos, es decir, Hebe de Bonafini, por un argumento que nadie ha explicado tampoco: Apablaza está acusado de ser autor intelectual del asesinato del senador Jaime Guzmán y lo van a juzgar por asociación ilícita a una organización guerrillera. Esa figura siempre la rechazó la Justicia argentina para aplicarles a los insurgentes, salvo durante los gobiernos militares, cuando se castigaba la pertenencia, por ejemplo, a Montoneros, por tener una biblioteca de esa especialidad en la casa. El único Gobierno civil que lo intentó fue el de Carlos Menem, cuando el entonces ministro Carlos Corach trató de aplicársela a la banda Quebracho. La Justicia, merced a una acción que promovió el llorado Simón Lázara, hizo caer esa vía de llevarlos a juicio.


Esto los chilenos dicen entenderlo, pero aducen que el apuro del pedido es porque hace dos semanas un compinche de Apablaza, que tiene condena de 30 años en Brasil por secuestrador, lo señaló a éste como el instigador del crimen; eso reflotó el caso e hizo mover a los chilenos, que hoy están gobernados por el partido del asesinado Guzmán, para repetir pedidos que antes había hecho ya Michelle Bachelet. La única brecha que impediría que Apablaza sea enviado a la frontera es que prospere un argumento que usó Bonadío para negar la extradición y también la Corte para avalarla: que en 1991 podía pensarse que en Chile no había una Justicia independiente y en condiciones de juzgar un crimen cometido por un comunista que venía haciendo terrorismo desde la época de Pinochet, que amenazó con sacar tanques a la calle dos veces cuando gobernaba esa transición Patricio Aylwin. Hoy eso ya pasó, el derecho de gentes hay que analizarlo como ligado a la evolución histórica y nadie puede decir hoy que Chile niegue un juicio justo a nadie.

La verdad de fondo hay que buscarla en otra reunión secreta, la que mantuvieron el miércoles de hace dos semanas De Vido y el ministro del Interior de Chile, Rodrigo Hinzpeter, en la casa del barrio de Las Condes del embajador en Buenos Aires, Adolfo Zaldívar, quincho que se contó el lunes pasado. Allí el ministro de Infraestructura recibió el reclamo chileno y dio una respuesta de lo que va a pasar: por ahora Apablaza no sale, pero en un tiempo quizá sí, cuando nadie esté mirando con lupa este entuerto. De Vido hablará esta semana del tema con la Presidente, después de que se reponga de la tragedia de la muerte de un hijo de su esposa Alejandra Miniccelli en un desgraciado accidente en Río Gallegos en la mañana del sábado, estando ella y Carlos Zannini en la provincia para asesorarlo a Daniel Peralta sobre otro fallo de la Corte. Por lo demás, delicioso el cóctel en la embajada de Chile, adonde casi un millar de invitados gozaron del pisco en varios preparados (sauer, con mango, puro con hielo y sin hielo), de postres de lúcuma y milhojas de dulce de leche hasta pasadas las cinco de la tarde.

Otro quincho sobre el que se derramó mucha tinta el fin de semana, sin contar lo más importante, su armado con el cuidado de una sesión legislativa, fue el cumpleaños 88 de Antonio Cafiero, una cita tópica de todos los años, que esta vez tuvo una doble afectación. Primero, no hizo la fiesta del sábado al mediodía en los jardines de su nueva casa de San Isidro, y fue a una tanguería del Parque Lezama que parece ya una unidad básica porque alberga todas las conspiraciones del peronismo. En ese salón, oscuro como todo recinto de la noche, se pudo identificar poco a los concurrentes. Pero bastó para que se verificase la otra devaluación, la ausencia de clásicos asistentes a la fiesta, como Daniel Scioli, Felipe Solá o Juan Manuel Urtubey, quienes encontraron argumentos para perderse la cita y dejarlo a Antonio en manos de sus fieles de siempre, «Chicho» Basile, Héctor Maya (argumentista de los grandes filmes de Cafiero, como el caso Banelco, que es cruel y es mucho), Teresa González Fernández, Guillermo Piuma, Eduardo Valdés, Eduardo Amadeo, Osvaldo Papaleo (los amigos lo llaman Don Fulgencio porque hace de grande lo que no hizo de chico), Moisés Ikonicoff y el «Pato» Galmarini.

Scioli tenía actos de gestión y poca ganas de sacarse más fotos resbaladizas, y se hizo representar por su nuevo «portavoz», el vicepresidente y almohada Gustavo Marangoni. Solá se quejó de que el lugar sería demasiado chico y no podrían convivir tantos enemigos entre sí bajo el mismo techo. Urtubey prefirió acogerse al manto episcopal de monseñor Jorge Casaretto en una reunión pía en Río Cuarto a la que no fueron los grandes creyentes de la política, como pueden ser Gabriela Michetti y Ernesto Sanz. A pocas horas de la cita del sábado a mediodía -y aquí arranca la novela secreta-, con Mario Das Neves confirmado le dejaba al chubutense todos los faroles. Había que hacer algo y la salida la proporcionaron Piuma y Valdés. Este ex jefe de Gabinete de la Cancillería lo buscó a Ricardo Alfonsín, a quien conoció porque frecuentan una peña de abogados que opera en la esquina de Arenales y Carlos Pellegrini, cerca de sus estudios, y le dijo que tenía que sentarse a la mesa principal. Incluso le dio el regalo para Antonio, una urna de madera de las que se usaban en los años 50 y que uno imaginó pudo ser en la que votó en su lecho de muerte la mismísima Eva Perón. Estaba en el museo personal de Valdés, quien guarda en su casa un buen lote de memorabilia peronista. Para conseguirlo a Ricardo apeló al teléfono rojo, la llamó a Morena Quirós, ex secretaria de Raúl Alfonsín que heredó su hijo y que es una de las armadoras políticas de la UCR en la Cámara de Diputados. Esta dama terminó de convencerlo a Ricardo de ser la estrella en una fiesta a la nunca fueron radicales, un avance en convivencias políticas criollas.

Hubo presencias sorpresa, como la de Raúl Zaffaroni, quien compartió con Cafiero la Convención Constituyente de Santa Fe en 1994, o la del auditor Oscar Lamberto, que convivió con el cumpleañero en el Senado. Con esta presencia hubo mucha información sobre Santa Fe y se admiraron todos de que a la visita de Cristina de Kirchner a Rosario para una celebración de la Asociación Empresaria de esa ciudad, curiosamente no asistieran representantes de los gremios que conducen la CGT local, ligados a Hugo Moyano, pero sí estuvieran los gremialistas de la Mesa Sindical Peronista, representada por Claudio Leoni, de la Federación de Sindicatos Municipales; Alfredo Romero, de Luz y Fuerza; Antonio Ratner, de los municipales rosarinos; Marcelo Barros, de SMATA; Matías Layús, de los bancarios, y Juan Martínez, de los trabajadores de la Sanidad. Esta nueva liga gremial santafesina junta a los sindicatos más poderosos de la provincia, muchos de los cuales adhieren al oficialismo de Agustín Rossi. El tablero sindical tendrá novedades allí esta semana con el desembarco de Eduardo Duhalde junto al «Momo» Gerónimo Venegas y Las 62.

No faltaron comentarios sobre otra visita notable en Rosario, la de Felipe González, llevado por los socialistas para hablar de economía, quien sedujo al auditorio con un análisis sobre la necesidad de «recuperar una economía productiva, competitiva y con equidad social frente a una economía de casino financiero». Fue dramático cuando dijo que «si no se reforma el sistema financiero mundial, ya estamos incubando la próxima crisis, que será dentro de cuatro o cinco años». Más prosaicos fueron los comentarios sobre la situación de Rosario Central, cuyos malos resultados vaticinan otra crisis de su comisión directiva, asumida en julio y pese a haber incorporado a 14 jugadores nuevos por los que pudo correr una comisión de u$s 800 mil que fueron a los bolsillos de los intermediarios.

Sobre Duhalde se escucharon algunas críticas por el tono que le dio al almuerzo con empresarios en el Palacio Duhau el jueves, lejos de su aire habitual de estadista, porque comenzó la disertación contando que estuvo a punto de faltar porque la noche anterior, cuando fue a «hacer aguas, me caí de cúbito dorsal» (es decir, de culo). Esta dolencia presidencial tuvo menos trascendencia que la de su sucesor en la Casa de Gobierno. Sus delegados en ese cumpleaños -él también faltó porque dice que nunca va ni a cumpleaños ni a casamientos-, como Carlos Brown, insistieron en negar la noticia de que Scioli lo fue a visitar a Duhalde a su casa en un auto que condujo -para asegurar el sigilo- Eduardo Camaño, y daban como prueba para desmentirlo -algo que también ha hecho el gobernador- que Camaño estuvo fuera de juego varios días para reponerse de una operación (no política se entiende).

Sobre Scioli hubo resignación; no le entran balas y redobla su estilo para enfrentar las historias que llenan los diarios sobre su disidencia con Kirchner. Admiten todos que no hay dos personas más diferentes en la política que Scioli y Kirchner, pero que tampoco hay un matrimonio más sólido. Lo que ocurre es que el tiempo pasa y ese maridaje va a durar lo que dure una candidatura ganadora del santacruceño: si esto no se verifica, Scioli ascenderá como alternativa porque lo que nunca hará es estar en una lista testimonial para perder, como le ocurrió el año pasado. La fórmula del gobernador es sencilla: silencio y remachar sus apariciones de gestión salpimentadas por esas otras demostraciones ligadas a la popularidad, como la del sábado a la noche junto a Ricardo Montaner para entretener juntos a 40 mil personas en el estadio de Almirante Brown, algo que no reúne ningún político salvo él, sin que lo corran a silbidos.


Lo demás fue lo habitual, como la coreografía de dos ex insurgentes caros al corazón cafierista, pero que siguen peleándose en el túnel del tiempo como el «Canca» Juan Gullo y Osvaldo Agosto. Casi se enfrentaron cuando se acercaron a saludarlo a Oscar Lescano, de la Luz. Se miraron y se eludieron coquetamente, mientras Agosto repetía su última boutade: calificar el programa de TV de Eduardo Valdés «Café Las Palabras», que anima en un cable junto al funcionario Jorge Coscia, como «9, 10, 11», porque dice que es más oficialista que «6, 7, 8». Otros buscaban sacarles punta a anécdotas de militancia, como que el estudio del procurador Joaquín Da Rocha, al que pertenece hoy Rafael Bielsa, sea el que defienda al Gobierno de Chile en la pelea por la extradición de Apablaza, cuando su titular debe defender al Gobierno en la no extradición.

Estas biografías, como el derecho de gentes, hay que interpretarlas a partir del paso del tiempo, también. Jorge Landau, apoderado del PJ, se reía de paso de las noticias que hablan de un adelantamiento de las elecciones en Buenos Aires para separarlas de las nacionales y embromarlo a Kirchner. Explicó que no se pueden hacer antes de la segunda semana de agosto, que es cuando se llevan a cabo las primarias porque recién en esa fecha habrá candidatos. Sólo se podrían retrasar, pero después de las generales de octubre hay nada más que para un eventual balotaje. O sea, es imposible hoy especular con elecciones separadas en Nación y Buenos Aires.

Divirtió mucho Valdez con relatos sobre el museo peronista que tiene en su casa (¿querrá que se lo compre Francisco de Narváez?); guarda, por ejemplo, la libreta de enrolamiento de Marcelo T. de Alvear, que es la primera que se hizo en la Argentina y lleva el número «00000001». Fue un regalo de «Piti» Meritello, la esposa de Gustavo Béliz. Otra rareza que conserva es una bandera del partido peronista que estaba en el departamento de Juan Perón de la calle Posadas. Se la llevó de allí un militar que años después se la regaló también a Béliz, al reconocerlo un día en la pileta del Círculo Militar -que frecuentaba el ex ministro- con este argumento: «La guardé para dársela al primer peronista honesto que encontrase». Una boutade porque el militar... también se la había robado.

El fasto de este quincho cafierista ocultó otro igual de importante porque era de un ex presidente. Fernando de la Rúa reunió en la noche a unos pocos funcionarios para celebrar su cumpleaños 73 en su nueva casa, que antes ocuparon los padres de Inés Pertiné. Lo saludaron entre otros sus ex ministros Nicolás Gallo y Héctor Lombardo, su ex vocero Ricardo Ostuni y un seleccionado de sus abogados, entre ellos el mítico Zenón Cevallos, Virgilio Loiácono (ex secretario Legal y Técnico), Jorge Kirschenbaum (junto a su mujer, Hilda Kogan, presidente de la Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires), Miguel Ángel Almeida, la ex secretaria Ana Chernusco, el matrimonio de «Negro» y «Ñana» Carreras, el primo Eduardo de la Rúa y conglomerado de familiares. Se suspendieron los brindis y los comentarios políticos -centrados en su mayoría en el horror por el avance de Hugo Moyano por sobre el Gobierno y el resto de la dirigencia política- cuando llamaron de Miami Antonio de la Rúa y Shakira, para saludarlo al ex presidente.

Terminamos con un quincho de lejanías, el almuerzo de despedida que le ofreció el pasado jueves el secretario de Estado del Ministerio Federal de Asuntos Exteriores de Alemania, Wolf-Ruthart Born, al embajador saliente de la Argentina, Guillermo Nielsen. El lugar elegido no podía ser más berlinés del siglo XXI: el exclusivo Berlín Capital Club, ubicado en la terraza del Hotel Hilton, con una vista privilegiada a una postal de Berlín, la plaza Gendarmenmarkt. A la cita asistieron personalidades de la cultura, la economía, las finanzas y hasta del deporte, en este caso el polo, una de las pasiones de quien fuera ex secretario de Finanzas de Roberto Lavagna. Estuvieron entre otros el conde Von Waldersee, embajador que es director de Política Latinoamericana del Ministerio Federal de Relaciones Exteriores; el presidente de la Asociación Alemana de Fondos de Inversión, Thomas Neisse; el director ejecutivo de la American Academy en Berlín, Gary Smith; la empresaria Margarita Mathiopoulos, asesora del ministro de Relaciones Exteriores y el artista plástico argentino radicado en Berlín, Miguel Rotschild. Entre tantos personajes, sin embargo, la figura estelar del encuentro fue el cantante melódico argentino Semino Rossi, un rosarino de 47 años muy popular en Alemania, tanto que encabeza las ventas discográficas en la Europa germano parlante. En Alemania con su disco «Die Liebe bleibt» (El amor se queda) compite actualmente por el primer lugar con Whitney Houston, y en Austria, donde reside, desbancó a Michael Jackson. Semino viajó especialmente para el almuerzo en un jet privado desde Austria. El cantante sorprendió a los comensales cuando contó los preparativos para un par de shows para la televisión alemana que se van a grabar el año próximo en las cataratas del Iguazú adonde llegará acompañado por 700 fans alemanes, austríacos y suizos.

En el momento deportivo del almuerzo, Nielsen recordó el amistoso que la Selección argentina le ganó a la de Alemania en marzo en Munich. Siguiendo con el deporte y dirigiéndose al capitán del seleccionado alemán de polo, Christopher Kirsch, de Hamburgo, y al presidente del Club Prusiano de Polo de Berlín y Brandenburgo, Franz Sosnowski, Nielsen, muy diplomático, lamentó la mala situación que atraviesa el «deporte de reyes» en Alemania, la cual se vio reflejada en la pálida sexta posición que ocupó en el campeonato europeo, jugado la semana anterior en Viena. Después de la entrada de langostinos y mientras los asistentes degustaban discretamente berliner schnitzel, versión local de la milanesa criolla, pero elaborada en base a cerdo, Rotschild y Doris Baiersdorf amenizaron con sus comentarios sobre las distintas exposiciones previstas en Alemania para celebrar el Bicentenario de la Argentina y hubo un especial capítulo dedicado a las energías renovables en la Argentina. En las copas predominaron vinos alemanes, blanco de Koblenza, y un tinto de Colonia. Ya bien entrada la tarde del verano en ocaso, y después de una selección de pequeños postres germano-austríacos, Nielsen pronunció un breve discurso en el que agradeció «la valiosa colaboración» que recibió del Gobierno y del sector privado alemán. Destacó un detalle que quizá todos desconocían: «Ya desde los años 30 Alemania era el principal importador de carne argentina, a pesar de que en el imaginario colectivo en la Argentina se piensa que el principal mercado era el Reino Unido».



Vamos a terminar con un chiste escuchado el sábado en una cena en la que -como otras miles en todo el país- una familia judía terminó el ayuno del Día de la Expiación. Un emperador japonés llama a concurso para el puesto de samurái en jefe. En el «short list» para el cargo quedan tres inscriptos: un japonés, un chino y un judío. El emperador anuncia que la prueba final será de destreza con la espada. El japonés abre una cajita, sale una mosca y ¡swoosh!, la parte por la mitad de un mandoble. El chino abre otra cajita, sale un mosquito y da dos golpes en el aire con el arma; el insecto cae al piso partido en cuatro. Finalmente, le toca el turno al samurái judío. El hombre abre una cajita y sale una avispa; el concursante lanza un solo mandoble al aire y el bicho sigue volando, sólo que su zumbido ahora se asemeja al llanto. El emperador no oculta su disgusto con el tercer participante:

-¿Eso es lo mejor que podés hacer con una espada?

- Sí, ¿por qué?

-Porque el insecto sigue vivo y volando...

-¿Y cuándo viste que alguien muera de circuncisión?

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