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Charlas de quincho

Encuentros suspendidos y charlas con tema único tras anuncio K. Argentina ya enseña en China cómo se cocina la carne. Carrió de nuevo se cruza con el campo. Un reto a rebeldes que abandonan su puesto.

En Buenos Aires, la decisión de Cristina de Kirchner sobre su fórmula con Alberto Fernández como candidato presidencial obligó a cancelar reuniones y a reprogramar otras. El oficialismo cree que esa decisión lo favorece. El primero en decirlo fue Marcos Peña al “equipo” Cambiemos. Afuera del Gobierno nadie está seguro del impacto que tendrá esa decisión, sobre todo en el peronismo de Alternativa Federal. Está claro que todos los comentarios giraron en torno de la apertura de mercados de hoy y a las contradicciones que lleva encima el anuncio de Cristina. Entre esos comentarios el más repetitivo fue directo a la diferencia esencial entre el discurso que pronunció Máximo Kirchner el sábado y la calma que Alberto F. pretende llevar a los mercados como promesa hacia un hipotético gobierno. El candidato del kirchnerismo, mientras tanto, habló y definió más que lo que se hubiera pensado para una situación como esta. Muchas de esas definiciones se conocieron durante lo que ya parece un nuevo clásico de su estilo de comunicación con la prensa: el paseo de su perro por la vereda del edificio que habita en Puerto Madero. Más allá de eso, Alberto Fernández cumplió con un compromiso que tenía desde antes del anuncio: se sentó a cenar en la casa de “El Chino” Navarro, junto a sus mujeres, que pidieron evitar la política en lo que fuera posible, por lo que hubo tiempo para comentar la última película de Campanella, “El cuento de las Comadrejas”.

Aunque la política local se “come” todo, los empresarios que en los últimos 15 días anduvieron por China y los Estados Unidos para vender más carne vacuna, igual están contentos con el muy buen balance logrado. Por supuesto que hubieran preferido que la buenas nuevas lograran otra receptividad en la Argentina, y que Macri hiciera los anuncios, pero nada de eso fue posible, al punto de que el Presidente ni siquiera presidió la reunión de la Mesa de Carnes, que parecía ser una de sus debilidades, y que no se reunía formalmente desde fines de enero. Igual, y aún conscientes del momento y las limitaciones, se mostraron conformes, aunque algo nerviosos, en especial, el titular del Instituto de Promoción de la Carne, Ulises Forte, que seguía “al minuto” la evolución de las elecciones que ayer se realizaron en su provincia, La Pampa.

También La Rural trató de “despegarse” de la política mediática y presentó la ambiciosa Agenda del Campo, con un interesante trabajo de diagnóstico por rubros (que la mayoría conoce), pero con la novedad de una infrecuente lista de propuestas para cada sector y que, si bien se centran en los dos principales cuellos de botella: los (altos) impuestos y el acotado sector financiero (para los productores) fue mucho más allá. Así, desde evitar “cartelizaciones” y posiciones dominantes, hasta instrumentar ayudas directas y localizadas que no alteren los mercados, en lugar de los planes sociales irrestrictos, o eliminar los impuestos distorsivos (cheques, retenciones, ingresos brutos, sellos, adelantos de IVA, etc.) todo fue objeto de análisis. A nadie escapó que, ante la falta de planes nacionales, tanto del Ejecutivo como del Legislativo, la Agenda buscaría instalar una serie de temas clave y sus alternativas. Por eso también llamó la atención la escasa asistencia de funcionarios y legisladores, de la Nación y provincias, para quienes los temas de la agroindustria son directamente excluyentes. La excepción fue el ministro de la Producción bonaerense, Leonardo Sarquís, quien por estos días también puso en marcha unas serie de encuentros para retomar el centro político en la provincia, con miras a las elecciones presidenciales. Por supuesto que el hombre hizo malabares para dar respuestas lo más diplomáticas posibles sobre la eventual candidatura presidencial de la gobernadora María Eugenia Vidal, y eso que aún no se comía la última jugada de Cristina Fernández, que volvió a conmocionar el tablero.

Aunque en general suele ser muy amigable, cayeron muy mal las declaraciones de la diputada de Cambiemos, Elisa Carrió, respecto de operaciones comerciales con granos. Un tema sobre el que poco y nada conoce la controvertida legisladora. Se sabe que hasta hubo gestiones de parte del sector privado para que los políticos, en especial del Gobierno, bajaran la exposición del sector en una etapa tan sensible como la de elecciones. El tema habría sido correctamente recibido por el Ejecutivo, más aún a sabiendas de que con la nueva ley de financiamiento a los partidos, se liberan las posibilidades de aportes privados para la política. Todo eso muy bien, hasta que Carrió volvió a desbordar haciendo peligrar los avances con cuestiones más de impacto mediático que de efectividades conducentes. Pero en realidad, no fue la única aliada del macrismo que les jugó en contra, pues también, y aunque bastante más solapado aún, el enfrentamiento que está teniendo el sector granario con algunas filiales del gremio de los rurales, por la carga y descarga de los jaqueados silo-bolsa (que los sindicalistas pretenden se haga con personal extra, y de bolsas de trabajo que ellos manejan), amenaza con llegar hasta el propio Macri. Es que el secretario general del gremio, Ramón Ayala, sucesor de Gerónimo “Momo” Venegas, también heredó de este la titularidad del Partido Fe, especie de pata peronista dentro de Cambiemos, pero que se fue diluyendo paulatinamente con la desaparición de Venegas. Para algunos, sin embargo, la chapa de “socio” sigue vigente y bajo estos paraguas se intentan justificar varias acciones, no siempre demasiado defendibles…

Fuerte cimbronazo causó el insulto de Elisa Carrió a Nicolás Massot en el Congreso. Este joven presidente de bancada y con meteórica e inédita carrera desde el 83 para acá, ingresó a la política con Carrió. Su tío Vicente, con quien comparte un notable parecido físico, es el segundo hijo de Alejandro y María José Bo, lo acercó a la diputada de regreso de su año sabático en África, al igual que a Mauricio Macri, con quien comparte estrecha relación. En efecto, el joven Massot, luego de terminar su carrera de economista en la UCA, se tomó el año sabático que su posición social le permite y se fue a recorrer y conocer la pobreza en el continente africano. Algún mal pensado podría sugerir que con viajar al impenetrable chaqueño, alguna comarca santiagueña, Tucumán y las más pobres zonas del segundo y tercer cordón bonaerense alcanzaba, pero nunca está de más darle dimensión a las propias carencias. Enviado a trabajar con Emilio Monzó, trabó excelente relación personal y en Córdoba empezó a consolidar dicho vínculo con un intenso noviazgo con Luz, hija de Germán Kammerath, quien supo ser intendente de Córdoba capital en tiempos de Carlos Menem, de suerte tal que el joven que hasta ese momento solo transitaba la avenida Córdoba se erigió en el referente macrista en la provincia. Tiempo después se estrechó más el vínculo al contraer nupcias el año pasado con Chiara la secretaria del presidente de la cámara e íntima amiga de Karen Monzo. Hay que recordar que el gran choque político entre Vidal y Monzó fue cuando la gobernadora le alambró la provincia, después que con su lapicera el hoy diputado empezó por poner en lugares entrables en las listas bonaerenses a su hermano y a todos sus colaboradores inmediatos. Así la cabeza de lista, después de la renuncia de Fernando Niembro fue hasta ese momento la asesora Silvia Lospennatto quien fue por una década la mano derecha del duhaldista Alfredo Atanasoff para luego recalar con Francisco de Narváez. Resultó curioso observar en la apertura del año legislativo que tanto Monzó como Massot no juntaran sus palmas en momento alguno del discurso presidencial; hasta se creyó que era tal el enojo que no aplaudieron siquiera el izamiento de la bandera nacional. El objetivo era hacerle saber al presidente su disgusto por el rumbo y estrategia del gobierno. Semanas atrás Massot dio a conocer que viajaría por cuatro meses a USA para realizar un curso de política en Yale. Los radicales con picardía marcaban diferencia sosteniendo que el legendario presidente del bloque UCR Chacho Jaroslavky jamás abandonó Buenos Aires y llegado el momento no logró renovar su banca por Entre Ríos, cuando era impensable ir al exterior 4 meses. Es curioso, que Monzó, Lospennato y Massot anunciaran que no renovarían sus bancas. ¿Tienen información que no están en los planes macristas o ya tienen destino en espacios opositores?. Esa pregunta recorría Pasos Perdidos a raíz de que Lospennato se negara a presidir la Bicameral de seguimiento del Ministerio Público, comisión estratégica que el PJ impidió que Carrio presidiera por falta de consenso y que con el affair de Marcelo D’Alessio planteaba de urgencia su puesta en marcha. Está claro que el insulto reiterado de Carrió, como dijera en su oportunidad Paco Manríque no se refería a la señora madre del joven diputado, que todos los que han tenido el gusto de conocerla, la definen como una dama en el sentido estricto de la palabra, de perfil bajo, comprometida y lejos del prototipo tilingo de las mujeres de su clase o entorno social. Carrio está furiosa por haber errado tanto el resultado cordobés y como es usual no hacerse cargo de sus errores hizo blanco de su ira con el pobre Nico. Muchos en el PRO sonrieron por lo bajo, un par de cachetazos templa el espíritu.

La condición cosmopolita de Buenos Aires atrajo la semana pasada por tercer año consecutivo a los gestores de Art&Swap, una exposición de arte que reúne artistas de Bélgica y Argentina de la mano de la curadora Helena Heukeshoven, la gestora Claudia Varela y el productor Javier Goldenberg. “Ciudad Natural” se llamaba la tercera edición que anoche cerró sus puertas en la sede en el MARQ, el Museo de Arquitectura. Allí mismo, en la torre de Avenida Libertador y Callao se encontraron para el brindis el embajador de Bélgica, Peter Maddens, el ministro de Cultura porteña, Enrique Avogadro, los operadores culturales Inés Etchebarne, Patricia Santa Marina, Tulio Andreussi, Georgina Gil y Andrés Castro, junto a los artistas dispuestos a hablar de sus obras. La muestra tenía el atractivo del valor estético de pinturas, perfomances, objetos, videos y esculturas de diversas vertientes, pero la movida belga encierra toda una experiencia. En lugar de vender sus obras los artistas las canjean por servicios, viajes, experiencias u objetos. Las propuestas surgen por iniciativa de los espectadores e incluso de los propios artistas. Los interesados en las obras dejan un Post-it con la mejor oferta que están dispuestos a hacer o entablan diálogo directo con el artista. Entre las ofertas figuraba “una merienda en Palermo”, “una tirada en paracaídas”, la “difusión de todas tus acciones”, “la participación en una feria internacional” o “un Picnic”, Un verdadero mix. Emma Herbin contó que presentó una serie de obras realizadas en diversos cafés de Buenos Aires, y su trabajo estaba rodeado por decenas de propuestas de canje, algunas insólitas. María Marta Pichel exhibió sus sandalias vegetales, realizadas con pasto artificial, y ella misma las calzó como una verdadera modelo y mantenía el equilibrio en el piso irregular del MARQ. “En una ciudad muy activa culturalmente pero con una realidad social y económica difícil, ART & SWAP ofrece a los artistas, especialistas, consumidores, galeristas y coleccionistas, un espacio de exhibición ideal, propicio para acceder al arte”, aseguró la belga –argentina Heukeshoven. Entretanto el artista belga Michel Couturier junto a un estupendo video donde se divisa el campo argentino, el Río de La Plata y el Paraná, demostró la solvencia cultural de quién ha leído e investigado nuestro territorio antes de filmarlo. Para comenzar, Couturier citaba sin errores a Juan José Saer, escritor santafecino que asegura que los puertos abandonados son más bellos que los que están activos. Las obras enlazaban la arquitectura y la naturaleza y allí estaban las de Ana Casanova, Andrea Alkalay, Arturo Aguiar, Belén Cárcano, Blanca Estela Vivas, Carla Melillo, Carolina Baldoma, Erika Schillebeeckx, Justine de Moriamé, Nils Verkaeren, Daniel Juárez, David Sisso, Facundo Quinto, Fer Pietra, Guadalupe Fernández, Guido Chouela, Jaki Charrua, Karina Glocker, Lía Porto, Maríaa Ferrari Hardoy, Masako Kano, Pablo Noce, Patricia Miani, Paula Cecchi, Raúl Steingart y, entre otros, Rosana Schoijett. Se recordó entonces, la primera edición de la feria de canje, mucho más aventurera, realizada en el barrio de Saldías, en la villa 31. Cuando le quisieron preguntar a Avogadro cuáles son los honorarios de los suizos de Art Basel que presentarán junto con el Ministerio de Cultura arte argentino en Miami, ya no estaba. Entretanto la Sociedad Argentina de Horticultura colaboró con el belga Geoffroy Mottart, que intervino y llenó de flores seis monumentos de escultores belgas ubicados en las plazas y parques de la ciudad. Claro, realizados en los años que los argentinos compraban todo su arte en Europa.

Vamos a terminar con un chiste culinario internacional.

Un texano, de visita en México, va a comer a un restaurante típico vecino a un estadio de corridas de toros. Mientras saborea su tequila observa que, en la mesa vecina, el mozo le lleva al cliente un plato que se ve y huele muy bien, y que parece muy sabroso.

--¿Qué es lo que pidió ese hombre? Parece muy tentador... --le pregunta entonces al mozo cuando éste va a tomarle el pedido.

--¡Ah, señor! --dice el camarero--. Tiene usted muy buen gusto. Son “Cojones de toro”, que provienen del animal que participó en la corrida de la mañana.

--¡Pero qué diablos! --exclama el texano--. ¡Tráigame también a mí! Quiero probarlo.

--Me disculpará usted, señor, pero sólo hay un plato diario porque, últimamente, sólo tenemos una corrida por día. Pero si usted viene más temprano mañana podrá ordenarlo, y seguramente le encantará.

Al día siguiente, el texano vuelve al restaurante y llama al mismo mozo.

--¿Y? ¿Tiene la delicatessen del día? --le pregunta.

--Ah, sí, señor. Ya mismo se la traigo.

Cuando le llevan el plato, el texano empieza a comer pero titubea un momento y llama al mozo.

--Sí, están muy bien... Son sabrosos --le dice--, pero son mucho más chicos que los de ayer. ¿Por qué es eso?

El camarero se encoge de hombros y responde:

--Señor, es que a veces gana el toro...

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