Secciones Especiales

Charlas de quincho

Fin de semana de alivio en Juntos por el Cambio, con el FMI caminando por calles porteñas. En Santa Fe hubo cumbre de la política y la Justicia como hace años no se registra. Aniversario rosarino sirvió para tomarle pulso al campo y sus nuevas protestas contra candidato K. Extraña paradoja con votantes camperos.

Aunque con un dólar mucho más tranquilo en su nuevo escalón, igual fue una semana agitada con el broche de oro de la visita oficial del FMI y también con la movida ahora a favor de Macri llenando plazas en distintos puntos del país, empezando por la Casa Rosada esta vez sin rejas como para que la gente pudiera “acercarse”. Hubo encuentro en Santa Fe por el 25° aniversario de la Constitución que centralizó toda la política. Por supuesto, también mucho del deporte preferido de los argentinos: la conspiración, hoy a pleno de ambos lados de la grieta. Por caso, varios se encargaron de multiplicar historias sobre la actividad de la ahora silenciosa Cristina de Kirchner, con un fin de semana (previó viaje a Cuba) más que activo en conversaciones y contactos desde el sur. En medio de todas esas discusiones el Gobierno recalcula chances alimentado por la marcha del sábado y Alberto Fernández arma consensos para un hipotético gobierno suyo negociando hacia afuera pero, sobre todo, hacia adentro del peronismo. Veamos.

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Carlos Corach y Marcelo Bassani.
Carlos Corach y Marcelo Bassani.

La conmemoración del 25° aniversario de la Convención Constituyente que reformó la Constitución Nacional en 1994 fue el evento de la política y del mundo jurídico del sábado en Santa Fe. Con cuatro carpas montadas en el Parque de la Constitución, cercana al museo de la misma temática, tuvo su acceso granjeado para los protagonistas que aquella gesta que dieron el presente a partir de las 10, con café y masitas de bienvenida. Precinto naranja para los constituyentes y celeste para los invitados. Augusto Alasino, Carlos Corach, Eduardo Menem, Jorge Yoma, Alberto García Lema y Elisa Carrió fueron algunos de los que asistieron junto a los jueces de la Corte Suprema, Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda. Con bandejeo constante de empanadas de copetín de carne, verdura y pollo, mini-brochettes de carne, cazuelas de surubí, risotto y regados por vino tinto y blanco el evento, austero en sus formas, estuvo atravesado por un clima distendido de “estudiantina” y anécdotas de aquel proceso reformista. Los discursos los inauguró el intendente local, José Corral, y le siguió Eduardo Menem, que se extendió más de los 5 minutos previstos pero se llevó aplausos. Sin su participación, reconocían los más veteranos, la convención hubiese fracasado. Corach era el delegado original de su hermano en Santa Fé. Eduardo Valdés estaba exultante y era de los más requeridos merced a su cercanía con Alberto Fernández y los resultados que lo catapultaron de cara a las elecciones de octubre. También Miguel Pichetto dio el presente -pese a que no fue constituyente-, saludado con cordialidad por todos los que asistieron, incluidos los jueces supremos a quienes se les había atribuido algún cortocircuito hace unos meses. Hubo bromas: “Qué vas a hacer, Miguel”, lo gastaron sin malicia figuras del PJ por el resultado de las PASO y su apuesta como compañero de fórmula de Mauricio Macri. Fue el evento con mayor densidad política por metro cuadrado. En ese contexto sobrevoló un agradecimiento tácito y explícito hacia el Presidente, que con un decreto del Poder Ejecutivo definió el objeto del homenaje y la entrega de medallas en reconocimiento a los constituyentes, algo que era valorado por los agasajados. La acción transcurrió mayormente en la carpa principal, donde había una disposición similar a la de un casamiento. La ambientación incluía varios sillones y mesas con sillas altas al estilo cervecería palermitana.

Carrió fue un show aparte y aportó la cuota altisonante de toda la jornada. Se sentó a un costado -las mesas estaban sin asignar, un dato que levantó quejas de los asistentes y cargaron sobre el peso de la organización a cargo de Hernán Lombardi- junto a su entorno más cercano, la diputada Marcela Campagnoli y sus tres custodios. Desde allí vociferó durante todo el desarrollo del homenaje, poniéndose y sacándose los anteojos ahumados. Tanto a los que subían a recibir su medalla como con cada uno de los que se cruzaba a su paso y saludaba, algo les decía, la mayor parte de las veces inaudible. Eso entre llamado y llamado al custodio que llegaba con el pastillero de la diputada en una mano y la caja de cigarrillos en la otra. Se acercó a Yoma y le dijo: “Jorgito, dame un beso, vos sos un inimputable”. Ante la cara de sorpresa del embajador ante Perú, Carrió completó: “Bah, yo también, los dos somos inimputables”. Era el turno para que Carlos Rosenkrantz, titular de la Corte, suba a pronunciar su discurso y a ser quien entregue las medallas. Hubo bromas acerca de que si se trataba de un acto auspiciado por el Ejecutivo debía estar un delegado de ese mismo poder entregándolas. Pero cuando estaba por subir el convencional mendocino, Juan Fernando Armagnague, a viva voz reclamó cantar el himno. “Y no nos olvidemos de los que no están, Cafiero”, gritó Carrió desde su asiento. Así todos se pararon y entonaron las estrofas de manera improvisada. Allí, entonces Rosenkrantz volvió a subir y Carrió salió a fumar otra vez.

A las 12 llegó Macri con su comitiva desde Buenos Aires en un chárter. La broma inicial entre las mesas era que lo “habían hecho madrugar un sábado”. Marcos Peña, Laura Alonso, Paula Oliveto, Carolina Stanley, Dante Sica, Andrés Ibarra y Pablo Avelluto fueron copando espacios a la espera de que 15 minutos después, previo paso por un VIP, arribara Macri al escenario. Oliveto pidió apoyo: “Chicas, cuando salga Mauricio tenemos que aplaudir a rabiar para levantar los ánimos”. Así fue. Teleprompter de por medio dio su discurso, saludó a algunos cercanos y partió raudo como había llegado junto a la delegación. “Se podría haber quedado para la foto de familia”, chicaneó Valdés cuando distribuidos en varias combis se trasladaron junto al río para la locación elegida para la foto característica del evento. “Yo quiero estar al lado del marinerito”, vociferó Carrió en inentendible referencia al constitucionalista Antonio “La Tuta” Hernández. Terminó al lado de Rosatti que se ubicó junto a Eduardo Menem. La anécdota es que Hernández agregó a la Constitución del apartado del secreto de las fuentes periodísticas, tema siempre muy en boga. Luego de la foto volvieron a subirse a las camionetas para regresar al paseo por el museo de la Constitución, aunque los grupos se dividieron entre quienes eligieron caminar porque ya conocían la excursión. Un grupo regresó a la carpa a picotear más empanadas. Yoma tomó el micrófono y dijo: “Disculpen, esto es a título personal, pero me parece que la organización se olvidó de agradecer e invitar al gran artífice de todo esto, el presidente Carlos Saúl Menem”. Todos se pusieron de pie y tornó un aplauso general. Ya era el momento del postre. Mini-brownies y alfajorcitos fueron devorados. Hubo ausencias sonoras como las de Eugenio Zaffaroni o el jurista Rodolfo Barra, a ambos lados del espectro ideológico que fueron baluartes de la convención. En tanto, Corach departió gran parte de la noche con quien fue uno de sus equivalentes desde el lado del radicalismo Marcelo “El Negrito” Bassani, uno de los principales asesores de Raúl Alfonsín para la Constituyente. Era quien cenaba con él en el mítico Hotel Castelar, donde ambos pernoctaron durante todo el proceso de reforma.

El clásico Rosarino, en el tradicional aniversario de la Bolsa de Comercio, esta vez el 135, dio para todo. Es que si bien el gobernador electo, Omar Perotti, se abstuvo de concurrir, no ocurrió lo mismo con quien le cederá la gobernación, Miguel Lifschitz, que cosechó no pocas críticas. La primera por un poco feliz discurso de balance de gestión, como si se hubiera estado despidiendo, en medio de una conmemoración ajena. La segunda razón fue por sus declaraciones, unas horas antes, en las que aseguró que “se sentiría conforme si el Gobierno central les aumentara la ‘coparticipación’ de las retenciones” a cambio de los cambios en devoluciones del IVA y Ganancias. La reacción fue inmediata: “¿¿¿Le están sacando 10 y él dice que estaría conforme si le devuelven 3 en lugar de 2??? ¿¿¿Quién le hace las cuentas???, vociferó un destacado empresario durante el cóctel, en alusión a lo que históricamente viene perdiendo de recursos Santa Fe a causa de las fuertes retenciones del campo. “¡¡¡Si él cree que vamos a aceptar sin protestar una ‘ coparticipación’ de un impuesto que debe desaparecer, está muy equivocado”!!!, replicaba otro al lado mientras se multiplicaba el bandejeo de sushi, previo al lechón y a las varias “patas” asadas.

ClÁsico. Alberto Padoan junto a Mónica Fein, Miguel Lifschitz y Luis Miguel Etchevehere en la fiesta por el aniversario de la Bolsa de Cereales.jpg
Clásico. Alberto Padoan junto a Mónica Fein, Miguel Lifschitz y Luis Miguel Etchevehere en la fiesta por el aniversario de la Bolsa de Cereales.
Clásico. Alberto Padoan junto a Mónica Fein, Miguel Lifschitz y Luis Miguel Etchevehere en la fiesta por el aniversario de la Bolsa de Cereales.

No le fue muy bien a Luis Miguel Etchevehere (titular de una cartera que hoy nadie sabe cómo se llama ya que, entre gallos y medianoche y mientras se discutía el resultado de las PASO, salió el decreto quitándole sus atribuciones sobre alimentos). Es que para muchos, el entrerriano volvió a repetir el error de usar cualquier tribuna para hacer proselitismo frontal, sin medir siquiera el lugar y las formas. “No es la primera vez que lo hace y así no ayuda para nada a Macri”, reconocía con no muy buena cara un directivo de la poderosa entidad sentado en las primeras filas. Como si fuera poco, una frase de Lifschitz terminó de catapultarlo cuando el todavía gobernador afirmó: “Todos los que estamos acá nos estamos despidiendo”, en alusión a él mismo. La intendenta de Rosario, Mónica Fein, al presidente de la Bolsa, Alberto Padoan, que finaliza mandato en noviembre y, obviamente a Etchevehere, que también estaba en el escenario y puso cara de absoluta desolación.

Mientras, casi ajeno a todo esto, el titular de MatBa-Rofex, Andrés Ponte, quien hoy lidera la mayor fusión de marcados de futuros del país, reconocía que la promisoria plaza, que efectivamente comenzó a operar el 1 de agosto, “no sólo logró capear el lunes negro post-Paso, sino que el propio martes 13 liquidó, y garantizó, nada menos que $72.000 millones”. También Padoan dio una primicia al anunciar varios convenios nuevos que acaba de suscribir la entidad pero, especialmente, la inminencia en la habilitación por parte del Banco Central (en 1-2 semanas, según dijo) del nuevo banco que está organizando la Bolsa con un grupo de fuertes aseguradoras.

Y, aunque no estuvo físicamente, casi todos hablaron esa noche del nuevo gobernador Omar Perotti, y no sólo porque se intenta saber cómo conformará su equipo (varios sostienen que le falta gente y, por eso, no se descarta la reaparición de algunos de sus excolaboradores) sino, más bien, por la gestión que muchos le encargaron esos días, aunque aún no asume. El caso es que, dada su relación de hace 2-3 décadas con Felipe Solá, le pidieron que intercediera para que Solá rectifique su postura a favor de las retenciones y de eventual reedición de una Junta de Granos, tema que espanta a los inversores del rubro agroindustrial ( y de otros también). Por supuesto Solá aseguró que “lo sacaron de contexto”, aunque algunos maliciosos interpretan que las declaraciones fueron hechas adrede. “Mirá, con esto, hay un millón de personas muy alarmadas, y 16 millones que creen que Felipe se está ocupando de ellos. En todo caso, logró que hablaran de él, que lo invitaran a la televisión, y aparecer en todos los diarios”, señaló un conocedor de los vericuetos de la política en los recalentados tiempos preelectorales...

La devaluación postpaliza kirchnerista se convirtió en veneno casi imposible de neutralizar para las ya castigadas obras de Participación Público Privada (PPP) que impulsó el Gobierno a través del ministro de Transporte, Guillermo Dietrich. El funcionario arrancó a full su gestión pero, en vez de apuntar su lupa al día a día de los proyectos, priorizó sus victorias discursivas sobre los siniestros años de desidia cristinista, que dejaron un festín de denuncias y causas de corrupción. En las semanas previas al 11-A, Dietrich tuvo que realizar un intenso raid por rutas para prometer certificados de Vialidad Nacional por pagos demorados y así terminar tramos de obras de cara a las elecciones. Las PPP, que en ese momento ya se encontraban en territorio espeso, comenzaron a desangrarse en los últimos días, con despidos por doquier ante la falta de respuestas del Gobierno y la incertidumbre sobre el riesgo-país y la incapacidad de financiamiento. El panorama marca hoy un freno casi total de los principales corredores viales -excepto el B, con capitales chinos en el medio y de trámite lento- e incluso levantamiento de obradores. Mientras tanto, Dietrich utiliza redes sociales para mostrar, aunque sea a medio término, obras licitadas por el cristinismo que entraron en larga siesta hasta que llegó el macrismo, como una ruta en Pergamino. El problema es que ese mismo día allí se tuvo que cancelar el ingreso de material y se confirmaron despidos por no recibir los certificados de Vialidad Nacional. En tertulias de expertos que entienden de verdad la discusión sobre estos temas sintetizan: “En vez de darle el ministerio a una persona que de verdad se haya dedicado al transporte, que sepa lo que hace y que entienda la filosofía del trabajo, se lo dan a niños ricos o a peronistas vagos. Entonces, con un Gobierno u otro pasan los años y no se avanza, o se hace a los ponchazos. No usan la cabeza o usan siempre el bolsillo”.

Vamos a terminar con un chiste médico.

Una mujer, con un bebé en los brazos, está en la sala de espera de un consultorio para el primer examen del nacido hace poco. Cuando la hacen pasar, el médico examina al bebé, chequea su peso, su altura y después, con cierta preocupación en el rostro, le pregunta a la mujer:

-Dígame, señora. ¿Este chico tiene alimentación de pecho o de mamadera?

-De pecho -responde la mujer.

-Bien -continúa el médico-. Le voy a pedir por favor que se quite la blusa y el corpiño porque la voy a revisar.

La mujer hace lo que le dice. El doctor entonces examina sus pezones, los presiona un poco, les pasa el dedo índice, y luego toma ambos pechos entre sus manos, masajeándolos para hacer una evaluación. De inmediato, después de pedirle que vuelva a vestirse, le dice:

-Señora, no me extraña que este chico esté por debajo de su peso normal. Usted no tiene leche.

-Lo sé, doctor -dice la mujer-. Soy la abuela, no la madre, pero me encantó haber venido.

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