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Chile: ¿llegó la hora del 'que se vayan todos'?

La sociedad transita su deconstrucción sin un líder que aúne el sentimiento de hartazgo. Y se teme que la crisis sirva de tierra fértil para la antipolítica.

Ninguna de las demandas que despertó la ebullición social en Chile la semana pasada son extrañas. Desde el regreso de la democracia en 1990, las promesas para atenderlas se han ido archivando y desempolvando con cada Gobierno de turno, sin importar el color político de quien controle La Moneda. Educación gratuita, mejora en el sistema de pensiones y de salud conforman el trinomio de reclamos de una clase media hastiada que desafía el toque de queda en las principales ciudades. En las calles no hay insignias partidarias. Protestan contra Sebastián Piñera, pero también contra la oposición. En un contexto de desencanto, ¿quién capitaliza la apatía?.

“Hay un hecho claro. Este estallido contradice a quienes habíamos interpretado la desafección, es decir, no votar, con indiferencia”, afirmó en tono de autocrítica Marco Moreno, doctor en Ciencias Políticas, a Ámbito Financiero, en referencia a la alta abstención que usualmente se registra en las elecciones presidenciales, y que en 2017 alcanzó a más del 50% del padrón. Todo lo acontecido hasta ahora exhibe la enorme grieta entre el poder político y económico que estaba oculto en ese silencio en las urnas.

Los reclamos sin atender se mezclan con el cansancio de la población respecto de los privilegios que gozan las elites, la corrupción gubernamental y en las Fuerzas Armadas, y la colusión entre empresarios. Es el famoso ‘que se vayan todos´”, afirmó Claudio Fuentes, profesor de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales en conversación con este diario.

Hay otra muestra de que nadie en el tope de la pirámide tiene el control: el desafío ciudadano al toque de queda y el fin del respeto inmaculado hacia los soldados. Aún con la sombra de su rol durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), las FF.AA y los Carabineros (Policía militarizada) eran las instituciones más prestigiosas del país. Pero una serie de escándalos por malversación de fondos y fraudes por millones de dólares dentro sus filas hundió su popularidad en los últimos años. Su reciente despliegue y accionar -circularon videos de los uniformados aspirando cocaína en la vía pública antes de reprimir- apuraron la caída.

Chile es hoy una sociedad en deconstrucción que carece de un líder que aúne el sentimiento de hartazgo. No puede ser Piñera con su política de mano dura, ni la oposición, que gobernó el país con alianzas durante cinco períodos desde el retorno de la democracia y no pudo, o no quiso, atender las demandas. Tampoco se han beneficiado los sectores más duros de la derecha, aunque la tierra para un “Bolsonaro a la chilena” es fértil.

Desde hace varios años se viene cuajando el discurso de la antipolítica y empiezan a emerger ciertos actores más populistas. En 2017, José Antonio Kast obtuvo el 8% de los votos”, afirmó Fuentes. El pinochetista logró ese caudal con propuestas como “rescatar las cosas buenas de la dictadura”, oponerse al aborto y al matrimonio igualitario y limitar la inmigración. “Si bien la crisis actual no se refleja en una candidatura totalmente populista, sí hay condiciones para que surja un discurso desde la antipolítica que agrupe a la masa inorgánica, anómica, descontenta con el sistema. Sin embargo, no se cristaliza en ninguna figura por el momento”. Lo inesperado del estallido convierte en impredecible el futuro de las protestas, si la fuerza ciudadana continuará movilizando a otras capas sociales o se apagarán. “Tengo pocas esperanzas de que surja un pacto político social que se plasme en un acuerdo de largo plazo de reformas para resolver los problemas de desigualdad”, sentencia Fuentes. Pero esta vez, las promesas no volverán tan fácil al cajón.

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