Opiniones

Ciudades del futuro y el factor humano

Argentina necesita organizar todo el conocimiento acumulado y disperso para catapultar su desarrollo y resolver los cuellos de botella históricos que nos impiden avanzar sostenidamente hacia las ciudades del futuro.  

La sociedad que se está desarrollando hoy es la sociedad del conocimiento. El futuro y las oportunidades de las ciudades argentinas van a estar estrechamente ligadas a cuánto seamos capaces de desarrollar a nuestra sociedad en materia de Conocimiento.

En los últimos doscientos años, en Argentina venimos invirtiendo enormes sumas de dinero en obras de infraestructura, viviendas, hospitales, universidades, programas diversos. Pero no hemos invertido casi nada en mejorar los recursos humanos de la dirigencia política nacional, no invertimos en formar capital humano capaz de desarrollar a sus ciudades.

Argentina está entre los países más urbanizados del planeta. No obstante, reiteradamente escuchamos que el problema de los municipios argentinos es el bajo nivel de sus cuadros políticos y de gestión y que, producto de ello, es muy difícil revertir el atraso que muestran estas ciudades.

Entendemos que la discusión sobre el rol del Estado está saldada. Hay consenso en que el Estado debe intervenir en la organización del mercado y el resto de las instituciones que estructuran la vida en sociedad. Ahora bien, nunca invertimos ni tiempo ni recursos económicos en mejorar la herramienta por excelencia de esa intervención. Existen débiles excepciones como INAP, para la estructura administrativa estatal, o la fallida experiencia de los Agentes Gubernamentales, o el INCAP.

La particularidad del Estado argentino es que no tiene un sistema de burocracias fuertes y estables, como Francia o Japón: es un Estado que, para funcionar, necesita una fuerte dependencia de la conducción política. Un Estado que solo es ejecutivo y eficaz si es conducido políticamente y con mucha decisión. Por lo tanto, es necesario profesionalizar el sistema de toma de decisiones, salir del modo intuitivo e ir hacia uno basado en información real. Hacen falta ejecutivos que puedan tener dimensión de la multiplicidad de complejidades que implica administrar una ciudad.

Nuestro diagnóstico es que el principal problema de la Argentina no es su estructura económica desequilibrada, ni los términos de intercambio, ni su ocupación o dispersión geográfica, ni su distribución del ingreso inequitativa, ni la restricción externa por falta de dólares, ni su falta de infraestructura adecuada, ni todas estas cosas juntas. El principal problema radica en que su estructura de toma de decisiones no tiene en claro qué hacer con Argentina. La estructura política decisional de todo el país, salvo excepciones, no sólo no está de acuerdo en un horizonte común de país, sino que ni siquiera sabe cuál sería tal. Lo mismo sucede en las cabezas de las grandes y medianas empresas, en el sector sindical, en el universitario, y en todas las grandes instituciones del país. No nos referimos a que no existe un pacto del tipo Moncloa, sino a algo más elemental: no está muy claro qué es lo que hay que hacer con los grandes temas de la Argentina. No hay sobre qué pactar.

La Argentina tiene un montón de conocimiento acumulado, un sinnúmero de profesionales idóneos, cientos de políticos con muy buen nivel de formación, pero es necesario un proceso de sistematización de toda esa fuerza dispersa. Es necesario desarrollar una institución que tome las riendas para organizar todo ese potencial y ponerlo al servicio del desarrollo nacional.

Cuando el conocimiento se organiza, las sociedades dan un salto hacia adelante. En el siglo XIX, la enciclopedia permitió compendiar una serie de descubrimientos tecnológicos en física y química que se venían dando en Europa en el siglo anterior y actuó como palanca para permitir la revolución industrial en Gran Bretaña.

Las ciudades argentinas demandan, para dar el salto hacia delante, una institución que les permita dotarse de recursos humanos acorde a las nuevas complejidades urbanas. La Argentina necesita organizar todo el conocimiento acumulado y disperso para catapultar su desarrollo y resolver los cuellos de botella históricos que nos impiden avanzar sostenidamente.

(*) Director de Panal, incubadora de ideas

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