Espectáculos

Civilización y barbarie con mirada conceptual

"La herencia indócil de los espectros" tiene una cruda aproximación estética a algunos episodios violentos de la historia argentina.

Son varios los artistas argentinos que cubrieron la historia a sangre y fuego de nuestra Nación. Ejemplos: desde los pintores viajeros de la primera mitad del siglo XIX, basados en relatos literarios de malones y cautivas, al célebre “La vuelta del malón”, óleo de 1892 de Angel Della Valle (Buenos Aires, 1852/1903), que fue enviado a la exposición universal de Chicago por la llegada de Colón a América. Cuando fue exhibido en Buenos Aires tuvo gran impacto por su significado político e ideológico. En uno de sus extremos, un jinete indígena lleva una cautiva blanca semidesvanecida apoyada sobre el hombro del raptor, tema que también ha tomado Daniel Santoro en 2011 en su exposición de Galería Palatina “El peronismo en el paisaje”. Con su ironía y mordacidad, y respondiendo a su ideología, la cautiva está representada por Victoria Ocampo, ”arrancada brutalmente de su palacete modernista, pero ella le dará pelea a la barbarie” según la explicación del artista en el catálogo.

Está también la mirada de Carlos Alonso sobre “El Matadero” de Esteban Echeverría así como el poder del negocio de la carne en “Lo ganado y lo perdido”, serie realizada en 2009, estremecedora, que se vio recientemente en el Museo Nacional de Bellas Artes. Esta introducción es necesaria para ubicar a Cristina Piffer, quien interpela la civilización y la barbarie con una mirada conceptual y minimalista.

Nacida en Buenos Aires en 1953, artista visual, arquitecta, su actual exposición en el Espacio de Arte de la Fundación OSDE, “La herencia indócil de los espectros”, obras de distintos períodos bajo la curaduría de Fernando Davis, es similar a entrar a una sala aséptica, de disección o de cirugía, donde todo lo que se exhibe es perturbador. Un breve repaso de los títulos de algunas de sus exposiciones individuales y colectivas: “Como carne y uña”, “Perder la cabeza” (1998) “Entripados” (2002), “Entre el silencio y la violencia” (2003), “Con la sangre en el ojo” (2010), “Argento” (2018).

A diferencia de los pintores naturalistas, figurativos, explícitos, con una imagen inmediatamente reconocible, Piffer se vale de tripas vacunas trenzadas en agua y formol en recipientes de vidrio sobre mesadas de acero inoxidable, grasas solidificadas con aspecto de mármol de lápidas y que remiten a degüellos, carne vacuna “envasada” en cajas de acrílico y resina poliéster transparente, cuero crudo tensado entre ganchos de acero, obra titulada “Lonja” que replica la lonja de piel de la espalda del gobernador de Corrientes, Berón de Astrada, cuando fue asesinado y entregado a Urquiza como trofeo.

Investigadora y conocedora de nuestra historia, Piffer ha tomado datos del registro de restos humanos indígenas del catálogo de la Sección Antropológica del Museo de La Plata, recopilado en 1911. Allí fueron encerrados y obligados a trabajar como peones. También ha investigado las actas de los 300 primeros bautismos de indígenas prisioneros en la isla Martín García que pertenecen al Arzobispado de Buenos Aires. De la serie “Las marcas del dinero” (2011) se exhibe “200 pesos fuertes”, serigrafía, sangre bovina deshidratada s/vidrio y acero, cuya marca de agua entonces no eran los próceres patrios, sino el ganado vacuno. El polvo del piso es una metáfora de nuestro devaluado dinero. La exposición constituye un testimonio sobre el que es importante continuar esta interrogación sobre civilización o barbarie, si los acontecimientos cruentos de una época eran una gesta patriótica o un exterminio.

Piffer ha merecido diversos premios: el 4° de la II Bienal de Bahía Blanca (1997), Mención del Jurado Premio Banco Nación (2000), Artista del Año por la Asociación Argentina de Críticos de Arte, y Diploma de Honor en los Premios Konex en la categoría Objetos (2002). (Clausura el 14 de diciembre. Arroyo 807).

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