Opiniones

¿Comerciar bienes, producirlos o prestar servicios?

Son algunas de estas preguntas se hacen quienes desean incurrir en la apertura de una empresa. Mientras el mundo valora la experiencia nosotros la desperdiciamos.

¿Vender bienes, producirlos o prestar servicios? Algunas de estas preguntas se hacen quienes desean incurrir en la apertura de una empresa. Para las nuevas generaciones ser empleados no es la única opción. Para los que han realizado aperturas y cierres de negocios como consecuencia de los diferentes ciclos económicos de nuestro país termina siendo la única opción posible ante un mercado laboral que post 40 años comienza a cerrarse cuando hasta hace una década era post 50 años. Mientras el mundo valora la experiencia nosotros la desperdiciamos. No tenemos solo problemas económicos sino culturales también.

En nuestro país el 30% de las empresas se dedica al comercio mayorista y minorista y en el caso de servicios el 39%. La industria manufacturera representa el 10% y las actividades agropecuarias el 11%.

Si observamos el cuadro de acá abajo está clara la elección de los argentinos al momento de desarrollar un emprendimiento. Mientras el porcentaje de empresas comerciales sobre el total de empresas en 2007 era el 24,9% pasó a ser del 31,1% en 2018 de acuerdo a datos del Ministerio de Producción de la Nación. El comercio contribuye, de manera directa, con el 15,2% del valor agregado bruto de la producción del país (17,8% si se consideran sólo a las actividades privadas), generando aproximadamente 3,6 millones de puestos de trabajo (próximo al 20% del total de los puestos de trabajo). Evidentemente la intermediación comercial se volvió más rentable y menos riesgosa que la producción. La única forma de agregar valor a una economía es producir más y mucho mejor en aquellos sectores donde tenemos potencialidades. Sin embargo las actividades agropecuarias donde tenemos buen nivel de productividad y competitividad aún le falta mucho por crecer luego de las caídas que tuvo durante años y los últimos años de la industria manufacturera ha mostrado un deterioro en el cierre de empresas y en su creación.

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Antes de preguntarnos que hacer deberíamos preguntarnos si es posible hacerlo. Las decisiones desde punto de vista empresarial privado tienen el condicionamiento de alta presión impositiva de una empresa al nacer lo que hace que la tasa de supervivencia de una empresa en Argentina sea de la más baja en el mundo.

De acuerdo a datos del Ministerio de Producción y Trabajo de la Nación 8 de cada 10 nuevas empresas 8 de cada 10 nuevas empresas llegan a los 2 años de vida, y sólo 3 de 10 llegan a los 8 años. Cuáles son las que logran mayor tasa de crecimiento? Solo aquellas que no hayan pasado por pagar 30 % de impuesto a las ganancias, 21 % de IVA, Ingresos Brutos, Impuesto al Cheque, Tasas Municipales, Tasas Provinciales y podemos seguir hasta 160 impuestos más a nivel país. Es decir, solo sobreviven aquellas que son informales al menos en una parte importante. Si en Argentina nos mentimos entre gitanos por qué a los que muestran las cartas lo sacan del juego y a los que lo obligan a mostrar lo llaman a terminar el juego en ese mismo momento.

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<p>Proporci&oacute;n de nuevas empresas que alcanzan cierta edad &ndash; 2008 &ndash; 2019 &ndash; Fuente: Ministerio Producci&oacute;n de la Naci&oacute;n.</p>

Proporción de nuevas empresas que alcanzan cierta edad – 2008 – 2019 – Fuente: Ministerio Producción de la Nación.

Las ventas minoristas de acuerdo a la CAME caen 12,2 % en el acumulado del año. Comerciar y prestar servicios no es un gran negocio cuando se produce una caída de la actividad económica en el mercado interno. Esto lleva a que quienes emprendan ante los bajos volúmenes de venta iniciales normales por el comienzo de la actividad pero más profundos por el contexto no puedan sostener el nivel impositivo cerrando y perdiendo nuestro país de incrementan la densidad y volumen empresario en el tiempo.

El gobierno logró sancionar este año una muy buena iniciativa sobre la ley de la economía del conocimiento (software, informática, robótica, biotecnología, entre otros) que incluye alícuota reducida de impuesto a las ganancias del 15 %, menor costo laboral por adelanto del mínimo no imponible que la reforma tributaria prevé para el 2022, bono de crédito fiscal del 1,6 veces de las contribuciones para cancelar IVA y Ganancias, retención de impuesto a las exportaciones deducible de impuesto a las ganancias, microempresas solo deben acreditar el 70 % de facturación sin cumplimentar requisitos, estabilidad fiscal hasta 2030.

Es decir, esta Ley de economía del conocimiento en términos comparativos a lo que tiene que pagar un emprendedor que comienza en el área de comercio, servicios o producción manufacturera es casi como mostrar a una persona encerrado en la cárcel fiscal del estado argentino antes de su muerte frente a otro emprendedor trabajando, produciendo y pagando impuestos razonables como corresponde en un paraíso fiscal de una Argentina de otro mundo.

Claramente el Estado entiende cuando quiere incentivar un sector para su producción. Debería comprender que para producir conocimiento en el área de servicios también es necesario contar con producción de bienes, servicios complementarios y comercialización de los mismos que pagan tasas impositivas imposibles de soportar y que generan las magras tasas de supervivencia empresaria que tiene nuestra economía, baja densidad de empresas en relación a la cantidad de habitantes de nuestro país, gran frustración de muchas generaciones de emprendedores, imposibilidad de tener saltos tributarios progresivos y no destructivos y pérdidas enormes de recursos fiscales para el Estado por agentes tributarios que mueren sin ni siquiera haber podido llegar al año de vida. Una especie de catástrofe tributaria es lo que vive un emprendedor argentino en el área de comercio, servicios o manufactura argentino.

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