Espectáculos

Comic Con celebró sus 50 años con anuncios

Marvel la eligió como plataforma para lanzar sus novedades. También fue escenario de las incipientes batallas entre gigantes como Netflix, Hulu y Disney Plus (que incluye a Fox y, desde hace años a Pixar).

San Diego - Hace cincuenta años, en el sótano de un hotel de San Diego, en el entonces semi-sórdido barrio portuario de la ciudad, trescientas personas -ávidos lectores y coleccionistas de historietas- se juntaron para comprar y vender. Pero también escucharon embelesados ese tórrido fin de semana a tres figuras legendarias: Ray Bradbury, Jack Kirby y Forrest Ackerman. Lo demás es historia: la geografía rutilante de la bahía de San Diego -hoy en día aprovechada desde un centro de convenciones espectacular- y la industria del comic, radicada desde sus orígenes en Nueva York, con dibujantes procedentes en su mayoría del Lower East Side y del Bronx, venían a hacer negocio y reclutar a artistas y escritores jóvenes que llegaban como moscas. En los años siguientes serían asiduos al Con otros nombres clásicos de los años cincuenta y sesenta, como Stan Lee, Joe Kubert, Steve Ditko, Gil Kane, Carmine Infantino. La muerte de Stan Lee en noviembre del año pasado cierra una puerta. Las “nuevas” figuras son ahora las de los ochenta, objetos de paneles y homenajes: Frank Miller, Mike Mignola, Todd McFarlane, que han reorientado la trayectoria de muchos superhéroes, y más recientes como Robert Kirkman (The Walking Dead) y George R.R. Martin (Game of Thrones), en cuya obra se da una convergencia de literatura, televisión, novelas gráficas y comics. Para los aficionados, un panorama cuyos cambios Comic Con permite delinear.

Comic Con es también la meca del “cosplay” -en la cultura anglosajona, un sucedáneo del carnaval, sin desfiles ni carrozas, pero sí con competencias. Y desde la llegada de los megáfonos que son las redes sociales, desde 2006, Comic Con es un brazo fundamental de la maquinaria publicitaria de Hollywood: los “fans” son canales de difusión gratuitos, aunque temperamentales, para las producciones millonarias de los estudios. En otras palabras, Comic Con resulta una confluencia fascinante para el estudio de la cultura popular, su costado económico, el desarrollo de tendencias… y los generadores de este fenómeno, las historietas. Lejos de haber desaparecido, el género todavía bastardo de la literatura ha mutado extraordinariamente, cobrando vida nueva gracias a la revolución digital y su difusión global. (Cuando en un kiosco de la estación Acassuso esta cronista puede comprar el volumen 1 y 2 de una compilación de clásicas historietas Marvel, hay un fenómeno para explicar). Esta Convención puede aquilatarse, entonces, como un laboratorio rico en experimentos socioculturales, democrático en su organización (tema para otra nota), y el mejor de Estados Unidos. La de Nueva York en septiembre no le llega a los tobillos. A otra escala, y como fenómeno popular, podría compararse con nuestra Feria del Libro, por el eco de público que suscita, y el uso que hace de ella el negocio editorial.

La proximidad con Los Angeles, donde la industria del entretenimiento congrega una cantidad impresionante de gente talentosa y creativa de todas partes del mundo, le da al San Diego Comic Con un sabor único: durante cuatro días hay una oferta de excelentes paneles sobre todo tipo de temas: desde cómo hacer y comercializar películas independientes, comics, podcasts, libros digitales, a estrategias para entrar en el negocio del cine, la televisión, la internet, en cientos de especialidades. Muchos de estos paneles sirven de orientación vocacional para gente joven, ya que diversos gremios (“guilds”, o cofradías, en el sentido medieval de comunidad de artesanos) hacen conocer su labor: los scouts de locaciones, los diseñadores de arte, los escritores de animación, los vestuaristas, y un largo etcétera. El vasto mundo detrás de las cámaras de cine y televisión, de libros e historietas, invisible para el público, se hace presente como el Mago de Oz, para mostrar qué hay detrás de las cortinas. Hay algo para todos los 120.000 participantes de Comic Con.

Como siempre, hubo paneles interesantes sobre los últimos desarrollos tecnológicos: cada vez más se está “sacando” la imagen de las pantallas -no sólo las del cine y la televisión- sino ahora hasta de los teléfonos y tablets. Varias demostraciones de “realidad aumentada” muestran que se puede tener un libro en la mano, y con la imagen de la página vista simultáneamente en una computadora, hacer que aparezcan objetos y personajes, que alteran o complementan la página. Esta lectura audiovisual e interactiva no es la de la literatura ni el cine; para armar estos nuevos textos se requiere un lenguaje propio que todavía no se ha inventado -como ocurrió con el cine, cuyas técnicas propias como el montaje y el uso de la cámara no venían ni del teatro ni la novela-. Varias “activaciones” fuera del perímetro de Comic Con funcionaron con esta técnica, que no requiere el uso de un casco, como la “realidad virtual”. Cada año Comic Con -que no es un espacio para especialistas- permite observar los avances.

En estos últimos años, la presencia de gente famosa es la baza fuerte de la Convención. El paroxismo fue el sábado 20, cuando el plato fuerte fue la presencia de Marvel Studios en Hall H - capacidad: 6.000 personas. Durante noventa minutos (el doble de un panel común) Marvel presentó a toda la plana mayor de películas pasadas y futuras, entre otros Benedict Cumberbatch, Tom Hiddleston, Angelina Jolie, y a una plétora de actores jóvenes, aplaudidos hasta el delirio. Además del factor “celebrity”, lo que hizo Marvel fue presentar su plan de negocios en un momento crucial de la empresa, que integra el conglomerado Disney, aunque funciona creativamente de manera autónoma. (Mickey Mouse y las princesas van por andariveles diferentes a Loki, Hulk y la Viuda Negra). Ahora que Marvel terminó su arco narrativo de los últimos doce años, de Iron Man a Avengers: Endgame, con un éxito de taquilla extraordinario, utilizó la plataforma de Comic Con para anunciar oficialmente su curso de acción. El camino a seguir -franquicias múltiples y películas individuales- en los próximos años suscitaba enorme curiosidad. Al haber adquirido Disney Fox hace unos meses, Marvel ha logrado reunir todos los personajes que tenia desparramados por diversos estudios desde finales de los noventa. La compañía había vendido los derechos a muchos de ellos, cuando se encontró casi al borde de la bancarrota. Era una época donde todavía no habían despegado los efectos especiales, ni se había advertido el valor de los superhéroes creados por los comics, ya parte del imaginario popular de las nuevas generaciones, y no sólo norteamericanas. Ahora el Marvel Cinematic Universe, MCU, congrega bajo el mismo techo narrativo a Thor (cuyos derechos tenía Paramount) y Spider-Man (un acuerdo con Sony lo integra a los Avengers). Con la compra de Fox, los X-Men y Fantastic Four vuelven al redil del MCU. Una franquicia no sólo millonaria sino de enorme interés para un público global.

En Hall H Disney también presentó oficialmente Disney+, su nueva plataforma de streaming, que despegará a final de año. Es una competencia formidable para Netflix y Hulu, ya que Disney ofrecerá una programación extraordinariamente variada, que incluye los grandes clásicos de la compañía (una fuente inagotable de ingresos) y los títulos taquilleros de las últimas décadas de empresas como Pixar (Toy Story) y Fox (Star Wars). El paisaje global del streaming, la forma de exhibición predominante en Estados Unidos, y cada vez más internacionalmente, donde Netflix es la figura clave empezará a desbarajustarse con la llegada de este tanque acorazado. Quienes observan la industria del entretenimiento bien pueden hacer suya la frase de Bette Davis en All about Eve, “Fasten your seatbelts, it’s going to be a bumpy night”.

Como todos los años, y desde hace cincuenta, el San Diego Comic Con resulta un barómetro imprescindible para calibrar el mundo del entretenimiento, y el negocio que genera. Una nota simpática vincula Comic Con con Buenos Aires este año: la Revistería Comics de nuestra ciudad se llevó uno de los prestigiosos premios Eisner de la Convencion, el “Spirit of comics Retailer” al mejor negocio de historietas en 2019.

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