Edición Impresa

Cómo robarle u$s377 millones a Warren Buffett

Si hay un ícono viviente en el mundo financiero, ese es Warren Buffett, el tercer hombre más rico del planeta, quien hizo su fortuna de u$s86.000 millones operando en el mercado de capitales. Los que lo idolatran achacan su fortuna a su astucia; los que lo denuestan, a una serie de maniobras “non sanctas” y su buena suerte, mientras para los que no están en ninguno de los dos extremos sería una combinación en distintas gradaciones de ambas. El problema es que si bien sin importar su origen los millones pueden salvarnos de muchas cosas, de lo que nunca nos salvarán es de la estupidez.

La historia arranca en 2002 con Jeff Carpoff y su esposa Paulette, un mecánico de profesión que logró convertir su taller en la mayor cadena para la reparación de vehículos Land Rover y Jaguar de los EE.UU. La leyenda según el propio Carpoff cuenta que hacia fines de los 2000 había vendió Roverland USA sin demasiada idea de qué hacer con el dinero, cuando un vecino le comentó el temor que tenía a que le robaran los paneles si instalaba un sistema de energía solar en su granja de las Sierras Nevadas. El mecánico volvió a su casa y le dijo a su mujer: “Quiero crear un sistema solar sobre ruedas, con generador y baterías que reemplace los generadores diésel”. Unas pocas semanas más tarde, mientras estaba construyendo el equipo, se le acercó un viejo cliente que le encargó la primera unidad para un sistema de energía de telefonía y purificación de agua. Poco después un segundo pedido fue visto por un productor de cine, quien le dijo: “Esto es lo que Hollywood necesita”. Los Carpoff llevaron una unidad a Los Ángeles para un concierto de Pink Floyd en MTV e inmediatamente la demanda estalló.

Según su propio relato, en unos pocos meses la nueva empresa, DC Solar, facturaba más de u$s60 millones al año contando según decían, a AT&T y T-Mobile entre sus primeros clientes. Fanático de las carreras de autos, Carpoff apuntó a las pistas de la NASCAR, donde también empezó a construir las torres de luz led en una mezcla de proveedor y sponsor de las carreras y los corredores más rápidos, llegando a tener colocadas a fines del año pasado unas 1.500 unidades en 16 pistas, lo que ponía su marca todos los fines de semana en las pantallas de casi 40 millones de norteamericanos. En 2016 el Departamento de Transporte de los EE.UU. calificaba a DC Solar como “una de las compañías privadas más incoativas del sector”. En junio del año siguiente la ciudad de Phoenix Arizona acordaba con la sociedad para que esta le proveyera electricidad gratuita en los espacios públicos. Para fines del año pasado DC Solar, con unos 100 empleados, decía tener más de 12.000 equipos vendidos, aparte de los que proporcionaban energía gratuita a distintas escuelas y universidades en California y Ohio.

Este éxito inmenso se reflejaba en la vida de los Carpoff, convertidos en figuras prominentes del mundo de la caridad en California que comenzaron a tener una vida cada vez más extravagante, con más de 90 automóviles, unas 20 propiedades, cuadros, joyas y hasta su propio equipo de béisbol. La fiesta de fin de año pasado, con el rapero Pit Bull como máxima estrella, fue una de las más comentadas por el jet set californiano. En tanto Jeff no descuidaba y era famoso entre sus empleados -de los mejor pagos en la industria- por sacar de tanto en tanto un fajo de billetes de su bolsillo -más de u$s 2.000- y el que mejor acertara el monto se los llevaba.

En el centro de todo esto estaban los incentivos impositivos detrás del uso de las energías renovables y en particular lo que se conoce como Tax equity Funds.

La idea es que DC Solar construía los generadores que compraban estos fondos. Aprovechando las ventajas fiscales los fondos pagaban u$s45.000 en efectivo (máximo del diferimiento impositivo) por las unidades que valían u$s150.000, las que luego alquilaban a los usuarios y esta renta cubría el dinero remanente más una ganancia para el inversor. Una docena de grandes inversores constituían el núcleo de estos Fondos, con Berkshire Hattaway, la nave insignia de Buffett en cabeza desde 2015 con más de u$s340 millones, seguida por la aseguradora Progressive Corp. con unos u$s150 millones y más atrás un grupo de seis bancos regionales.

Mientras todo esto ocurría, a mediados del año pasado Carpoff tomó una medida aparentemente inocua: despedir a uno de sus empleados. Furioso por la falta de indemnización, el hombre golpeó la puerta del FBI con el argumento casi pueril de que el número de máquinas vendidas que decía la firma era falso. El dique comenzó a resquebrajarse.

Pocos días después de la fiesta con Pitt Bull, el 20 de diciembre, los federales irrumpieron en la casa de los Carpoff, incautaron la propiedad, los automóviles y se llevaron u$s1,8 millones que estaban escondidos en distintas cajas. En febrero de este año, se presentaron las acusaciones formales a las que se sumó la SEC.

Lo que habían organizado los Carpoff era una inmensa estructura Ponzi por u$s800 millones, escondida detrás de un cúmulo de sociedades que ocultaban el número real de máquinas producidas y alquiladas. Según los números preliminares, de los u$s55 millones que decía ganar la empresa en 2016, en realidad u$s50 millones eran de nuevos inversores, usándose el dinero fresco para compensar a los más viejos y financiar los excesos de la pareja.

La compañía había construido apenas una fracción de las 12.000 unidades que se decía y la mayor parte de ellas no había sido alquilada, apareciendo arrumbadas en galpones y distintos lugares. Para convencer a los auditores, un equipo de los empleados se encargaba de colocar transponders GPS en lugar donde decía que estaban instaladas las máquinas.

Ahora Buffet se enfrenta al problema de no sólo perder el dinero invertido, sino que debe reintegrar al fisco las ventajas impositivas que obtuvo (en total unos u$s 377 millones), quedando en dudas hasta qué punto no movió sus músculos para apuntalar a DC Solar y sobre todo: ¿Cómo no se dio cuenta?

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario