Opiniones

¿Cómo se encuentra la economía pre-PASO 2019 vs. 2017?

Las elecciones se acercan y el Gobierno apunta a realizar el mismo programa económico que le garantizó el triunfo en 2017. Dólar barato y despegue del gasto público y privado, apalancados en créditos.

Ya en la recta final hacia las elecciones presidenciales, el oficialismo busca implementar el mismo programa económico que le permitió un buen desempeño en las legislativas de 2017. Lograda la venia del FMI para frenar el dólar hasta octubre en base a la venta de reservas fondeadas por sus créditos, el camino a la implementación del populismo financiero (dólar barato y despegue del gasto público y privado, apalancados en créditos) se encuentra despejado.

El dólar planchado permite amansar la inflación, amortiguando su impacto sobre los salarios e ingresos de la seguridad social. La temporalidad de los aumentos pactados en paritarias y la tradicional suba de las jubilaciones en septiembre, permiten vislumbrar cierta recuperación del consumo (o, por lo menos, frenar su estrepitosa caída). La agresiva política de créditos de la ANSES apunta a fortalecer esa recuperación del consumo privado. Mientras, el Estado parece dispuesto a sacrificar por unos meses su obsesión por el déficit cero (primario, que excluye a los intereses de la deuda que desangran las finanzas públicas), manteniendo las tarifas e impulsando la obra pública nacional.

El programa económico electoral busca emular el implementado en 2017. Sin embargo, el contexto en que se implementa es muy diferente. Los principales indicadores macroeconómicos muestran que la economía de las PASO 2019 se encuentra un escalón más abajo que la economía de las PASO 2017. Comenzando por la actividad económica, el nivel de actividad de que se parte es aproximadamente 4 puntos porcentuales menos que el de la previa electoral de 2017. En sectores como la industria, la actividad en mayo de 2019 se encontraba 8 puntos

La estabilización del dólar se estableció partiendo de un tipo de cambio real (TCR) mucho más elevado que en la previa electoral de 2017. El TCR bilateral con los EEUU de junio de 2019 era un 42% más elevado que el mismo mes de 2017. Si bien ello brinda un mayor colchón para el retraso cambiario electoral, tiene implícito un punto de partida distributivo mucho más regresivo, además de haber sido el resultado de una abrupta devaluación previa que exacerbó la dinámica inflacionaria.

Así, la tasa de aumentos de los precios en la previa electoral de 2019 es mucho más elevada que en 2017. La inflación interanual de junio de 2019 de 56% en la general y 61% en alimentos, superan ampliamente el 22-3% que registraban en el mismo mes de 2017. La inflación mensual de junio de este año (2,7% general y 2,6% en alimentos) más que duplica las del mismo mes de 2017, indicando una inercia inflacionaria mayor para los meses electorales, aún con un dólar planchado.

En materia de ingresos, el poder de compra de los salarios en la previa electoral de 2019 se encuentra 10 a 13 puntos porcentuales por debajo de su nivel en 2017. En el caso del salario real del sector privado registrado, su poder adquisitivo a abril de 2019 era un 10% más bajo que en el mismo mes de 2017. El deterioro del salario público y del privado no registrado es levemente mayor.

Si bien la reactivación electoral se apoya centralmente en la expansión de créditos fondeados por la ANSES, esa política debe competir con un mercado de créditos privados totalmente paralizado. El stock de créditos de los bancos al sector privado de 2019 es un 64% menor en poder adquisitivo al stock de 2018. En la comparación de las previas electorales, el stock de crédito real de junio de 2019 fue un 27% menor al del mismo mes de 2017 (-33% si se excluyen los hipotecarios). De esa manera, aún de ejecutarse la totalidad de los créditos personales de la ANSES, sólo alcanzarían a compensar un 30% del derrumbe del crédito privado).

* Director CESO

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