Política

Congreso polarizado: tropa K saborea quorum en Senado; "libres" se cotizan en Diputados

El serpenteante Sergio Massa se calza el traje del peronista con témpera -hoy acuarela- PRO, Emilio Monzó, para hacerse cargo de una compleja Cámara baja.

Desde el comienzo del corriente siglo, el Congreso se convirtió en varias ocasiones en un circo más que una zona de representación del pueblo y provincias donde se discuten, con seriedad y rigurosidad, la agenda productiva, económica y social del país, entre otras cuestiones. Anoche, la victoria que logró el kirchnerista Alberto Fernández dejó un panorama megapolarizado para el 10 de diciembre próximo en el ámbito legislativo, con un futuro oficialista Frente de Todos que podrá saborear -gracias a aliados- un casi seguro quorum en el Senado, aunque deberá afrontar un panorama muy complejo en Diputados.

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En el Senado, que pasará a ser comandado por Cristina de Kirchner, soldados de la futura vicepresidente obtuvieron muy buenos resultados en seis de los ocho distritos donde se votó para el recambio en la Cámara alta y engrosarán las filas del bloque Frente para la Victoria, que pasará en número al del peronismo que abraza a Alberto Fernández. Entonces, entre cristinistas y justicialistas, más aliados varios seguros como los santiagueños -Claudia Ledesma Abdala, esposa del gobernador, Gerardo Zamora, es fanática de la exjefa de Estado- o circunstanciales, como los renovadores misioneros, el Frente de Todos no tendrá problemas para iniciar las sesiones por cuenta propia y votar todos los proyectos que necesiten mayoría simple y absoluta de los votos, mientras que la buena elección del macrismo frena, en la previa, cualquier intento de búsqueda de dos tercios.

Algunos peronistas -hoy son manejados por el cordobés Carlos Caserio, que desoyó al gobernador, Juan Schiaretti, y militó por Alberto Fernández-reconocieron a Ámbito Financiero un cierto temor sobre la influencia que tendrá el cristinismo no sólo en el Senado, sino también en la gestión del país. Durante el macrismo, los gobernadores esquilmaron a la Casa Rosada -con algunos reclamos entendibles e históricos- y dejaron a sus provincias equilibradas -tras años de injusticias K- pero a Nación desfinanciada. En los últimos meses, los mandatarios provinciales reelectos, que en su mayoría responden a Alberto Fernández, deberán revalidar las fuertes negociaciones y más que positivos ingresos para sus distritos en estos tres años y medio ya no ante un “opositor”, sino ante un supuesto “compañero”.

Cristina de Kirchner tendrá en sus manos un colosal presupuesto de fondos públicos para manejar y adoctrinar a propios y extraños en el Senado. Gabriela Michetti tuvo una gran oportunidad de cambiar cuestiones oscuras en cuanto a transparencia de la Cámara alta y bienestar de los empleados legislativos pero quedó rápido en el camino y cayó, como casi todos los que manejan ese espacio, con penosos guiños a descontroles. En cuanto a lo político, quedó desde el inicio alejada de cualquier diálogo o negociación. Con el arribo de Cristina de Kirchner, el panorama es, con creces, desalentador.

En Diputados, el ahora kirchnerista y siempre serpenteante Sergio Massa se calzará -a menos que ocurra algo inesperado- el traje de presidente de Diputados que dejará el peronista con témpera -hoy acuarela- PRO, Emilio Monzó. Reacio a cumplir con su palabra, el oscilante tigrense tendrá que manejar una Cámara baja ultrapolarizada. De hecho, entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio se disputarán desde el 10 de diciembre, con pases y búsqueda de aliados, convertirse en primera minoría. Ambos estarán, a grandes rasgos, a 9-10 legisladores del quorum (129), aunque con ventaja para quien tenga la chequera en mano, es decir, el futuro oficialismo, y la ayuda de aliados circunstanciales. Por eso cotizarán en alza silvestres, sueltos y libres en ese recinto.

Massa se encontrará con una gestión que enfocó la lupa en la transparencia y un uso eficiente de recursos. Sin embargo, y pese a los esfuerzos de algunos directivos de la Cámara baja que responden a Monzó, Diputados continúa con una pésima publicación de las resoluciones administrativas y aún más oscura de los decretos presidenciales. En ambos casos, con insólitas demoras.

Al margen de las cuentas iniciales, aún resta saber si la reconstrucción del macrismo modificará los supuestos interbloques que habrá desde el 10 de diciembre. Con el correr de los siguientes días reaparecerán pujas varias, desencantados que prefieren dar un paso al costado con cierta sutileza y amigos discretos del kirchnerismo que serán útiles para futuras votaciones. El Frente de Todos también deberá cumplir con la consigna del nombre de su fuerza antes de asumir, con interesados que se desviven por ministerios en puja entre peronistas y camporistas y alta desconfianza entre justicialistas y camporistas.

En el horizonte del futuro Congreso aparecen dos discusiones clave: el Presupuesto 2020 y el reperfilamiento de la deuda. Las primeras señales del kirchnerismo no apuntaron a esas importantes leyes sino a fomentar una polémica ley de góndolas que fomentó desde un inicio el piquetero papal, Juan Grabois, para regular los espacios que cada producto deberá tener en los supermercados.

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