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Corea: de la opacidad absoluta y el encierro al panóptico digital

• JULIÁN VARSAVSKY ES UNO DE LOS ESCRITORES DE "COREA, DOS CARAS EXTREMAS DE UNA MISMA NACIÓN"
Los autores subrayan puntos en los que el comunismo dinástico y el hipercapitalismo desaforado se parecen más de lo que podría imaginarse.

Dos investigadores argentinos estuvieron al mismo tiempo, cada uno por su lado, buscando entender lo que ocurre en los dos lados de Corea. Mientras Corea del Norte realiza una operación dinástica totalitaria amenazante, Corea de Sur es un laboratorio de la sociedad tecnocapitalista del futuro. Cuando Daniel Wizenberg y Julián Varsavsky descubrieron que podían confrontar sus experiencias surgió "Corea, dos caras extremas de una misma nación" (Ediciones Continente), con los contrastes de una zona que centra la atención y la tensión mundial. Dialogamos con Varsavsky, viajero, cronista y licenciado en Ciencias de la Comunicación UBA.

Periodista: ¿Cómo surge la idea de confrontar "las dos caras extremas de una misma nación" que cada uno había visto por su lado?

Julián Varsavsky: Daniel (Wizenberg) había publicado en la revista digital Anfibia una crónica de su visita a Corea del Norte donde contaba que en el hotel más lujoso de Pionyang, en pleno invierno, tenía que cenar con la campera puesta porque no había calefacción. Yo acababa de volver de Corea del Sur donde un alto funcionario de Samsung, un norteamericano en Seúl, me había contado que en pleno invierno, con 20 grados bajo cero, no prendían la calefacción y tenían que trabajar con campera. Ese rigor de ahorrar en un lado era porque no tenían como no hacerlo y en el otro de un modo innecesario, porque les sobraba. Había puntos en que el comunismo dinástico y el hipercapitalismo desaforado se parecían más de lo que uno se podía imaginar. Comencé a chatear con Daniel, que estaba cubriendo una guerra en Azerbaiyán, nos pusimos de acuerdo en enfrentar en un libro la Corea que habíamos recorrido.

P.: Por un lado un comunismo monárquico y surrealista, por el otro un tecnocapitalismo proyectando el futuro. Parece el dios Jano con un mismo cuerpo y una cara hacia el pasado y la otra al porvenir sentado sobre un polvorín nuclear.

J.V.:
Dos caras opuestas de una nación de siglos que fue dividida por la mitad, por el paralelo 38, por EE. UU. Y la URSS. Nadie los consultó. Lo curioso es que de cada lado llevaron el modelo a su máxima expresión. La experiencia comunista de los Kim solo se parece a la de Pol Pot, es tan extrema que llega a establecer una dinastía, que va ya por padre, hijo y nieto. Una religión de idolatría hacia el poder infinito y milagroso del líder sacralizado, algo que ni existió en tiempos de Stalin. Frente a eso en Corea del Sur las exigencias en los estudios y el trabajo sin comparación mundial. Esa exigencia forjó la concentración de la opulencia empresaria de los chaebol, término que une riqueza y clan, definitorio del poder político. Esa radicalidad extremista pareciera estar enraizada en la cultura en sectores totalmente opuestos.

P.: ¿La exigencia como principio da en el Sur en una sociedad de la transparencia y en el Norte de un orden hermético, totalitario?

J.V.:
El camino a los extremos se repite. Corea del Norte busca la opacidad absoluta, de un encierro inédito en la Tierra. Que los de adentro no vean nada de afuera. Han armado una muralla digital infranqueable. Hacia adentro usan el modelo del panóptico de Foucault, un Gran Hermano que controla todo. Nadie va a decir algo que no sea lo que han ordenado decir, el discurso oficial laudatorio. Es un sistema de control sin fisuras.

P.: En Corea del Sur es el exacto opuesto.

J.V.:
Para entenderlo utilizamos el modelo del panóptico digital del filósofo surcoreano Byung Chul Han. Plantea que en la sociedad de la transparencia post guerra fría ya no sirve el panóptico analógico de Foucault porque ya no hay más un Big Brother porque no hace falta. Ahora exponemos toda nuestra información, toda nuestra intimidad en las redes sociales. Construimos un mundo multiperspectivista donde nos ven de todos lados, y todos controlamos a todos. El panóptico digital es de voyeurismo y exhibicionismo. Nos sentimos libres, pero hay una nueva servidumbre. Las nuevas tecnologías, que no paran de crecer, por caso a través de la surcoreana Samsung, nos ayudan a cuidarnos, a controlarnos, y a autoexplotarnos. Con los dispositivos que ayudan a medir nuestra salud, nuestra productividad, nuestro cansancio, incorporamos el control en nosotros mismos en función de maximizar el rendimiento. Todos somos nuestro propio panóptico. Es por eso, por ser el propio jefe, que crece el síndrome de burnout, los infartos neuronales, el estrés, la depresión. Acaso por esto Corea del Sur, con su producción de realizaciones de vanguardia, tiene las más alta tasa de suicidios del mundo desarrollado.

P.: ¿Es cierto que "Corea, dos caras extremas de una misma nación" por su actitud crítica sería prohibido en las dos Coreas?

J.V.:
No, en Corea del Sur saldría pero se perdería en medio de la inmensa cantidad de información que inunda a la población. En Corea del Norte no podría publicarse. El representante español de Corea del Norte puso en su Facebook que nuestro libro estaba hecho con desperdicios de cables de la CIA, que es otro ejemplo de propaganda imperialista. Estamos orgullos de nuestra independencia, de ser críticos hacia ambos lados.

P.: ¿Cómo fue estar en medio del polvorín nuclear del planeta?

J.V.:
En mi caso, desde Corea del Sur no se siente, es algo que sabés que está, y los surcoreanos solo están ocupados en estudiar, trabajar y producir.

P.: ¿En que está trabajando ahora?

J.V.:
En un libro sobre Japón. Cuando estuve, hace poco, justamente me pasó un misil de Corea de Norte por arriba de la cabeza. El nuevo libro, como en éste, aplicará elementos de la crónica, de la literatura, la filosofía, la economía y la sociología para buscar de entender ese tecnocapitalismo confuciano tan singular que se aplica en los países asiáticos y que es muy distinto del capitalismo occidental.

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