Economía

Crisis, Fondo y Trump: el peor día en la historia del mercado

La Argentina, complicada entre dos frentes. La confianza perdida y la inflación contra antecedentes que condenan. La salida a tiempo de Christine Lagarde, las ironías de Washington y el amigo Bolsonaro.

La mayor caída accionaria, la mayor suba de la tasa de riesgo-país y la quinceava mayor suba del dólar, desde que tenemos datos fiables. Innegablemente la del lunes fue la peor jornada financiera en las historia argentina de las últimas seis décadas y posiblemente la peor en más de 100 años. La tremenda magnitud de lo sucedido, que no amaina, aún no ha llegado al bolsillo de los argentinos pero pronto lo hará y casi con venganza.

¿Qué pasó?. Para ponerlo fácil: se quebró la confianza del mundo en la Argentina. Se quebró la confianza en un Presidente que prometía un cambio y entregó más inflación, mas recesión, más deuda, más pobreza y encima de todo, el FMI (desde ya que también se hicieron cosas buenas, pero esas a los inversores internacionales no les importan). Después algunos se sorprenden de que el peronismo este a un tris de hacerse del gobierno.

Sobre los Fernandez: ¿qué decir?. Si sus antecedentes no los condenan de antemano, el que Macri, que se suponía era “el bueno” y venía con “el mejor equipo de los últimos cincuenta años”, hiciera el desastre que hizo, más que se encarga de hacerlo. Así que afuera dejaron de confiar: Argentina no tiene remedio.

El mundo está más que acostumbrado a manejar los defaults argentinos y entonces no hay ningún temor (pero tampoco ninguna lástima). Para ellos la cuestión no pasa de ser una debacle más del mercado financiero argento, luego de algo tan nimio como es la Primaria para una elección que se realizará en octubre o noviembre. Es cierto que los que compraron bonos argentinos la están pasando mal -y peor si hay default-, pero allá ellos, eso les pasa por especular. Y los argentinos… votan y eligen como lo hacen y esperan resultados diferentes: ¿cómo era la definición de locura?.

El problema es que la cuestión es más complicada. Ni hablemos de las complicaciones para el país y sus habitantes.

En primer lugar, el FMI. Christine Lagarde debe estar riéndose desde su nuevo puesto al frente del Banco Central Europeo. Se escabulló a tiempo (¿rata quién?). Ella fue la principal responsable del mayor préstamo en la historia de la entidad a un acreedor que ha venido corriendo el arco de sus obligaciones una y otra vez, “patinándose la guita” en todo menos en impulsar la economía y que en cualquier momento dice “¡basta!”. Sin dudas, una gran política que merece conducir las finanzas del Viejo Continente.

Los que quedaron en Fondo, temblando. Muchos pusieron los “ganchos” prometiendo que lo prestado sería recuperado en tiempo y forma. Ahora eso es imposible y lo que se les está por venir se parece a un escándalo. Entonces la cuestión hoy no es tanto si Macron puede imponer a Kristina Goergeva al frente de la entidad, sino si ella quiere agarrar viaje.

Después, los EE.UU. En el Gobierno ni hablan de Trump. No es extraño, dicen que no levanta el teléfono porque “estar very busy”. Como buen hombre de negocios el Donald escondía la billetera cada vez que recibía un llamado de su “amigo Mauri”, aunque apoyo “del pico”, todo lo que hiciera falta. Así que hoy, cuando las palabras no alcanzan, no hay nada para nosotros. Es más, quienes aconsejaron al norteamericano que -en pos de neutralizar la izquierda populista sudaca- olvidara todas las “ofensas” que le hiciera el argentino antes de que entrara en la Casa Blanca, ni abren la boca. Para eso hoy lo tienen a un mucho más confiable y efectivo Bolsonaro.

Los más maquiavélicos incluso apuntan a que el Donald está casi de parabienes con la situación. No por la Argentina, por el Fondo. Si el escándalo estalla, será por culpa de los franceses y la Comunidad. Entonces los EE.UU. podrán hacer valer su peso en ese hato de “liberals”.

La realidad es que esta historia recién comienza, lleva apenas poco más de 72 horas (aunque con años de gestión). Si la tiene, su resolución no pasa por quién gane o quién pierda las elecciones en octubre. Su resolución pasa porque el mundo vuelva a confiar en la Argentina y para eso falta. Falta mucho.

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