Espectáculos

"Crónicas de Nueva York": la Gran Manzana según Macció

Mientras el mundo del arte espera la gran exposición antológica de este nombre clave en la pintura argentina, este museo privado viene a suplir su inexplicable ausencia en Bellas Artes o en el MAMBA.

El Museo Colección Amalia Lacroze de Fortabat presenta “Crónicas de Nueva York”, de Rómulo Macció (1931-2016). Mientras el mundo del arte espera la gran muestra antológica que Macció, clave en la historia del arte argentino, se merece, el Fortabat, un museo privado, cumple al brindar este primer homenaje. Instituciones como el Museo Nacional de Bellas Artes o el de Arte Moderno porteño, no tienen al artista en sus programas. La muestra del Fortabat es un viaje, un elocuente relato visual sobre la identidad de la gran metrópoli que reúne una serie de pinturas realizadas en Nueva York durante los años 80 y 90. Desde el principio de su carrera, en la década del 60, los ojos del artista acertaron a ver cuestiones esenciales de las cosas. Así, las pinturas de Nueva York exhiben el resplandor de los imponentes monumentos de cristal y de acero, la potencia de la energía urbana y el movimiento incesante, cualidades representadas en “Fifth Av.”. Macció mira el paisaje desde la ventana de un edificio, un ideal punto de vista de altura. Con escasos elementos compone la obra: un paredón espejado que se levanta sobre una marea de autos y unos pocos colores disonantes, negro, verde, rojo oscuro y el amarillo chillón de los taxis neoyorquinos. La imagen, intensa, suscita una avalancha de recuerdos.

Luego, frente a los grises invernales del Distrito Financiero, el artista ha pintado la estación de metro Fulton Street. La visión no es realista ni hiperrealista: es mental, conceptual. Por Fulton pasan varias líneas en dirección a Brooklyn y así se consolida la idea de esta pintura: el viaje. Por lo demás, Macció cita el Pop art con los dos globos rojos que rematan las columnas del metro y quiebran la monotonía de los grises. El arte revela su naturaleza ficticia.

Hay tres paisajes decididamente bellos, “Nieve en Uptown” y “Snow in Uptown”, con la ciudad blanca y casi abstracta, y también “Amsterdam Street”, con un auto rojo semi-enterrado en la nieve. El tiempo se ha detenido y se percibe el silencio que engendra la nieve. El lienzo, en crudo, aparece en las superficies blancas sin pintar. Un artista sensible como pocos, Ernesto Ballesteros, mira la obra y observa; “Y qué hermosas las zonas que no pintaba. ¡Qué swing tenía para dejar la tela en blanco!”.

Los colores y las formas aparecen exaltados, fuera de su cotidianeidad. El pintor procura el sentimiento que supo destacar el poeta neoyorquino George Oppen: “esa emoción/ Que causa/ El ver”. Oppen habla de la capacidad de mirar y, señala: “La emoción más tremendamente convincente que tenemos es la que nos obliga a mirar, a conocer, y si podemos, a ver”. Oppen traduce sus visiones en palabras; Macció, desconfía de la teoría, va en busca de lo inefable.

En efecto, las pinturas representan ópticamente la identidad de Manhattan. Hay una escena nevada llamada “Papá Noel de la 5ª Av. al Bowery” donde se quiebra la idealización. Ataviados con el tradicional traje rojo, los personajes descansan de la jornada de actuación en las tiendas tomando cerveza. Algunos ya están tirados, inertes, en la nieve. Un campo blanco domina la pintura y en la fachada de un edificio hay un cartel pobretón del Palace Hotel suburbano. La exposición pega un salto en el tiempo y aparece la misma fachada del Palace Hotel de la Avenida Bowery, bañada ahora por el sol del verano.

Quienes vieron en la Fundación Klemm hace décadas las muestras dedicadas a Nueva York recuerdan algunas pinturas por su condición pregnante, como la inolvidable y lograda “Sun and cold on Nassau Street”. Hay una negra con un tapado de piel blanco en primer plano; detrás, la gente camina ensimismada. La imagen exhibe el frío de la noche y de la soledad, sentimiento que acecha siempre en la gran ciudad. “Irish Pub” es un guiño a la magia de Hopper. “Sak’s Fifth Avenue at night” y “En la tienda”, son pinturas que hablan de la condición humana. En las vidrieras, las ambiguas mujercitas, delgadas y estáticas, tienen la apariencia de los maniquíes. No obstante, resulta imposible discriminar si son personas reales o un simulacro, un montaje de hermosas muñecas o, acaso, tal vez, vendedoras uniformadas de pies a cabeza. Y por incisiva que sea la mirada, la imagen no hace otra cosa que alimentar las dudas.

Joven mimado del Instituto Di Tella, Macció se inició en la gráfica publicitaria, presentó en 1956 su primera exposición individual y participó en las Bienales de Venecia de 1968 y 1988. Obtuvo el Premio Internacional Di Tella en 1963, concursando con Pierre Alechinsky, Antonio Saura, Larry Rivers y Kitaj. Formó junto a Jorge de la Vega, Ernesto Deira y Luis Felipe Noé, el grupo “Otra Figuración”, que cambió el rumbo del arte en la Argentina con una propuesta desprejuiciada e irreverente.

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