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¿Cuál es la naturaleza de la crisis?

Desde el Gobierno y el FMI se afirma que la crisis tocó fondo y estamos empezando a salir. Pero nadie pone en duda que el PBI del 2019 volverá a caer y que aun de producirse la tibia recuperación que algunos auguran para 2020 no se alcanzará a retornar al PBI de 2017 y tampoco al del 2015. El pronunciado deterioro de la situación social y una inflación que ahora tiene un piso de 3 % mensual, definen hoy la coyuntura económica. Sin embargo, desde el Palacio de Hacienda pretenden justificarse afirmando que lo que ocurre es que el país tiene que remontar un desgobierno de los último 70 años y que lo que hoy padecemos es sólo una manifestación más, del habitual ciclo económico que vivimos desde entonces, en todo caso, agravado por la herencia recibida y el empeoramiento de la situación internacional.

Sin embargo en estos días lo más grave es que un riesgo país con presión ascendente y la necesidad de mantener insostenibles tasas de interés, reflejan que el Gobierno, más allá de oneroso sostén del “dólar electoral” que lleva adelante, sólo está postergando el estallido de una nueva e inexorable crisis cambiaria y de pagos internacionales. Y ello implica que el país está enfrentado a una “megacrisis”, que sólo de tanto en tanto sufrió el país.

Cuando la gravedad de la situación determina que se visualice en el horizonte un estallido macroeconómico, puede afirmarse que el país no está frente a una “simple” recesión, como el actual Gobierno sufrió en 2016 y el anterior en 2009, 2012 y 2014. Estamos ante una de las grandes megacrisis que ha sufrido la Argentina.

En 2015, el último año de gestión del gobierno anterior, hubo un crecimiento de 2,5 % del PBI –según las cifras ya revisadas del INDEC–, aunque la economía presentaba graves desequilibrios. Pero una megacrisis como la actual constituye un fenómeno cualitativamente distinto a las oscilaciones del ciclo, no sólo por la magnitud del deterioro de la economía, sino porque la sociedad se enfrenta a un precipicio cuyo fondo no se vislumbra y las autoridades económicas se ven impotentes para contener la caída.

Por otra parte, suponer que los problemas que afectan al país se remontan a los últimos 70 años refleja un gran desconocimiento de la historia nacional.

La misma ignorancia muestran quienes afirman que el Banco Central es responsable de la inflación. Desde los albores de la Independencia hasta la creación del Banco Central Argentina estuvo expuesta a fuertes oscilaciones en la marcha de los precios –hablamos de variaciones de decenas de puntos porcentuales- con prolongados ciclos de aumento, seguidos de una aun mas nociva deflación. Hubo graves quiebras bancarias asociadas generalmente a la excesiva expansión del crédito de bancos privados y estatales a partir del ingreso de grandes empréstitos del exterior. Si la inflación no fue mayor fue porque en general se fijaban paridades respecto al oro que, como en la convertibilidad de Cavallo, llevaron a grandes crisis externas, aun en décadas de acelerado crecimiento económico. La nutrida historiografía sobre aquellas crisis -realizadas por destacados investigadores argentinos y extranjeros- se divide entre los que atribuyen los desequilibrios a la emisión monetaria y la que lo explica básicamente por el irresponsable uso de la deuda externa y el déficit en el balance cambiario.

Los 70 años del planteo oficial nos retrotraen a 1949. En esos tiempos de bonanza se avanzaba en el incremento de los costos laborales, asociado al desarrollo de un pronunciado mejoramiento de la política social. Se estaban gastando los últimos lingotes de oro almacenados en las arcas del Banco Central durante la guerra. Había distorsiones en el manejo del producido de las exportaciones, concentradas por el Estado en el IAPI y una política monetaria y fiscal inconsistente. Ello llevó a un deterioro de las cuentas públicas y el sector externo, que obligó a aplicar en 1952 un fuerte y doloroso ajuste que resultó, en gran medida, exitoso.

Pero, considerar que el origen de todos los males comenzaron con Perón ¿implica reivindicar al golpe militar semifachista de 1943, que se mantuvo en el poder hasta el ascenso del “tirano prófugo”, golpe que encontró en la desmesurada corrupción, la decadencia y la falta de legitimidad del gobierno de Castillo los argumentos que justificaron su accionar? O quizás ¿implica reivindicar la bien llamada “década infame”, que abarca desde el golpe de 1930 al de 1943? Esta fue una etapa donde el llamado “fraude patriótico” dio lugar a gobiernos completamente aislados de la voluntad popular. Tiempos de abstención electoral del partido mayoritario, el radicalismo, e incluso de insurrecciones.

La corrupción alcanzó ribetes impresionantes. Basta como ejemplo señalar que la investigación sobre los negociados con la carne que en 1935 impulsó Lisandro de la Torre, llevaron al asesinato del senador Enzo Bordabehere en el recinto del Senado. Implicados en los escándalos se encontraban las más altas autoridades nacionales.

Por otra parte, lejos del modelo que aparentemente se está reivindicando, en la década del 30 se establecen las bases del intervencionismo del Estado en la economía que luego profundizaría Perón. Se crearon montones de Juntas Reguladoras: para las carnes, los cereales, el algodón, la yerba, la leche, el vino etc. También se crean múltiples empresas estatales como la Corporación Argentina de Carnes, el complejo de Fabricaciones Militares y Altos Hornos Zapla entre otras.

La grave situación económica heredada de la crisis del 30 –cuando al país agroexportador se le había cerrado el acceso al mercado europeo– se tradujo en una durísima situación social, con gran conflictividad, que se prolongó el tiempo. Los acuerdos que Argentina firmó con los ingleses para paliar la situación –el más conocido fue el Roca-Runciman– se caracterizaron por conceder al país británico gigantescos beneficios que generaron, entonces, fuerte oposición política y hoy son duramente cuestionados por la mayor parte de los estudiosos,

El ahogo externo y luego el comienzo de la segunda guerra mundial, favorecieron un proceso de sustitución de importaciones, con mayor demanda de mano de obra. Pero simultáneamente el impacto de la crisis en el campo estimuló una masiva migración de la población rural a las ciudades, lo que mantuvo deprimidos los salarios Quienes llegaban de las provincias dieron nacimiento a la red de Villas Miseria que circundan al núcleo urbano de la Capital, empezando quizás con la céntrica Villa 31.

Si la crisis del 30 derrumbó la economía por largos años, si la drástica caída del nivel de precios en la primera mitad de la década profundizó la recesión. Si hubo un tremendo estatismo y la corrupción alcanzó niveles desproporcionados. ¿Porqué no ubicar el origen del problema nacional en los últimos 90 años, más precisamente en la crisis del 30, como hacen la mayor parte de los liberales que no caen en un gorilismo tan exacerbado?

De todas formas, los problemas de la economía argentina vienen de mucho antes de la crisis del 30 y además, el macrismo gobernó en buena parte de los últimos 90 años. Pero el tema será objeto de otras notas.

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