Espectáculos

Cuando lo bello atenúa el dolor

Dice el diccionario: “Baldío (adj.): terreno que no se cultiva ni da fruto; esfuerzo vano que no ofrece ningún resultado”. Los personajes de esta obra admiten ambas definiciones. Un joven que convierte su vida en un yermo espinoso por culpa del paco. Una madre que lucha por internarlo para que haga un tratamiento eficaz, al que el hijo se niega (por una ley del 2010, sólo el adicto puede autorizar su propia internación, salvo casos de probado riesgo de vida para otros o para sí mismo).

El padre ya dio el caso por perdido, se fue y formó otra familia. La madre ni puede concentrarse en su trabajo, donde además el jefe egocéntrico impulsa un mal clima (ella es una actriz seria, reducida a trabajar en un film de cuarta dirigido por un necio). Sólo tiene el sostén de una colega amiga, animosa y vital, y el afecto cordial y lejano de un hombre que ignora sus problemas. Película dura, tocante, seca. Duele, es incómoda. Pero aún así también tiene algo de hermosa. ¿De qué otro modo, sino mediante la belleza artística, podría soportarse lo que cuenta?

Admirables, el modo intenso pero a la vez contenido, austero, de la narración, hábilmente breve, la estilizada verdad de las escenas, la fotografía de perfecto blanco y negro, la música suave, casi secreta, la dirección de Inés de Oliveira Cézar. Y el elenco, encabezado por Mónica Galán en su película de despedida, y acaso su mejor actuación. Fue consciente, ella ya estaba enferma cuando se filmó, pero entonces pocos lo sabían. La acompañaron su hermana Graciela, directora de arte, la sobrina Saula Benavente, coguionista y coproductora, Luis Brandoni, en un cálido personaje, amigas. Pocas películas se hacen así, y son además tan buenas.

“Baldío” (Argentina, 2019). Dir.: I. de Oliveira Cézar. Int.: M. Galán, N. Mateo, G. Corrado.

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