Opiniones

Darle tiempo al tiempo no es una opción

Uno de los fundamentos para el cambio de fórmula de la movilidad jubilatoria fue que los haberes iban a ganar en términos reales. Sin embargo, los números muestran que esa promesa no se cumplió el año pasado y que tampoco se cumplirá este.

La era Macri comenzó con una serie de reformas y entre las más importantes se encuentran los cambios en el sistema previsional. Entre ellos, la Ley 27.426 de diciembre de 2017 estableció una nueva fórmula de cálculo de la movilidad jubilatoria que dispone que, a partir de marzo de 2018, las jubilaciones se actualicen trimestralmente por un índice que combina el 70% de la inflación con el 30% de la variación del RIPTE.

Uno de los fundamentos para el cambio de fórmula fue que los haberes iban a ganar en términos reales. Sin embargo, los números muestran que esa promesa no se cumplió el año pasado y que tampoco se cumplirá este año. En efecto, durante 2018 la movilidad fue del 28%, mientras que la inflación fue del 48%. En lo que va de 2019, la inflación a mayo fue de 19% y los aumentos del 12%. Incluso si consideramos la movilidad de junio (10,74%), los aumentos en 2019 no compensarán las pérdidas del período.

Si se analiza el período corrido desde septiembre de 2017 (última movilidad otorgada con la fórmula anterior) a mayo de 2019, el índice de precios al consumidor aumentó un 87%, mientras que la movilidad otorgada a los haberes previsionales fue del 44%. Tomando un ejemplo concreto, la jubilación mínima pasó de $ 7.246,64 en septiembre 2017 a $10.410,37 en mayo de 2019, mientras que el jubilado debería haber cobrado $13.533,33 para mantener el mismo poder adquisitivo. Es decir, el jubilado perdió un 30% en términos reales en ese período. Si tenemos en cuenta que con el último aumento de junio la jubilación mínima se incrementó a $11.528,44, vemos que todavía los haberes previsionales siguen corriendo por detrás a los precios.

Aun aunque se incorpore al cálculo anterior el bono otorgado en marzo de 2018 a modo de compensación por el empalme entre la movilidad vieja y la nueva (con montos de $375 y $750 según el tipo y monto de la jubilación), no se revierte la pérdida del poder compra de los haberes. Un caso especial han sido los ajustes a la AUH. Si bien esta prestación se actualiza trimestralmente con la movilidad jubilatoria, en marzo de este año se decidió otorgar un 46% de incremento “a cuenta” de la movilidad de todo el año.

Con esta decisión, desde septiembre 2017 a mayo 2019 la AUH se incrementó 88% (de $1.412 a $2.652), sólo 1 punto porcentual por encima de la inflación acumulada. Si estas cuentas se ajustan por los bonos otorgados ($400 en marzo de 2018, $1.200 en septiembre y $1.500 en diciembre de ese mismo año) las asignaciones ganaron poder de compra aunque, con una inflación positiva (decreciente, pero positiva al fin) dicha ganancia se va perdiendo a lo largo del año.

Entonces, ¿ha fallado la fórmula de movilidad? o ¿todavía el plazo es muy corto para responder esta pregunta? Aunque aún no es un tema que se esté discutiendo en la campaña electoral, diferentes plataformas han planteado el cambio de la fórmula de movilidad jubilatoria sin dar precisiones sobre cuál sería la fórmula propuesta. Darle tiempo al tiempo no es una opción para los adultos mayores y lograr el equilibrio entre la suficiencia de las prestaciones previsionales y la sustentabilidad del sistema será el mayor desafío que deberá asumir el próximo gobierno.

Las opiniones expresadas son personales y no necesariamente representan la opinión de la UCEMA.

(*) Dra. en Economía, Profesora de Economía, UCEMA.

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