Política

Debilidad argentina: a los presidentes se los prefiere abogados

Macri había cortado la tendencia. En otros países de América y Europa las profesiones de los mandatarios están más diversificadas.

Desde el regreso de la democracia, los abogados han tenido en el país un reinado silencioso: el de ser la profesión preferida por los argentinos a la hora de elegir presidente. Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando de la Rúa, Eduardo Duhalde (que completó el mandato del radical), Néstor Kirchner y Cristina de Kirchner egresaron de algunas de las facultades de Derecho que hay en el país. La interrupción se produjo con Mauricio Macri, un ingeniero civil egresado de la Universidad Católica Argentina (también marca la vuelta de tener un madatario surgido de la universidad pública). El triunfo, ayer, de Alberto Fernández vuelve a entronizar a un hombre de las leyes para ocupar el sillón de Rivadavia, después de este “desliz” de cuatro años. Egresado de la Universidad de Buenos Aires, casualmente en 1983, Fernández es hasta la actualidad profesor de Derecho Penal.

Esta tendencia se consolidó con la salida de la última dictadura militar. Anteriormente, el espectro de las ocupaciones de quienes alcanzaron el mayor cargo electivo en el país, por el voto popular, fue más variado. Juan Domingo Perón -tres veces presidente- cursó la carrera militar. Hubo un odontólogo, como Héctor Cámpora, y un médico, como Arturo Illia. Sólo Arturo Frondizi colgaba en la pared de su casa el título de egresado de la Facultad de Derecho.

En los comicios de ayer, esa particularidad quedó de manifiesto. Es cierto que el exjefe de Gabinete kirchnerista encabezaba la lista del partido más popular, pero se impuso sobre el resto que corrían con pocas chances por haber “equivocado” su profesión. La oferta electoral, además de Macri, era de dos economistas como Roberto Lavagna y José Luis Espert, un exmilitar como Juan José Gómez Centurión y Nicolás Del Caño, sin título universitario. Se podría pensar que la preponderancia de elegir a abogados como presidentes se repite también en otros países, pero no es así: es una debilidad bastante autóctona. Si se repasa a quienes ocupan la primera magistratura en los países de la región, queda claro que la Argentina, como en tantas cosas, marca la diferencia.

El actual presidente de Chile, Sebastián Piñera, es un empresario reconocido, y su antecesora, Michell Bachelet, tiene el título de médica. La misma profesión que el mandatario uruguayo Tabaré Vázquez, actualmente en el cargo. En Brasil, Jair Bolsonaro es exmilitar; en Paraguay, Mario Abdo Benítez es empresario; en Bolivia, Evo Morales tiene origen sindical; en Perú, Martín Vizcarra Cornejo es ingeniero civil; en Ecuador, Lenín Moreno es licenciado en Administración de Empresas. En Venezuela está Nicolás Maduro. El único caso en Sudamérica de un abogado al frente del país se da en Colombia con Iván Duque Márquez.

Pero aún abriendo más el mapa, en otros países importantes no hay abogados en cargos presidenciales. México tiene a un licenciado en Ciencias Políticas como Manuel López Obrador y Estados Unidos, con Donald Trump, a un empresario y conductor de TV. El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, por ejemplo, es un caso llamativo por la diversidad en cuanto a su formación. Es licenciado en Educación y Literatura inglesa. También, estudió ingeniería y tiene una maestría en Geografía.

En los principales países de Europa tampoco hay predominio por los estudiantes de leyes. En España, Pedro Sánchez, el presidente de Gobierno, es licenciado en Ciencias Económicas; en Francia, Emmanuel Macron estudió administración de empresas y es especialista en finanzas; en Alemania, la canciller Angela Merkel tiene un doctorado en Física mientras que el primer ministro inglés, Boris Johnson es periodista. El único abogado entre las potencias europeas es Giuseppe Conte, el presidente del consejo de ministros de Italia.

Este hábito argentino hace recordar un viejo dicho popular: “Serás lo que debás ser o serás abogrado”

Y, probablemente, presidente.

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