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Dejemos de contaminar

En este año se podría batir el récord mundial de alta temperatura, también se estima que las emisiones contaminantes de CO2 serán las mas elevadas del ultimo siglo. El consumo creciente de combustibles fósiles esta jugando un papel preponderante en el incremento de este tipo de emisiones, que antes de la Revolución Industrial eran casi nulas.

El cambio climático es un hecho global con un gran impacto negativo que irá aumentando año a año, si es que seguimos aumentando las emisiones contaminantes, como venimos haciendo desde la Revolución Industrial. Según CEPAL, las actuales emisiones contaminantes a nivel mundial son de 6 toneladas por habitante. Estabilizar el clima en un aumento no superior a 2 grados centígrados de temperatura en 2030 implica reducir estas emisiones a apenas 2 toneladas por habitante. Por esta razón es importante que las inversiones en infraestructura que hoy se están realizando (transporte, industrias, construcción, urbanización) que, probablemente estarán vigentes en las próximas décadas, sean consistente con esta importante exigencia sobre la reducción de emisiones por habitante en los próximos años.

Existe una gran desigualdad de carácter socialmente regresivo, ya que los núcleos poblacionales con ingresos más altos generan más emisiones por habitante que los sectores más humildes. Este hecho es obvio y está directamente vinculado a los distintos niveles de consumos energéticos. Al mismo tiempo, las personas más humildes son las más afectadas por el cambio climático ya que, por ejemplo, viven en áreas geográficas fácilmente inundables y más expuestas a otros fenómenos climáticos extremos.

Estamos en presencia de una externalidad negativa muy particular, porque es de carácter global y no local. Esto exige un enfoque institucional también de carácter global, definido mediante las negociaciones internacionales. La manera más eficaz de reducir las emisiones contaminantes podría ser la imposición de un tributo universal a esta externalidad también universal. Este tributo podría integrarse con los actuales impuestos a los combustibles que ya existen en muchos países, si bien con niveles de tributación muy dispares. De acuerdo con las últimas estimaciones del FMI sobre la magnitud económica de esta externalidad negativa el tributo debería ser de 70 dólares por tonelada de emisión de dióxido de carbono hacia el año 2030. Este impuesto haría subir el precio de la gasolina en 15 centavos de dólar por litro, además triplicaría el actual precio del carbón. No olvidar que el carbón es el fósil mas contaminante, ya que daña más que el petróleo y mucho más que el gas.

Esta imposición de tributos a las emisiones debería complementarse con una reducción de aquellos subsidios energéticos que estimulan aún más el consumo de combustibles contaminantes. El FMI estima que una tarificación eficiente de la energía hubiera reducido las emisiones mundiales de carbono en más de 20 por ciento en el año 2013, disminuyendo así drásticamente muchos daños ambientales, generando al mismo tiempo una recaudación fiscal adicional en el orden del 4 por ciento del PBI global. Este recurso financiero adicional podría haber sido dedicado a la promoción de las nuevas energías limpias, las inversiones en modernas infraestructuras no contaminantes y estímulos al desarrollo de procesos de captura y almacenaje del CO2, o simplemente a la reducción de impuestos regresivos y también de impuestos al trabajo.

Los gases que hoy se están emitiendo permanecerán en la atmósfera por un gran número de años. No está quedando mucho tiempo para enfrentar exitosamente este problema, ya que al actual ritmo de acumulación de CO2 en la atmósfera en apenas 20 años habríamos cruzado la barrera crítica de 450 ppm, de gases acumulados alrededor de nuestra Tierra.

Enfrentar la amenaza climática exige sin demoras una solución global; también es evidente que el creciente riesgo causado por más emisiones globales plantea la necesidad de una autoridad global, ya que está comprometido un importante bien común global. El futuro del planeta depende de la capacidad de la humanidad para diseñar instituciones y reglas económicas de carácter mundial, involucrando así a las casi 200 naciones firmantes del Acuerdo de París.

Academia Argentina

de Ciencias del Ambiente

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