Opiniones

Del país próspero a un presente incierto

Lo interesante es que luego de este breve revisionismo histórico acerca de la decadencia Argentina, nuestra sociedad aún se dirime en volver a cuestiones del pasado o pensar finalmente en un futuro distinto.

Si por algo recordaremos este año 2019 será tal vez por haber elegido nuevamente el fracaso como modelo de país. Los argentinos nuevamente seremos recordados por nuestra incapacidad de transformar estas tierras, que hoy se asemejan a un simple y vulgar lugar en un rincón del mundo, en una nación próspera y transitando los mismos carriles que el mundo desarrollado.

En las últimas elecciones (elecciones primarias, pero elecciones al fin) hemos puesto de manifiesto la extrema dificultad que tenemos los argentinos para definir el destino que deseamos tener como país. Ya no es simplemente la discusión acerca de que ideología partidaria preferimos o elegimos en cada acto democrático de votación, sino que es algo bastante más profundo y esencial que aquella pequeñez.

Cuando uno se detiene por algún instante a observar parte de nuestra reciente historia, uno se encuentra con ante camino recorrido que ha tenido un elevado grado de siniestro cinismo, camino éste que comenzó allá por mediados del Siglo XX, cuando nuestra tierra era un lugar de oportunidades, una máquina de sacar gente de la pobreza y el comienzo de lo que debió haber sido en algún momento del siguiente siglo, un país próspero.

Incluso nuestros niveles de vida se asemejaban a los de un norteamericano: nuestra riqueza per cápita representaba el 97% de la riqueza de un habitante de los EEUU (hoy apenas representa el 14%). Fuimos por aquellos años una nación rica, aunque en tal caso eso no era lo más relevante. Lo más trascendente residía en la idea de que las décadas venideras nos encontrarían a los argentinos viviendo entre riquezas. Aunque eso claramente, nunca ocurriría.

A partir de aquellas épocas, mientras que el mundo crecía que habían comenzado los tiempos de crecer a través del comercio, Argentina tenía entre manos otros planes: hacer exactamente lo contrario. La historia entendería que los equivocados claramente éramos nosotros.

Argentina a partir de aquel momento (quién ostentaba el quinto puesto en el ranking de riqueza per cápita, puesto que hoy se lo disputan entre Noruega e Irlanda) entra sin dudarlo en una franca decadencia, que la llevó a un presente que nos ha encontrado en el puesto setenta y uno de riqueza por habitante, puesto éste que hoy nos disputamos con países como Nauru, Gabón, Botsuana y República Dominicana.

En el mientras tanto de nuestro camino hacia la desdicha, quienes debían guiarnos nos hicieron creer que el mundo estaba equivocado. El mundo transitaba su destino hacia la apertura económica mientras nosotros adquiríamos con cierto grado de inconsciencia la insensatez de la sustitución de importaciones.

El mundo era cada vez más libre y rico, y nosotros cada vez más pobres y solitarios. También nos topamos con cuestiones como el neoliberalismo, la fuga de capitales, el vivir con lo nuestro, la justicia social, el Estado presente, la redistribución de la riqueza, el Estado de bienestar, los derechos del trabajador, los derechos sociales y cientos de cuestiones que hicieron creernos pioneros en los intentos por forjar un país de oportunidades para todos, aunque muy por el contrario fueron los grandes responsables (junto a los políticos que nos acompañaron en este brutal camino de empobrecimiento crónico) de habernos condenado al limbo social, cultural y económico, una especie de muerte que nadie se anima a declarar pero que tiene como verdugo a quienes nos han empobrecido y alejado del mundo desarrollado, ellos, la clase política que nos trajo hasta aquí década tras década.

La pobreza en niveles astronómicos, la falta de inversión, la falta de empleo (más que nada el empleo calificado), nuestro nivel educativo el franca decadencia y un país que no funciona, son sólo alguna de las consecuencias de haber hecho las cosas mal, creyendo que el resto del mundo era quién estaba equivocado.

Lo interesante es que luego de este breve revisionismo histórico acerca de la decadencia Argentina, nuestra sociedad aún se dirime en volver a cuestiones del pasado o pensar finalmente en un futuro distinto. En este presente lleno de mediocridad, increíblemente el futuro que aparentemente se avecina lo podremos encontrar rápidamente en nuestro reciente pasado. Ojalá Argentina alguna vez florezca y se asemeje a lo que hoy muchos deseamos, que no es más que un lugar en el mundo donde podamos crecer, desarrollarnos sin que el Estado nos intente empujar día a día hacia un abismo sin retorno. Queremos dejar de ser un pasado y empezar a ser futuro, un futuro en serio.

Manuel Adorni – Analista económico – Conferencista – Docente universitario – Twitter: @madorni

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