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Del "sueño" al drama: la historia de Óscar y Valeria, los migrantes que murieron en el río Bravo

El cuerpo del hombre de 26 años y de su hija de 23 meses aparecieron flotando en la frontera entre México y EE.UU. Habían recorrido 3.200 kilómetros con la ilusión de encontrar un futuro mejor.

Ciudad de México - Quizás por su delgadez, Tania Ávalos, salvadoreña de 21 años, llamaba cariñosamente “sequito” a su esposo Óscar Martínez, quien cumpliría 26 años en julio. Valeria, su robusta pequeña de casi dos años, era la “gorda” para quienes buscaban una vida mejor en Estados Unidos.

Soñaron más allá de fronteras, penurias y de los 3.200 kilómetros que recorrieron con terca esperanza. Sólo la corriente del río Bravo pudo quebrar a los Martínez Ávalos, a pocos metros de sortear uno de los obstáculos mayores.

En shock, Tania vio la tarde del domingo cómo Óscar y Valeria eran arrastrados y tragados por el río, el límite natural entre México y Estados Unidos. No supo más de ellos hasta la mañana del lunes.

Bomberos y rescatistas mexicanos hallaron sus cuerpos flotando, fundidos en un abrazo protector que estremeció al mundo, pues refleja con devastadora elocuencia el drama de la migración ilegal de Centroamérica a Estados Unidos.

Pero el primer acto de esta tragedia fue un episodio repetido hasta el cansancio entre miles de salvadoreños, hondureños y guatemaltecos. Tania y Óscar, que trabajaba de cocinero en una pizzería, estaban hartos de la pobreza y de las pandillas que aterrorizan a su barrio del este de San Salvador.

Ambos fantaseaban con ver a Valeria jugando y creciendo en la casa que tendrían cuando vivieran en Estados Unidos. “Tenían ese sueño americano, de lograr una mejor vida”, recuerda Rosa Ramírez, la madre de Óscar. El 3 de abril partieron de San Salvador, sin visas pero con claro rumbo al norte.

La joven familia atravesó primero Guatemala hasta llegar a la frontera con México. El curso habitual de miles de migrantes como ellos es cruzar el río Suchiate hasta Ciudad Hidalgo, en el extremo sur de México, y seguir luego hasta Tapachula, en el estado de Chiapas.

Familiares de Óscar indican que permanecieron allí dos meses donde comenzaron trámites migratorios. El expediente del caso señala que Tania contaba con un número de visa humanitaria, aunque sin precisar las características del documento.

Con algunos documentos que entregó el Gobierno mexicano, la familia decidió avanzar más de 1.800 kilómetros desde Chiapas hasta Matamoros, en la frontera con Estados Unidos. Existe poca información disponible sobre ese trayecto, salvo que fueron acompañados por otro salvadoreño, Miltón Paredes Menjivar, de 19 años.

El testimonio de Paredes indica que arribaron en la madrugada del domingo y se hospedaron en un hotel. Alrededor de las 8 de la mañana, tomaron un taxi hacia la oficina de migración ubicada en el “Puente Nuevo”, uno de los cuatro pasos de personas y carga que unen Matamoros con Brownsville, en Texas.

Su idea era anotarse en la fila de unas 200 personas diarias que inician el trámite de asilo en Estados Unidos, pero la oficina estaba cerrada, por lo que debían volver el lunes. Frustrados, fueron a comer para “hacer tiempo”, según relata Paredes, y fue entonces cuando decidieron que cruzarían el río. Regresaron y eligieron un punto a unos 500 metros del puente.

Los salvadoreños hicieron dos equipos: Óscar fue primero, cargando a Valeria en su espalda y metida bajo su camiseta, mientras que Paredes ayudó a Tania. La esposa relata que Óscar y Valeria ya casi llegaban al lado estadounidense, pero el cansancio y un fuerte viento que provocaba olas los empezó a vencer. Agotada y temerosa, Tania regresó como pudo al lado mexicano seguida de inmediato por Paredes.

Desde la orilla, aún pudo ver a su esposo y su hija, pero no por mucho tiempo más. Los cuerpos emergieron a la superficie el lunes, hinchados por la descomposición, que se acelera por las temperaturas de entre 35 y 40 grados de la zona, detalla Salazar.

Carlos Alberto, hermano mayor de Óscar que vive en Estados Unidos y esperaba apoyarlos al llegar, lamenta que desoyera sus consejos de seguir la ruta legal, solicitando el asilo. “No te vayas a arriesgar a pasar el río con una niña, le dije, es muy peligroso, ese río es muy criminal. No me hizo caso, lamentablemente pasó lo que pasó. Que descanse en paz mi hermano y mi sobrina”, dice.

Agencia AFP

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