Espectáculos

Demaría: "En teatro me interesa lo mítico, no las biografías"

Con dirección de Alfredo Arias, la obra retratará a la primera presidente mujer, aunque el autor aclara: "Es ficción. separo a la persona del personaje"

“La tragedia griega trabaja sobre mitos, y en varias de mis obras mitifico a mis personajes”, dice Gonzalo Demaría, prolífico autor que hoy cuenta con seis obras en cartel en simultáneo. En el Teatro San Martín estrenará el 18 de septiembre “Happyland”, con dirección de Alfredo Arias y actuaciones de Carlos Casella y María Merlino, en torno de la figura de Isabel Perón cuando fue derrocada por los militares y se recluyó en un castillo gótico de la Patagonia. Y también continúan presentándose “Tarascones” (Picadero), “Cabo verde” (Nün), “Un golem” (Timbre 4), “Romance del Baco y la Vaca” (Timbre 4) y “El diario del peludo” (El método Kairós), todas de Demaría. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Qué le atrajo de la figura de Isabelita?

Gonzalo Demaría: La parte mítica. Separo a la persona del personaje: no escribí sobre María Estela Martínez Casas de Perón porque no escribo biografías; tomo el aspecto mítico, no es ella, es la primera mujer presidente, lo que ocurre en la obra no es lo que ocurrió. Lo mismo cuando escribí en torno de Fanny Navarro, busqué mitificarla. Esos son mitos argentinos y el peronismo ha dado muchos. El teatro griego, base de nuestro teatro, se escribió todo sobre mitos. Quizá menos en comedia que en tragedia, Esquilo, Sófocles y Eurípides escriben sobre mitos. Y nosotros tenemos nuestra propia mitología, por ejemplo de Hipólito Yrigoyen tomé su figura para la obra “El diario del Peludo”; en “El romance del Baco y la Vaca” tomé al personaje mítico por excelencia, el gaucho. Y para escribirlo recurrí a la forma literaria mítica, que es la del Martín Fierro, las sextinas. Me propongo escribir de determinada manera y avanzo, no lo hago en todos los casos, sí en esta o en “Tarascones”.

P.: ¿Quiere decir que la forma se impone al contenido?

  • D.: No. Nunca me siento a ver adónde me lleva el diálogo, sé lo que quiero contar, quizá no sé adónde quiero llegar, pero sé qué personajes habrá y planteo una situación. En “Tarascones” son esas mujeres y la mucama que pateó al perrito y lo mató. Ese es el disparador. Luego, al ser una obra en verso, los caminos azarosos de la escritura y la rima me han llevado a situaciones. Esa es la libertad del juego. Pero siempre estoy dispuesto a escuchar a los personajes.

P.: ¿En qué sentido el mito gauchesco aparece en “El romance del Baco y la Vaca”?

  • D.: Aparecen dos mitos, el del gaucho y el de Pasifae, mujer enamorada de un toro que fue contado en “Las cretenses” por Eurípides. Mi obra surgió de un video que me mandaron en el que un dueño de chacra escrachaba a un peón que estaba teniendo sexo con su vaca y pensé que ahí podía haber una historia. En “Las cretenses” ese amor es más extremo aún porque es una mujer enamorada de un toro, es fuerte hasta por razones anatómicas. A la inversa supongo que la vaca, acostumbrada al toro, ni se entera de lo que le hace el gaucho. Pensé que era lindo contar una historia de amor así, sobre todo en los tiempos actuales del fin del amor y el inicio de otras formas de relación, me refiero al fin del amor vinculado al sufrimiento y al sometimiento. Quizá los griegos lo tenían más claro hace 2500 años, esto de pensar un amor así.

P.: ¿Cómo comenzó su vínculo con la escritura?

  • D.: En la primaria escribía diálogos y la maestra me propuso escribir la obrita del 25 mayo. Hice del Virrey Cisneros, el malo, ya ahí había una intuición dramática. Hacer Cornelio Saavedra me iba a aburrir. Eso denotaba algo con la dramaturgia. Tiene que ver con las ganas de jugar y el recuperar la niñez, no ser tan cuerdo. Tengo fácil acceso a la fantasía.

P.: ¿Cómo lleva el pasaje del papel a la escena?

  • D.: La obra que uno escribe tiene una realidad en el papel que no es necesariamente la realidad en el escenario. Uno descubre cosas en el trabajo con los actores y estoy muy acostumbrado a reescribir durante los ensayos. Además el teatro tiene algo de síntesis y mi escritura es más bien barroca, a veces tiendo a sobreescribir entonces corto mucho cuando veo que era demasiado.

P.: Sus obras están en los tres circuitos teatrales, off, comercial y oficial, ¿qué diferencias hay?

  • D.: Es excepcional para los autores argentinos; de todos modos detesto las etiquetas y que me pongan en un lugar, prefiero pasar de un lenguaje al otro y de un sistema de teatro al otro. Creo que los proyectos encuentran sus caminos, en el Cervantes me presentó Alejandra Flechner y en caso del San Martín llegué por Alfredo Arias.

P.: ¿Ahora qué está escribiendo?

G. D.: Estoy trabajando en un libro desde abril, es sobre un expediente que se creía perdido y encontré, un caso policial del año 42 llamado “Escándalo de los cadetes”. Es una historia de intrigas políticas, nazis, durante la Segunda Guerra, hay también persecusión homosexual, algo que no se sabía. En esta etapa final estoy en conversación con una editorial. Es un libro de no ficción, no un libro periodístico de consumo instantáneo, quiero hacer un libro un poco más allá, como Capote

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