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Demoliendo mitos en la historia del rock criollo

El libro, una historia del legendario grupo Los Gatos de Litto Nebbia y Pappo, entre otros, desmitifica leyendas como las de La Cueva del Once, donde no se podía cantar, y la de Tanguito en relación al tema “La Balsa”.

"En La Cueva del Once nadie cantaba: no estaba permitido hacerlo por problemas de volumen o vaya uno a saber por qué: directamente no había micrófono en el escenario para algún cantante. Lo que se pudiera escuchar por las noches, al menos durante el verano de 1967, solo era una especie de música de fondo".

Detalles de este tipo dan una noción totalmente desmitificada del comienzo del rock argentino en el flamante libro de Mario Antonelli, "A naufragar - La historia de Los Gatos". Autor de la biografía de Los Gatos Salvajes y de Los Shakers, Antonelli se pasó una década entrevistando leyendas del rock, examinando archivos inconseguibles, y analizando cada dato técnico de las grabaciones de Los Gatos junto a músicos del calibre de Andrés Calamaro, Claudio Gabis y Fito Páez. "Me interesó dar cuenta del significado que tuvo para la gente de la época la explosión rockera que implicaron Los Gatos. Y cuando hablo de rock no lo hago como ritmo musical, como el de Eddie Pequenino o Sandro y los de Fuego. Si entendemos el rock como cultura, eso empezó con Los Gatos", agrega Antonelli.

Los Gatos estaba integrado por Litto Nebbia, Ciro Fogliatta, Oscar Moro, Alfredo Toth, Kay Galifi y Norberto "Pappo" Napolitano, de modo que queda claro que una historia rigurosa de esta banda atraviesa de cabo a rabo todo lo producido en el rock nacional hasta este segundo decenio del siglo XXI. "Me harté de escuchar o leer las mismas cosas contadas sin la menor evidencia. De ahí que lo que me propuse en este libro es desmitificar cosas como la supuesta importancia de La Cueva del Once como génesis del rock argentino, ni mucho menos la supuesta autoría de Tanguito del hit 'La Balsa'", dice Antonelli.

"La Cueva o la Perla es un mito que resiste poco análisis. De hecho, por épocas, como en el verano de 1967, no dejaban cantar a nadie en el escenario. Sí, los dejaban ensayar por la tarde, de ahí que alguien podría recordar a Los Gatos en La Cueva, con el bajista Alfredo Toth, que de ningún modo podría aparecer ahí después de las 22 porque era menor de edad. Lo del baño de la Cueva, es decir La Perla del Once, y 'La Balsa', se lo dictó en el estudio el productor Jorge Álvarez, del sello Mandioca, a Tanguito, que lo repitió, y murió sin saber que había grabado un disco".

Desmitificando estas y otras cosas, Antonelli no se desanima a explicar la historia ni el momento del naufragio de Nebbia, preso por deserción al servicio militar, que se quedó allí mientras Fogliatta, Toth y Moro se van a los EE.UU. y descubren a Jimi Hendrix (1969), además de comprar, respectivamente, un nuevo órgano Hammond, una batería Ludwig y un bajo Gibson. La historia de Los Gatos sin Litto Nebbia alcanza momentos cumbre antes y después de estos párrafos del libro de Antonelli, que tal vez se eleva a momentos culminantes cuando narra la verdadera historia de la génesis de Norberto Napolitano, alias Papo, dotado de la doble "p" del medio por obvia sugerencia de Litto. Más allá de este tipo de condimentos, lo cierto es que "A Naufragar" ofrece una descripción vívida de la Argentina de fines de la década de 1960, cuando el gobierno de Onganía podía prohibir una canción, "El rey lloró", por "fomentar la lucha de clases".

No por nada, lo que más le llamó la atención a Antonelli luego de revisar las miles de cartas del club de fans de Los Gatos, fue que la canción favorita de los adolescentes de toda la Argentina no era "La Balsa", ni "Viento dile a la lluvia", ni "Ayer nomás", sino la psicodélica, progresiva y contestataria "Fuera de la ley", que con sus 11 minutos de duración probablemente siga siendo el mejor y tal vez por eso, menos difundido- tema del rock nacional.

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