Todas las competencias tienen sus matices en cuanto al trabajo de los mecánicos y el Mundial de Rally no es una excepción. Diferente a todos los demás, en esta competencia tienen tan sólo 45 minutos para hacer las reformas necesarias y dejar el auto de manera optima para el otro día.
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Todo arranca cuando el auto llega a su carpa asignada. El conductor se baja, habla con los mecánicos e ingenieros que hace una inspección ocular sin tocar el vehículo. Luego, se designan a cuatro personas que llevarán un brazalete fluorescente y serán los únicos habilitados para trabajar.
Ya con todos en sus posiciones, accionan el reloj y comienzan con los trabajos sin perder un sólo segundo. En menos de un minuto ya elevaron el auto, le sacaron las ruedas y parte de la carrocería para poder realizar una inspección más profunda. Dos se dedican exclusivamente a la tracción y las amortiguaciones, uno a la parte interior y el restante al motor.
Cada uno concentrado en su trabajo, poco importa si el de al lado está soldando y todas las chispas caen sobre tu ropa o si otro compañero necesita una herramienta especifica. Cada segundo vale oro, todos saben específicamente que trabajo tienen que hacer y cualquier error u omisión será la diferencia entre un piloto y otro en la próxima etapa.
Pasados los 45 minutos suena la chicharra, la pantalla se pone en rojo y un mecánico se encarga de llevarse el auto lejos de la carpa. La idea es que nadie pueda estar cerca del coche y que pase la noche en un lugar seguro de cualquier modificación. Las cartas están echadas y sólo la competencia demostrará si los mecánicos hicieron bien su trabajo.
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