"Gusti" Fernández, un N°1 que lucha por un tenis sin prejuicios

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El cordobés presentó su biografía, en la que busca dejar un mensaje claro: "Romper con el preconcepto de que discapacidad y el deporte no coinciden". En diálogo con ámbito.com, lanzó críticas como esperanzas hacia el futuro: "A base de muchos resultados, se logró que se empiece a respetar y valorar".

Levanta la copa de Roland Garros y del Abierto de Australia. La emoción lo invade, al fin cumple un par más de sus sueños. No fue nada fácil para Gustavo Fernández llegar a la cumbre. Pero el infarto medular que sufrió al año y medio de edad y lo obligó a usar silla de ruedas no le impidió ser tenista profesional. Su lucha mayor pasa por ahí: “Quiero romper con ese concepto: aunque sea adaptado, yo soy tenista”, es su lema.

“Me gustaría que la gente comprenda por qué me considero, junto a mi equipo, un deportista profesional, que logre sacarse ese preconcepto que se tiene con respecto a que la discapacidad y el deporte no coinciden”, apunta el cordobés en diálogo con ámbito.com.

Para él, haber tenido una invalidez desde niño no le impidió desarrollarse como persona ni como atleta. Por eso, su intención es también romper con esa barrera. “Quisiera que se empiece a lograr un poco más de objetividad al respecto y no quedarse con valorar o desvalorizar a una persona por si tiene o no una discapacidad. Creo que en el libro el mensaje está muy claro”, apunta.

La obra a la que hace referencia “Gusti” es “Hambre de Lobo”, su biografía escrita por el periodista Sebastián Torok y en el que repasa tanto su vida como su carrera profesional, que cuenta con dos títulos y seis finales de Grand Slam, y haber llegado a ser N°1 del mundo el año pasado (actualmente es el 3).

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En el libro, que tiene prólogo de Rafael Nadal, Fernández viaja permanentemente al pasado, pese a que no le gusta. “Soy bastante joven, valoro lo que hice pero estoy pendiente del acá y ahora”, argumenta, mientras cuenta que jamás pensó en tener una biografía. “Fue un proyecto muy lindo, brindé mi historia desnudamente, recordé cosas que no hacía y hay momentos muy emotivos”, alude.

La vida de Gustavo, hijo menor del exbasquetbolista de Atenas del mismo nombre, exigió luchas acordes a lo compleja que resultó. Su primer sueño fue ser deportista profesional, y el segundo, tenista. Como suele remarcar, la discapacidad no le impidió nada en absoluto.

Pese a que en pocos días más cumplirá 25 años, lleva una década de carrera y logró una importante cantidad de éxitos que lo catapultaron a la cima del ranking y a ser una de las figuras del circuito, junto al invencible japonés Shingo Kunieda y el británico Alfie Hewett. Pero a “Gusti” no le convence el mote de “estrella”. “Sí considero, y no me siento agrandado, que soy un gran jugador de tenis y súper profesional. Tuve excelentes resultados y también es para valorar. No solo en tenis adaptado, yo soy tenista. Creo que con eso ya me es suficiente y para mí, estar satisfecho y respetar mi trabajo significa mucho”, argumenta.

Al nacido en Río Tercero no le salen las palabras porque sí. Piensa, reflexiona, mide cada comentario. Desde calificarse a él mismo como buen jugador hasta las críticas a un sistema que a veces no es del todo justo. Por caso, en el último US Open, los tenistas sobre silla que iba a disputar el Grand Slam de Nueva York no pudieron acceder a las canchas de entrenamiento hasta dos días antes.

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Si bien Fernández acepta que estaban dentro del reglamento, su queja pasa precisamente por la normativa. “A veces uno siente, por algunas actitudes, que no saben qué vamos a hacer. Yo le entrego mi vida entera al tenis”, reclama. El respeto, aduce, es la clave de todo: “Me ha pasado con sponsors que sentí un desprecio muy grande y no seguí porque no me sentía respetado. Hay muchos aspectos que tienen que mejorar, aunque a mí no me gusta quejarme, pero parece que si uno no dice nada, la cosa no cambia”.

“El hecho de ganar menos plata que otros no me hace considerarme menos valedero ni me da o me quita prestigio. Si separamos en tenis y adaptado, yo no pienso cobrar lo mismo, el espectáculo que brindan ellos es mayor. Pero la brecha es muy grande”, advierte.

“Hoy el mundo se rige mucho por ver quién hace más plata. Me resisto, me niego y no voy a industrializar mi pensamiento”, lanza “Gusti” en una defensa de principios. Los mismos que lo hacen reprochar la forma de manejarse de la ITF: “El departamento de tenis sobre silla tiene que ir a nuestra altura, porque desarrollamos el circuito, y estar más en el día al día. Cambiar el calendario, el sistema de puntos, no crear otras categorías. Nos tienen que consultar más, y nosotros, los jugadores, unirnos más”.

Respecto a la situación argentina, la disciplina está regida por la Asociación Argentina de Tenis Adaptado, que es independiente. Según el exnúmero 1, la nueva cúpula de la AAT, por su parte, “mostró buena predisposición” para lograr ciertos cambios. “Necesitamos una dirigencia que esté dispuesta a guiar el camino del tenis en silla, que se rompan los preconceptos y que eso genere difusión, para luego avanzar sobre el relevamiento y reclutamiento de nuevos jugadores”, demanda.

“A base de muchos resultados, se logró que se empiece a respetar y valorar”, reflexiona sobre el presente en Argentina. Esos resultados son los que lo llevaron a ganar numerosos premios, aunque considera que muchas veces no fue evaluado “con la misma vara”. “Es un paso muy grande, respecto al ruptura de los conceptos, que el año pasado me hayan nombrado en Córdoba Deportista del año, de todos los deportes. En los Olimpia siento que no fueron objetivos”, indica.

No soy una estrella, pero sí considero, y no me siento agrandado, que soy un gran jugador de tenis y súper profesional. Tuve excelentes resultados y también es para valorar. No solo en tenis adaptado, yo soy tenista". (Gustavo Fernández)

“Gusti” viene de hacer semis en el Masters de fin de año en Orlando y hace un alto en la jornada de entrenamiento en el Racket Club para atender a los medios. La temporada es ardua y apenas tiene unos días de descanso. Le quedan varios objetivos por cumplir, cuenta: “Ser el mejor tenista posible. En cuanto a resultados, tengo una gran cuenta pendiente que son los Olímpicos, y siempre soñé con ganar los cuatro Grand Slams. Trabajaré para eso”.

El tenis es su pasión y se siente un afortunado por poder vivir de ella. Entre ilusiones y mensajes claros, suelta un consejo para aquellos más jóvenes que él que recién comienzan. “Que tengan los huevos y la valentía de luchar por sus sueños. El verdadero éxito es proponerse un objetivo y dejar todo para conseguirlo”, propone el hombre que ahora cuenta su hambre de lobo y pelea por más igualdad.

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