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La historia de Walter Alfonso, el masajista de Tinelli y pieza esencial en el equipo de la Davis

Tras una infancia humilde, llegó a ser asistente en varios equipos de diversos equipos, hasta que el conductor televisivo lo llevó a Bolívar Voley. En diálogo con Ámbito, contó la premonición de su hija sobre ganar la Ensaladera y la ascendencia que tiene en el equipo: "Lo mío es mezcla de masajes con terapia. Me entero cuando están mal y puedo aportar mi granito de arena".

En todo grupo suele haber un trabajador incansable que aporta mucho más que su experiencia y conocimiento. Se transforma en un eslabón irrompible y necesario superando incluso su función. Walter Alfonso es el masajista del equipo argentino de Copa Davis desde hace una década, y se convirtió en una pieza clave de unión y confianza para el elenco nacional.

Su historia de vida tiene muchas aristas y van desde lo deportivo a lo personal y familiar. Así como un día se encontró hablando por teléfono con Marcelo Tinelli, quien lo quería en su equipo de voley, tiempo después fue parte de la delegación que consiguió la Ensaladera de Plata en Zagreb en 2016. Esa presencia tiene un factor esencial: la premonición de su hija, quien perdió la vida en un fatídico accidente en su hogar años después.

“Estábamos viendo la final de 2008, y a mí no me gustaba el tenis. Después de perder la Copa, mi hija me dice: ‘Viejo, el día que vos estés ahí, vas a ganarla’. No me olvido más. Después rebobiné todo y fue tremendo, imaginate las vivencias que se le mezclan a uno”, cuenta Alfonso, de 56 años, en diálogo con Ámbito.

Copa Davis 2016 Final ¡¡¡ Argentina Campeona !!! Testimonio de Walter Alfonso en el festejo

Su imagen agitando la bandera argentina en el Arena Zagreb es una de las más recordadas de aquél heroico episodio para el tenis nacional. Su vinculación con el deporte de las raquetas comenzó en 2009, cuando llegó de la mano de Modesto “Tito” Vázquez, y tras un largo andar por varias disciplinas.

Antes de abordar el tenis, pasó por Boca y de ahí saltó directo a la Selección argentina de voley, donde Tinelli lo vio y se lo quiso llevar a su multiganador Bolívar. “Él me llamó a mi teléfono fijo para que trabaje ahí. Un día atiendo y me dicen: ‘Hola, soy Marcelo Tinelli’. Yo pensaba que era una cargada”, se ríe hoy, recordando el hilarante momento.

Esa capacidad que le vio el popular conductor (quien además lo incluyó en los planteles de básquet de San Lorenzo) lo llevó a ganarse un espacio en el equipo de Copa Davis. Pasó una década completa, con “Tito” Vázquez, Martín Jaite, Daniel Orsanic y Gastón Gaudio como capitanes, y el “Negro Walter” sigue ayudando a los tenistas. “Pienso que es por el profesionalismo que tuve en el día a día, más el apoyo que uno da”, analiza.

“Lo mío es una mezcla de masajes con terapia, porque me entero si están mal o si tienen problemas. Ya tengo mi camino hecho, y pienso que puedo dar mi granito de arena. Por mi trabajo, que es sanar desde otra línea, leo al cuerpo humano, entonces ya sé si se levantaron bien o mal, y eso me ayuda a saber si me puedo arrimar o hablar”, cuenta Alfonso.

Al masajista le tocó vivir cientos de anécdotas y situaciones en los diferentes grupos que compartió. Quizás uno de los momentos más álgidos fue en plena tormenta entre Juan Martín Del Potro y David Nalbandian. “Me pasó de estar en el medio de las peleas, pero como yo iba y hacía mi trabajo, me adaptaba. Son personas con las que no tenía contacto todos los días, y después hablaban delante de mí. Muchos pagarían por estar en ese lugar”, apunta sin tomar partido.

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Alfonso junto a Schwartzman, en una historia del Instagram del

Alfonso junto a Schwartzman, en una historia del Instagram del "Peque".

Alfonso nació en 1963 en Villa Corina, en Avellaneda, y transitó su infancia con humildad. Por eso trabajó desde muy chico: llegó a vender flores del rosedal de su madre en la calle, ya que vivía a cuatro cuadras del cementerio. Pero todo cambió un día cuando su mamá se cayó y se lastimó la rodilla.

“Siempre cuento que ella fue mi primer paciente. Yo tenía 11 años, y me imaginaba todo, la rótula y demás. Era tanto el empeño para que se curara que yo le veía todo, veía más allá de lo que le estaba tocando. Fue un impulso que, al componerse, me decía que tenía que seguir por ahí porque le había hecho muy bien”, invoca.

Pasados los años, continuó con diversos empleos y finalmente logró llegar a los estudios que lo metieron en el mundo del deporte. Aun cuando en 1982 fue reserva de las Fuerzas Armadas y estaba listo para combatir en Malvinas, aunque por muy poco no lo hizo.

Todos esos episodios no le fueron en vano y aprendió que “pasaron muchas cosas, uno reflexiona y ve que baja de una y sube a otra”. “La vida se presenta así, con pérdidas, cosas dolorosas, y también te da ganancias”, suelta con ideas claras.

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Alfonso, a la izquierda, junto al resto dela delegación argentina que viajó a Madrid para las Finales de Copa Davis.

Alfonso, a la izquierda, junto al resto dela delegación argentina que viajó a Madrid para las Finales de Copa Davis.

Entre vaivenes, peleas internas de tenistas y pases de un deporte al otro, llegó a hacer una clientela de famosos que incluyó al propio Tinelli, gente del espectáculo, la música y el mismísimo Diego Maradona. Pero es en el seno del equipo de Copa Davis donde tiene el mayor reconocimiento y palabras de afecto,

“Reconforta las cosas que dicen. Trato de vivir todo al máximo, y creo que la mayoría de los seres humanos perdimos eso”, dice convencido. Casi todos los jugadores lo tratan con cariño y le brindan su confianza. Es una pieza esencial del elenco argentino, que logra meterse en la intimidad de cada uno y recibe el cariño de todos.

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