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Despliegue del 5G: ¿qué tipo de dependencia tecnológica querés?

El desafío que plantea la nueva tecnología de comunicación móvil es geopolítico, estratégico, de largo plazo. Es necesario estar a la altura de las circunstancias y planificar, considerar, calcular, valorar quienes deberían ser nuestros proveedores-aliados y por qué. A ellos estaremos ligados (por lo menos) lo que resta del siglo.

La denominada “guerra fría" tecnológica entre Estados Unidos y China presenta diversas aristas a tener en cuenta; sus esquirlas no tardarán mucho en arribar a nuestro país y no sólo la cuestión pasa por el comercio. Veamos qué ocurre con la nueva generación de comunicaciones móviles, el 5G, que poco a poco va desembarcando en todo el globo, y arribará más temprano que tarde a Argentina.

El sector de telecomunicaciones es actualmente crítico para el desarrollo y la innovación en productos, servicios y procesos en el conjunto de las industrias y en la sociedad en general. Es clave por ejemplo en la generación de tecnologías disruptivas, que son aquellas que cambian la vida y el futuro de las personas y de los mercados.

Apoya el funcionamiento de diversos sistemas, tanto en la industria como en la administración pública, y depende de su performance el óptimo resultado obtenido en todas estas actividades: en el ámbito público las prestaciones de salud, de educación, de seguridad y de defensa son entregadas de mejor manera si los servicios de telecomunicaciones son más eficientes.

Las telecomunicaciones de Quinta Generación (5G) son las que traerán a nuestras vidas la interacción eficiente de los objetos entre sí, sin intervención de los seres humanos (el llamado Internet de las Cosas), así como la malla de sostén de los autos autónomos y una mayor capacidad para el desenvolvimiento de la realidad virtual, de diversos usos, particularmente lúdicos.

En este escenario de aparente (y muy probable) evolución de la calidad de vida se presenta la inquietud sobre el “control del sistema”.

Sucede que el conocimiento detrás de la tecnología embebida en los servicios de telecomunicaciones es de restringido acceso (muy restringido): muy pocos países detentan el wisdom (el saber) sobre cómo operan circuitos integrados, equipamiento, redes, etc., que soportan a la industria de las telcos.

Son un poco más aquellos que dominan el "know why" (entender el por qué son necesarias diversas piezas para armar un sistema de comunicaciones) y son muchos más los que deben “conformarse” con sólo manejar el know how (el manual de instrucciones), que les indicará como deben configurar los equipos para contar con el servicio.

En este punto ya se puede apreciar la dependencia tecnológica de las economías de los países del segundo y tercer grupo antes mencionado con respecto al primer grupo, los que detentan el conocimiento.

En tal sentido Argentina, al no poseer industria electrónica desarrollada, se priva del wisdom y necesariamente depende de la provisión de equipos y tecnología extranjera que, en el mejor de los casos y asumiendo cierta capacidad de "know why", puede integrar de manera local (como por ejemplo se ha hecho con los satélites de comunicaciones ARSAT). Esta lógica es válida en todos los casos que se trate de tecnología, y el advenimiento del 5G es un escenario más a considerar (un escenario no menor).

Por su naturaleza de “malla de sostén”, desde el punto de vista del Estado entra a jugar en el despliegue del 5G el concepto de "network sovereignty", o soberanía sobre las telecomunicaciones: los gobiernos, necesariamente, deberán tomar cartas en el asunto.

La soberanía sobre las telecomunicaciones abarca principalmente dos aspectos básicos de los servicios de telefonía y datos:

a) La infraestructura (equipamiento sobre el cual corre la información).

b) El control sobre la provisión de los servicios (las condiciones de prestación).

El primero de estos items implica la generación de un estrecho vínculo entre el proveedor y el cliente de los equipos (teniendo en cuenta la dependencia tecnológica), en tanto que el segundo de los aspectos opera básicamente en el ámbito de la regulación.

Considerando el escenario descripto precedentemente, es crucial que el Estado esté convenientemente preparado para afrontar el advenimiento de una nueva (y disruptiva) tecnología base, sobre la cual correrá toda la información (telefonía, datos) generada por “el sistema”.

Así, ya es tiempo de pensar qué tipos de intercambios puede Argentina llevar adelante con (u obtener de) los proveedores de tecnología y qué tipos de relaciones se deben (o pueden) promover con las potencias tecnológicas (léase Estados Unidos y aliados, China, etc. a través de sus empresas).

A tener en cuenta: estas relaciones deberán ser de larga duración si se quiere contar con un servicio de telecomunicaciones estable y eficiente en el tiempo.

En definitiva, el desafío que plantea la nueva tecnología de comunicación móvil es geopolítico, estratégico, de largo plazo. Es necesario entonces estar a la altura de las circunstancias y planificar, considerar, calcular, valorar quienes deberían ser nuestros proveedores-aliados y porque. A ellos estaremos ligados (por lo menos) lo que resta del siglo.

(*) Analista de Relaciones Económicas Internacionales, Tecnología y Geopolítica. Director de ESPADE (Estudios para el Desarrollo).

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