Edición Impresa

Diálogos de Wall Street

Tropezón de Navidad que es caída y mercado bear. La Casa Blanca tomó el comando de la coyuntura y en un par de ruedas Trump estrelló la nave. ¿Y ahora? Discutimos con Gordon Gekko, nuestro hombre en la trinchera.

Periodista: No apareció Santa Claus, no hubo rally navideño sino una caída vertical, y lo que era corrección -la tercera del año, y la vencida- se ganó el sello de mercado bear (“bajista”). ¿Qué cabe esperar?

Gordon Gekko: Más turbulencia.

P.: ¿Da por muerto al mercado alcista que comenzó en marzo de 2009? ¿O todavía tiene chances?

G.G.: Delo por muerto aunque siempre hay que esperar antes de enterrarlo. Si usted quiere, estamos como en 2011, cuando se discutió el techo de la deuda soberana de los EE.UU. y S&P le quitó el rating AAA. Entonces se produjo una resurrección de último minuto.

P.: ¿Esta vez es diferente?

G.G.: No hubo ruptura del límite del 20% para el S&P500 en 2011. La reacción, la recompra, se gatilló antes. La penetración ahora es marginal y también podría revertirse y anularse. El problema de fondo no está ahí.

P.: ¿El drama reside en la Casa Blanca? Trump es ingobernable. Es un volcán de energía, pero muy destructivo. ¿O me equivoco?

G.G.: Se llevó puesta a la Fed cuando Powell quiso ser independiente. Y se llevó puesto el mercado bull. En un abrir y cerrar de ojos. ¿Se atreverán los inversores a repetir la apuesta agónica de 2011? Quiérase o no, Obama y Bernanke, en ese entonces, les cuidaban las espaldas. Hoy Washington es una caldera y, en un área tan sensible, no se sabe quién manda. Siendo así, mandan la ley de la gravedad y la aversión al riesgo. Vamos a ver hasta dónde.

P.: No se lo puede dejar a Trump en la Casa Blanca solo, en un feriado largo, sin la familia y con un montón de preocupaciones. Está claro que el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, no logra contenerlo.

G.G.: Tengamos una mirada amplia. Jim Mattis, el secretario de Defensa, y dique de contención en una materia ultra sensible, fue despedido, y desbordado. La política en Siria giró en una baldosa. Los aliados de los EEUU. en la región están estupefactos y colgados del pincel. Los propios funcionarios no atinan a dar una explicación convicente del viraje. No es muy distinto de las maniobras que Trump forzó en Wall Street.

P.: Contra lo que dijo Mnuchin, también habría despedido a Jay Powell, de la Fed, si hubiera tenido la autoridad requerida.

G.G.: ¿Qué duda cabe? Que el secretario del Tesoro llame a los presidentes de los seis bancos más importantes del país para consultarles si tienen la liquidez necesaria para atravesar un pánico que no existe, y hacerlo público a través de un comunicado oficial, es un acto insólito, amateur y capaz sí de promover el pánico.

P.: Fue el empujón que terminó de voltear las esperanzas. ¿Qué pretendía Mnuchin?

G.G.: ¿Qué quería Trump? Mostrar que está por encima de la Fed, uno supone. La intención es inquietante; la impericia, aterradora. ¿Qué debería asustarnos más? También Trump provocó el cierre del Gobierno. Sin ninguna necesidad.

P.: Con el pretexto del muro que Mexico no quiere pagar...

G.G.: El Congreso tampoco. Y conste que Trump tiene mayorías en ambas Cámaras (hasta el recambio en enero). O sea, no son sólo los demócratas los que se oponen. El presidente no encuentra soluciones a los problemas que enfrenta, y en muchos casos fabrica, aunque sí chivos expiatorios. Eso no nos libra de sus consecuencias. Al bear market ya lo tenemos en el carro de compras, será importante evitar la recesión. A Trump se le soltó la cadena, es urgente volver a engranarla, que se restablezca el funcionamiento de la Fed sin dominancia política. O será mucho peor.

P.: ¿Ve una lógica detrás de los arrebatos del presidente? Más allá de cargar las culpas en espaldas ajenas. ¿Es una explosión de su estado de ánimo, o hay meditación y cálculo?

G.G.: Sin Siria ni cierre del Gobierno, ¿de qué estaríamos hablando? ¿cuál sería el tema absorbente? El derrumbe de Wall Street, el mercado bear.Y el miedo a una próxima recesión. Los emblemas de Trump se cayeron del pedestal, y el presidente no tiene mejor respuesta que agrandar la polvareda. Y si a su juicio el único mal que la economía enfrenta es la suba de tasas, pues bien ya no habrá más suba de tasas.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario