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Diálogos de Wall Street

La guerra del comercio al rojo vivo. ¿Se deprime la Bolsa? ¿Qué esperar?

Periodista: ¿Se derrite el optimismo? ¿Vamos a una guerra de comercio, en serio y de largo aliento? A Wall Street no le entraban las balas, y ahora se sobresalta hasta con munición de fogueo. ¿Qué pasó?

Gordon Gekko: El presidente Trump cruzó el Rubicón cuando sancionó la prohibición de hacer negocios con Huawei. Beijing se plantó. No continuará las conversaciones si EE.UU. no revierte su accionar.

P.: Pero Trump dio marcha atrás y suspendió por 90 días la inhibición.

G.G.: China pretende, y es lógico, que levante la medida de cuajo. Todos los días se suman nuevas compañías que no le venderán componentes o software a Huawei. El daño es enorme, y no cesará si no hay una exculpación definitiva. Y en paralelo se le destruyó la cartera de clientes.

P.: ¿Cree que el presidente se allanará al reclamo?

G.G.: De mediar una represalia comparable, sí. Está claro que Huawei domina el negocio de la tecnología 5G y Washington se ha propuesto torpedear su posición, por razones de seguridad. Más allá de las objeciones formales que se pongan sobre la mesa.

P.: ¿Ya no somos neoclásicos? ¿Volvió la guerra fría? Y el temor a perder la supremacía estratégica. ¿Partiremos el mundo en dos, de vuelta?

G.G.: Volvió, en principio, la misma susceptibilidad. Ya nos avisó Steve Bannon, el estratega de campaña de Trump. “En 100 años, lo que el mundo se va a preguntar, dice, es si fuimos capaces o no de frenar a China”.

P.: Estratega del último cuarto de milla de la campaña del presidente. Y despedido de la Casa Blanca hace tiempo.

G.G.: Y de Breitbart news y de otros lugares que solía frecuentar. Pero un hombre muy franco. Sin pelos en la lengua como para apuntar cuál era la próxima jugada. Si quiere una declaración formal, oficial, lea el discurso del vicepresidente Pence, del 4 de octubre, en el Instituto Hudson. Ambos explican bien el momento. Y el por qué de la beligerancia.

P.: La prioridad es contener a China. Como antaño a la Unión Soviética. La discusión de los aranceles es un elemento accesorio dentro de una visión geopolítica más amplia. Y, sobre todo, a su servicio.

G.G.: Así parece.

P.: China no podía ignorarlo, pero se prestó a las negociaciones comerciales como si fuesen independientes de cualquier otra objeción.

G.G.: Tenía sentido mantener la discusión acotada en ese plano. Pero hubo un cortocircuito y apareció una factura que pertenecía a un futuro más distante. Vaya uno a saber qué provocó el chispazo.

P.: China prepara a su población para una confrontación larga, que exigirá sacrificios, y exhumó el recuerdo de la Larga Marcha de 1934/1935 cuando el Ejército Rojo debió replegarse ante el avance de las fuerzas militares de la República china. Jugábamos con fuego cuando la pelea era por aranceles y aspectos económicos, si se quiere, triviales, ¿qué decir ahora?

G.G.: El mensaje a Trump es clarísimo. No nos van a correr con la vaina. Y tenemos más estómago que ustedes para soportar la adversidad.

P.: ¿No cree que esto se está yendo de las manos? ¿No cabría empezar a recoger el barrilete?

G.G.: No son manos muy expertas y sí son audaces. Ya dijimos, es el juego de la gallina. Y estamos en la fase de pavonearse, inquietos, pero todavía dentro de la zona de confort.

P.: ¿Le parece?

G.G.: Si usted es accionista de Huawei, no. Pero si es un inversor de Wall Street estará muy preocupado, de acuerdo, pero sus ganancias todavía están intactas. Trump tuitea y aprieta, pero con el rabo del ojo, mira las cotizaciones. Y los precios no incorporan ningún desastre.

P.: Siga, siga, entonces. ¿Hasta dónde? ¿Hasta que venga una factura que nos quite el aliento, y nos devuelva a la mesa de negociación?

G.G.: En diciembre cuando se forjó la tregua se pisó el freno al borde del mercado bear.

P.: Y con los nubarrones de una recesión en ciernes. ¿Qué pasaría si hay un error de cálculo, esta vez, y la distancia de frenado no es suficiente?

G.G.: Chocar sería lamentable cuando el ciclo económico está por cumplir una década el mes que viene. Y si llegamos a julio será el más largo de la historia de los EE.UU. Pero, ya ve, Trump igual acelera.

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