Economía

Diálogos de Wall Street

¿Vamos a una tercera tregua comercial? ¿Se asustó Trump? Teléfono para Gordon Gekko y nos atiende en Wall Street.

Periodista: Trump desensilla. Reculó ante China. ¿Se asustó de su propia beligerancia?

Gordon Gekko: De las consecuencias de sus actos.

P.: Daría la impresión de un error de cálculo. O no esperaba una réplica de Beijing tan rotunda o imaginaba una economía más resistente.

G.G.: Cuando Wall Street se desplomó 3% en un día llamó de urgencia a los CEO de los bancos. Preguntó qué pasaba. Lo normal es que él sepa y los demás, no. Fue un indicio de que había una discrepancia (que lo preocupó) entre la realidad y el guión de su libreto.

P.: También es sensible a la Bolsa, me quiere decir.

G.G.: Lógico. Su ascenso es carta de presentación, el certificado del éxito.

P.: China no ignora ese flanco vulnerable. Y ahora lo puede explotar mucho más.

G.G.: Trump usa la política exterior -donde se mueve como pez en el agua, no porque sepa nadar muy bien, sino porque está libre de las ataduras del Congreso- para alcanzar fines, principalmente, de política interna. Y en esa gimnasia no puede perder prestigio. Así que recula, pero necesita decir que los que dan el paso atrás son los chinos.

P.: Sostiene que ellos levantaron el teléfono para retomar las negociaciones. Y los chinos lo niegan en forma tajante.

G.G.: La opinión pública podrá creer o podrá dudar. No tiene los elementos de juicio. El punto es que China sabe cuál es la verdad. Trump se cortó solo en el último tramo de la confrontación.

P.: Con la compañía de Peter Navarro, su asesor comercial.

G.G.: El secretario de Comercio, Ross, y el represente comercial, Lighthizer, ambos se mantuvieron en silencio, en un segundo plano. Trump fue a entablar pelea con China y con la Fed. A simple vista, sin dar ni pedir cuartel. Y la clave es que en algún momento, bastante rápido, le cayó la ficha. Algo no andaba bien.

P.: La embestida no duró mucho. Empezó el 1 de agosto y no llegó a fin de mes.

G.G.: Es que se le cae la Bolsa y no puede no darse cuenta de que está viendo la película equivocada. Y habrá advertido también que la economía afloja. Quizás sea la primera vez que nota que ese peligro va en serio. Que no son fabulaciones de la prensa que quiere perjudicarlo.

P.: Y entonces Trump busca el clinch, trabarles los brazos a los chinos que justo ahora conectan sus mejores golpes.

G.G.: No es usual que el presidente admita, como lo hizo, que está pensando dos veces lo apropiada que fue su estrategia. Después, ya sé, dijo que no se arrepiente de haber sido agresivo, que tendría que haber sido más duro todavía. Acá rebobinó. Si quiere identificar una referencia, un mojón, yo diría Groenlandia.

P.: Tirar sobre la mesa la compra de Groenlandia es una forma de huir hacia delante.

G.G.: Es muy Trump. En diciembre, en un brete similar, resucitó la discusión con el Congreso por el muro a México, y terminó con el cierre parcial del Gobierno, no sé si recuerda.

P.: ¿Y qué harán los chinos ahora que lo tienen a Trump cansado, y tal vez dubitativo?

G.G.: Se sentarán a negociar en septiembre. La incógnita es si antes no querrán pasar otra factura. Xi Jinping lo dijo cuando la contienda recién se alistaba. No es una cita textual, pero sí su espíritu: nosotros no somos Occidente, no somos de poner la otra mejilla, vamos a devolver el golpe con un golpe más fuerte.

P.: Sería la tercera tregua en la puja comercial. Las dos anteriores duraron un santiamén, ¿quién puede pensar que será la vencida?

G.G.: Nadie. Pero cualquier respiro es bienvenido. Es mejor que seguir intercambiando proyectiles en estado de alta tensión.

P.: ¿Cree que llega a tiempo para prevenir la temida recesión global?

G.G.: Si la Bolsa se desploma, nadie lo va a creer. Con la inversión de la curva sería cartón lleno. Si no ocurre, prevalecerá la negligencia benigna, la idea de que la carga; si usted no la sacude, se irá acomodando a lo largo del camino.

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