Economía

Diálogos de Wall Street

El susto es grande pero también la inercia. La guerra comercial estrenó otro capítulo de aranceles en alza, y nadie lo impidió.

Periodista: La fatiga es evidente. Las fricciones comerciales esmerilan la paciencia tanto en EE.UU. como en China, y le quitan piernas a la actividad, pero la inercia manda. Otra vuelta de mayores aranceles mutuos entró en vigencia de la mano del cambio de mes. Y si bien China pidió una prórroga no hubo forma de alcanzarla. ¿Qué pasará con las negociaciones que estaban previstas para reanudarse en septiembre?

Gordon Gekko: Se van a realizar, falta ponerse de acuerdo en la fecha precisa.

P.: Por momentos, el presidente Trump parece más interesado en forjar una tregua que los propios chinos, pero el fin de semana fueron los orientales los que solicitaron un compás de espera general.

G.G.: A nadie se lo ve muy cómodo. La disputa es costo puro para todas las partes, no están claros cuáles son los beneficios.

P.: ¿Y entonces? ¿Cree que la dinámica de la confrontación se tornó independiente de la voluntad de los dos jugadores, que se escapó de las manos?

G.G.: No. Estamos a un sacudón de otra “entente”.

P.: Trump no las lleva todas consigo. Ahora se sumó un cuestionamiento incipiente dentro de su propio partido.

G.G.: Los legisladores republicanos temen que la economía se resienta, y sean el blanco de las quejas en sus distritos, y que así pongan sus bancas en riesgo.

P.: ¿Qué dicen los sondeos de opinión pública? ¿Comienzan a pasarle factura al presidente?

G.G.: Muy en el margen. Pero, es verdad, los políticos tienen el olfato entrenado para husmear el peligro. Dice Pat Toomey, senador republicano por Pensilvania, que la situación actual es buena, pero que se preocupa por la que regirá de acá a un año si la pulseada comercial continúa operando como una mochila para el crecimiento.

P.: Lo están apurando a Trump.

G.G.: Que defina pronto o que baje un cambio. Pero que no se deje madrugar por una recesión porque sería un negocio “chino”.

P.: Después de haber estado a la defensiva durante meses, los chinos pudieron ensayar un contraataque. Golpearon duro con su propia lista de importaciones sujetas a aranceles. ¿Por qué querrían hacer las paces y evitar la suba de aranceles este fin de semana?

G.G.: Ellos pegan pero también reciben. No son manos de nocaut, ambas partes se cuidan en mi opinión, pero duelen y desgastan. China tiene un talón de Aquiles en el mercado de cambios. Y preferiría no exponerlo.

P.: El yuan offshore cayó con ganas.

G.G.: A 7,1811 yuanes por dólar. Un nuevo récord de debilidad.

P.: Y no es el gobierno el que devalúa.

G.G.: Son los mercados que ven una oportunidad allí. Si uno observa el fix del mercado oficial, el Banco del Pueblo trata de contener el daño. Lo ubica, como señal, mucho más firme que los valores que se operan.

P.: Escucho a un exembajador de los EE.UU. en China –Max Baucus– y apunta que los chinos se ven a sí mismos como los ganadores últimos de la guerra comercial porque pueden soportar las privaciones, llevar la contienda al largo plazo y extenderla lo que haga falta. ¿Qué opina?

G.G.: Confían en el efecto Vietnam. Está claro que los EE.UU. tienen la artillería más poderosa, pero, ¿tendrán la capacidad de soportar el castigo si se prolonga sin solución a la vista? ¿Y qué pasaría si surge otro shock adverso, digamos el brexit duro, y se acrecienta la silueta de una recesión? ¿Podrá Trump continuar presionando o deberá cancelar la operación? ¿Y si se cansa la opinión pública y lo culpa al presidente? China no enfrenta los dilemas de una democracia occidental.

P.: Cada uno carga su cruz. Van 13 semanas consecutivas de protestas en Hong Kong, y Beijing no le encuentra la vuelta. No es secreto para nadie que ve la mano de Washington en la agitación.

G.G.: Compara el movimiento de Hong Kong con el independentismo catalán, y hace notar que a España lo dejaron actuar con firmeza.

P.: En el corto plazo, los mercados tienen la llave del conflicto, porque si tropiezan pueden traer la concordia y facilitar un cese de hostilidades.

G.G.: El asunto es si, para ese entonces, no será demasiado tarde. El nombre del juego es evitar la colisión frontal, y no permitirla para ver después qué es lo que queda en pie.

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