Economía

Diálogos en Wall Street

La Bolsa merodea los récords aunque sus ganancias están cayendo y el mundo sigue siendo un polvorín. Le pasamos la intriga a Gordon Gekko: de dónde saca fuerzas y convicción.

Periodista: La Bolsa sube y se ubica a medio por ciento de los récords. A la par, los analistas recortaron medio por ciento las proyecciones de utilidades del S&P500 para 2020. Es la mayor poda desde enero. ¿La rentabilidad no importa? ¿Alcanza y sobra con que Trump y los chinos se lleven bien y no hagan lío?

Gordon Gekko: Tiene razón. Nada es más poderoso hoy que la paz comercial, aunque sea precaria. A nada se le presta más atención. Pero los balances del tercer trimestre, los conocidos hasta el momento, son mejores que lo que se esperaba.

P.: O, más bien, se temía. Los números siguen siendo negativos...

  • G.: De acuerdo. Y por tercer trimestre consecutivo.

P.: ¿Cómo se entiende la pujanza de las acciones?

  • G.: Como una apuesta a que los presidentes Trump y Xi pueden pelearse, pero no van a permitir que los sorprenda una recesión.

P.: Que para Trump sería letal. Pero... ¿tienen la cintura? A ratos son dos elefantes en un bazar.

  • G.: No hay garantías. Puede fallar. Trump no es muy sutil.

P.: Es una apuesta temeraria, de altísimo riesgo.

  • G.: Correcto. Pero la voluntad mutua quedó acreditada. Es un avance. Y la Bolsa se montó en él, y hasta acá llegó, a las adyacencias de los máximos. Quizás para romper de manera contundente los récords se precise contar con más evidencia de una economía saludable.

P.: O con un acuerdo comercial con China de mayor calibre. ¿Le parece posible?

  • G.: Es la idea que alienta la Casa Blanca. Larry Kudlow, el asesor económico del presidente, dijo que el aumento previsto de aranceles para mitad de diciembre podría eliminarse si las conversaciones prosiguen y llegan a buen puerto. Beijing no se queda atrás. Su vicecanciller señaló que -en la medida que haya respeto mutuo- cualquier problema puede solucionarse. El tono es componedor.

P.: Nada que no pueda arruinarse con un único tuit presidencial.

  • G.: Desde ya. Compute este silencio prolongado como una muestra de interés por no descarrilar el proceso de paz.

P.: ¿Cómo puede el mercado estar convencido de que a Trump no lo va a traicionar el instinto belicoso, y no va a echarlo todo a perder?

  • G.: No lo está. Si lo estuviese ya hubiéramos traspasado los viejos récords como poste. Pero el mercado leyó bien en su momento el cambio de predisposición, se anticipó, y le sacó provecho basándose en el análisis de la situación interna incómoda que enfrentaban Trump y Xi Jinping.

P.: Trump se asustó con los riesgos de recesión en alza.

  • G.: No puede darse el lujo de propiciar una recesión a un año de la elección. Y ahora con el impeachment en ciernes, menos. Necesita el respaldo del Senado. Y los legisladores no van a apoyar una política que lleve a una recesión porque ellos también tienen que renovar su banca.

P.: Se necesitan dos para bailar el tango. ¿No es el momento de China de pasar la factura? ¿Por qué hacerle el juego a Trump?

  • G.: La respuesta está en la mesa de negociación. Beijing también quiere cerrar un arreglo, aun si sabe que habrá una traición antes de la elección.

P.: ¿Y eso le sirve a Wall Street?

  • G.: Nadie cree en un acuerdo definitivo. La Bolsa se relame con la estacionalidad favorable de fin de año, se alista para un gran cierre de temporada. Contra todo pronóstico, se alinean los planetas. Hasta el brexit contribuye: Boris Johnson consiguió el milagro de que los laboristas aprobaran un acuerdo con la Unión Europea en el Parlamento que es peor que el que le rechazaron a Theresa May (aunque todavía falta porque le bocharon el cronograma que propuso).

P.: Esta semana la Fed nos obsequiará la tercera baja de tasas.

  • G.: Y comenzará a inyectar liquidez extra a razón de 60 mil millones de dólares por mes. Y en noviembre el BCE retoma el QE a razón de 20 mil millones de euros sin fecha de expiración. La exposición en acciones es muy baja en las carteras. Por motivos y nubarrones atendibles que prometen despejarse. Esa es la apuesta.

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