Economía

Diálogos de Wall Street

Se cayó la reunión de la APEC en Chile, y el escenario para la firma de la paz comercial entre EE.UU. y China. ¿Se complica la negociación? Responde Gordon Gekko desde Wall Street.

Periodista: Venía todo tan bien, pero nunca faltan incidentes cuando un pobre se divierte. ¿Se complica la firma del tratado comercial entre EEUU y China?

Gordon Gekko: ¿Por qué lo dice?

P.: Porque los mercados lo están rumiando.

G.G.: Se suspendió la reunión de APEC, eso es cierto. La razón no tuvo nada que ver ni con el presidente Trump ni con el presidente Xi Jinping. Chile desistió por las manifestaciones de protesta, conocidas por todos, y que son el fruto de un malestar interno.

P.: De acuerdo. Pero no hay consenso en un sitio alternativo. Y las discusiones no progresan.

G.G.: La firma se va a dilatar. No va a poder ser el 15 de noviembre.

P.: China ofreció una reunión en Grecia, unos días antes, aprovechando una visita de Xi Jinping. EE.UU. no accedió.

G.G.: Habrá que coordinar la agenda. Hay mucha sensibilidad con la elección del lugar donde se firma. Las partes quieren un escenario que sea neutral, que no sugiera la preeminencia de una sobre otra.

P.: ¿Y Grecia no da el pignet?

G.G.: Entiendo que, en su caso, la objeción es una cuestión de tiempos.

P.: Se teme que este contratiempo de pie para que surja un “impasse”. ¿Usted, qué opina?

G.G.: Conociéndolo a Trump, siempre existe la posibilidad de que intente una última vuelta de rosca adicional, agónica, como para mejorar su tajada en la negociación. O, simplemente, para instalar la imagen de haber exprimido una discusión a fondo. Nunca se está libre de esa vicisitud hasta estampar la firma.

P.: ¿Cómo cree que se resolverá la cuestión?

G.G.: Con un cambio de fechas, y una demora de un par de semanas con respecto a lo previsto, pero sin hacer naufragar la negociación.

P.: China señaló su disponibilidad para reunirse en Hawaii o Alaska. Trump sugirió Iowa, donde los agricultores tienen mucho peso, pero esa opción fue rechazada por Beijing.

G.G.: Lo más firme hoy, pero no está confirmado, es Londres, el 3 o 4 de diciembre, después del cónclave de la OTAN.

P.: ¿Cómo lo tomarán los mercados?

G.G.: Están impacientes, pero cotizan en los récords. La demora está justificada, no se puede vincular a discrepancias con respecto a la negociación en sí, que es lo que de veras cuenta. Y Trump –su partido- acaba de ser derrotado en comicios celebrados en Virginia y Kentucky. Tiene que lidiar con la mala prensa que produce el proceso que apunta a su probable juicio político en la Cámara baja…

P.: No querrá hacer olas, dice usted.

G.G.: Si Trump saca los pies del plato de la negociación, por la razón que fuere, la Bolsa se derrumba como alguien a quien le quitan le escalera y lo dejan colgado del pincel. No sería muy conveniente. No, a esta altura.

P.: Sobre todo con el fantasma del juicio político sobrevolando tan cerca de su cabeza.

G.G.: Una reciente encuesta del Financial Times encuentra que dos terceras partes de los votantes consideran que la administración Trump no les ha mejorado su situación.

P.: No es lo que dice la artillería de tuits del presidente.

G.G.: Imagínese con los mercados revueltos –como a fin del año pasado– y con un regreso de la zozobra comercial a tambor batiente. No sé si el estómago de los inversores resistiría un embate así, que dejaría a los mercados en evidente posición de offside (y con una Fed en cuarteles de invierno). No lo veo a Trump con ganas de jugar con fuego. Ya tiene su pequeña hoguera con el impeachment, y no es bueno atizar las brasas, no sea cosa que sus propios partidarios se asusten y mediten la conveniencia de soltarle la mano.

P.: Es difícil imaginar un escenario más apropiado para que los chinos se cobren venganza.

G.G.: Desde ya. Pero ellos tampoco se la llevan de arriba. No llegamos a esta instancia sin cruzar antes un umbral de mutuo recelo. La idea de firmar un acuerdo fase uno (es decir, limitado; es decir, a pesar del desacuerdo que persiste en las cuestiones de más peso) refleja la necesidad recíproca de anestesiar el conflicto.

P.: Les sirve a ambos.

G.G.: Más allá de cualquier ventaja de corto plazo de propinar una traición. Refleja un dato clave. No hay voluntad de afrontar la represalia posterior. Los dos tienen la pegada muy pesada. Ya se castigaron lo suficiente. No tienen que demostrar coraje.

P.: Usted señaló que Trump puede traer una carta bajo la manga, que no está metida en los precios. Habló de dar marcha atrás con la suba de aranceles que se montó con la guerra comercial. ¿Lo ve posible?

G.G.: No se va a firmar una paz definitiva. Nadie espera que desaparezca la confrontación. El mundo ya no será lo que era antes de las decisiones de Trump. El acuerdo que se suscriba será modesto. Dejará afuera muchos tópicos que se saben urticantes. ¿Qué valor puede tener? La rebaja de aranceles es la manera directa de instalar la percepción de una paz duradera, que es a lo máximo que se puede aspirar. Aun sabiendo que se pueden volver a escalar. Si Trump precisa maximizar el golpe de efecto, ahí tiene un instrumento eficaz.

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