Espectáculos

Diego el Cigala conmovió al público a fuego lento

• UN RECITAL IMPECABLE AL QUE EL "CANTAOR" LE IMPUSO SU PROPIO RITMO HASTA LLEGAR AL CLÍMAX
El romance con sus seguidores quedó ratificado en una noche que incluyó, en inesperada versión salsera, su clásico “Lágrimas negras”.

El Cigala se moja la punta de los dedos. Los mete en el vaso que un asistente le llena una y otra vez con esa bebida color naranja que bebe a sorbos muy cortos. Luego los sacude para evitar que chorreen y se toca la frente. Repite una y otra vez esta ceremonia durante las dos horas de concierto. El Cigala se refresca. El Cigala se bautiza a sí mismo. Renace. Se reinventa.

Diego El Cigala arranca su concierto en Buenos Aires con el ritmo que parece a trasmano. La música de salsa lleva el vértigo que imponen los diez músicos de la Cali Big Band que lo acompaña. Diego, en cambio, avanza a velocidad propia, va acelerando muy de a poco, igual que la mayoría del público porteño que lo conoció cantando inmortales boleros y tangos acompañado apenas por el piano del también inmortal Bebo Valdés. Cuesta al principio engancharse con el estilo caribeño de este Cigala versión 2018. Te hace mover el pie, pero no te pega en el pecho. Su voz a veces queda tapada por la potencia de los bronces.

Pero El Cigala vuelve a mojarse la frente, hace una seña al gran pianista y director de la big band José Aguirre y arranca la primera gran ovación de la noche en el Gran Rex. "En la vida hay amores que nunca pueden olvidarse", recuerda el cantaor y va justo al punto donde el público más quiere encontrarlo, que es ése donde el amor por este artista empezó. Ahí pega de lleno en el corazón de la multitud que escucha hipnotizada. Y al ratito nomás, reafirma el hechizo con "Corazón Loco".

Poco después llegan más clásicos del repertorio de El Cigala, acompañado sólo por el piano. Se vienen "Amar y vivir", "Te quiero" (otra gran ovación con el tema de Nino Bravo), "Soledad". Contra lo que podía suponerse, en este set íntimo no entra "Lágrimas negras". Pero aparece sí, imprescindible y reclamada por la gente, un rato después, en inesperada versión salsera. Y para ese entonces, ya todos viajamos a cinco mil revoluciones por hora en ese recorrido donde el cantaor nos fue llevando sin darnos cuenta. Entonces la música del Caribe se mete definitivamente en los corazones a fuerza de ritmo, pero también de los virtuosos solos de todos los músicos de la banda. La gente se para bailar y aplaudir hasta que las manos duelen.

En medio de bises y demostraciones de cariño mutuo con el público, El Cigala se despide con una versión casi funk de "Indestructible", el tema que le da nombre a su nuevo disco. Que bautiza a esta versión 2018 del artista que se reinventa. Y que así se vuelve indestructible.



=Recital de Diego El Cigala, 10 de marzo. Teatro Gran Rex).

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