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Diez secretos para conocer lo mejor de Praga en dos días

Apenas 48 horas en Praga alcanzan para conocer la particular historia de la ciudad a la que se le atribuyen nombres como el Sueño de Piedra o la Ciudad Dorada. Más de mil años de desarrollo urbanístico dejaron en la capital de la República Checa joyas arquitectónicas que son visitadas anualmente por millones de turistas. En esta nota: los mejores atractivos de una de las urbes más bonitas y fascinantes del globo.

DÍA 1



Monasterio y biblioteca



El hotel Rocco Forte Agustine (Letenska 12/33, Praga) es ideal para desayunar el primer día. Es un lujoso cinco estrellas de 101 habitaciones que ocupa un edificio histórico en el centro de la ciudad junto al monasterio agustino de Santo Tomás. Habitaciones decoradas individualmente en estilo cubista checo de principios del siglo XX. Excelente desayuno buffet. Luego, caminar unos metros para visitar el Monasterio y biblioteca de Santo Tomás. El padre Williams, estadounidense, uno de los 5 agustinos que aún viven en el monasterio, oficia de guía.



Barrio del castillo



Se puede subir en tranvía, es mejor hacerlo a pie por las serpenteantes calles empedradas. El Barrio del Castillo acoge palacios que fueron residencia de los reyes de Bohemia y desde 1918 del presidente de la República Checa. Aquí está la Catedral de San Vito. Se puede subir a su torre de 99 metros por una escalera de caracol. Para el almuerzo, el restorán Lokal, una cervecería típica, tipo mesón, en la calle Dlouha 33 (cerca del Puente de Carlos). Sin lujos, mesas sin manteles y servilletas de papel. Se puede comer por 12 euros.



El muro de John Lennon



Previa escala en la calle más estrecha del mundo (imperdible una visita), hay que ir hasta el Muro de John Lennon, frente al Palacio Buquoy. Pared símbolo del régimen comunista, pocos días después del asesinato de John Lennon (8 de diciembre de 1980) apareció un retrato del beatle y alguna de las letras de sus canciones. Inmediatamente la StB (policía política) las borraba, pero a la mañana siguiente aparecían nuevos grafitis. Ni la instalación de cámaras de vigilancia logró acabar con ellos.



Puente de Carlos



Uno de los lugares más visitados y fotografiados de Praga, el Puente de Carlos, que lleva este nombre por el rey Carlos IV de Luxemburgo. Atraviesa el Moldava que divide a Praga en dos: la Ciudad Vieja (Staré Mesto) y la Ciudad Pequeña (Malá Strana). Tiene 500 metros de largo por 10 de ancho, y en su día dispuso de 4 carriles para ordenar el paso de carruajes. A lo largo del puente hay una treintena de estatuas, muchas de ellas copias de las originales que están en el Museo Nacional.



Teatro negro y cena



Atravesando el Puente de Carlos se llega a la calle Karlova. En el número 8 está el Palacio Unitaria, sede de una de las atracciones más famosas: el Cerné Divadlo, literalmente Teatro de Luz Negra. Aquí reinan las luces y, sobre todo, las sombras. Cortinas negras, trajes fosforescentes, danza, acrobacia, mimo para todos los públicos. Para la cena, el restorán Lich-field, dentro del hotel Rocco Forte Agustine. La cocina, heredada del chef Richard Fuchs (una estrella Michelin) es moderna e internacional. Recomendación: probar la cerveza negra St. Thomas, producida por los monjes del monasterio.



DÍA 2



Tras los pasos de la ruta real



Desayuno: café con staroceske trdlo, típica rosquilla con canela. Luego, subir a la torre del Puente de Malá Strana, la puerta de entrada al Barrio Pequeño, y a la torre del Puente de la Ciudad Vieja, en el otro extremo. Por la calle Karlova se hace la Ruta Real a la inversa, es decir, el camino que siguió Carlos IV el día de su coronación, pero al revés. A ambos lados de Karlova hay edificios barrocos que albergan tiendas de recuerdos, de marionetas, joyerías de granates checos (exclusivos de Bohemia), hoteles, restoranes, museos. Se llega a la Plaza del Ayuntamiento o Plaza de la Ciudad Vieja, para algunos la plaza más bella de Europa. En una esquina está la torre (a la que se puede subir) del Reloj Astronómico.



Barrio judío y almuerzo



El Barrio Judío tiene la sinagoga más antigua de Europa aún en funcionamiento y un cementerio del siglo XV con más de 12.000 lápidas, algunas en franco deterioro, y que guarda todos los misterios del Golem. Edificios de arquitectura cubista y art nouveau, especialmente en el Bulevar de París donde se concentran las tiendas de las grandes marcas de lujo. El almuerzo, en el restorán Staromestska de ciudad vieja. Un local para turistas con carta en varios idiomas, entre ellos el castellano. Ideal, probar los platos checos tradicionales.



Plaza de Wenceslao



La plaza de Wenceslao es en realidad una calle ancha. Lugar para el mercado de animales en el siglo XIV y para construir el Museo Nacional en el siglo XIX. Aquí arrancó, en noviembre de 1989, la gran manifestación popular contra la brutalidad policial, que fue el inicio de la Revolución del Terciopelo y la caída del comunismo. Luego, una visita a la Casa Danzante, un extraño edificio moderno (1966) construido en acero, cristal y hormigón prefabricado y que a muchos les recuerda a una pareja bailando.



Castillo de Praga



Es mucho más que un castillo y sus dimensiones asombran. Se trata de la fortaleza medieval más grande del mundo. En el monumental conjunto hay que ver la Catedral de San Vito, el antiguo Palacio Real y el Convento de San Jorge entre otros edificios de interés. Imperdible pasear por los distintos patios de esta ciudad fortificada y descubrir algunos de sus rincones más encantadores como el Callejón de Oro, con sus coquetas casas de colores.



Cena en el barco Matylda



Matylda es el nombre de un barco-hotel permanentemente amarrado en la margen derecha del Moldava, 1 km aguas arriba del Puente de Carlos. Si el tiempo lo permite es muy agradable sentarse a una de sus mesas de la cubierta de popa desde la que se observa la Casa Danzante. En el interior, un amplio comedor con ventanales por los que se ve el río.

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