Edición Impresa

Diment: "Esa capacidad de dañar que tenemos"

El cineasta, director de "Parapolicial negro", se especializa en ese perfil oscuro que asumen las formas clandestinas de la actividad política.

Javier Diment empezó filmando bodas y cumpleaños de 15, y terminó haciendo películas de terror y documentales sobre violencia política. “No crea que hay mucha diferencia”, observa. Ahora, después de “El eslabón podrido” (Premio del Público en Sitges, nada menos) y “Parapolicial negro. Apuntes para una prehistoria de la Triple A”, acaba de estrenar el documental sobre la historia de las patotas nacionalistas en Mar del Plata “La Feliz. Continuidades de la violencia”. Dialogamos con él:

Periodista: ¿Por qué le atrae ese costado de la política?

Javier Diment: El daño me llama la atención. El ser humano está programado para hacer las cosas más maravillosas y las más dañinas. Todos tenemos esa parte oscura, todos. Que alguien no la manifieste no significa que la tenga desactivada. El humano hasta es capaz de agarrarse del ideal cristiano para hacer algo anticristiano. Los fascistas marplatenses, en nombre del catolicismo, atacaban a monseñor Eduardo Pironio.

P.: Se refiere a los miembros de la CNU, la Concentración Nacional Universitaria.

J.D.: Cuya historia cuento brevemente en “La Feliz”, gente que actuó dentro del peronismo, una especie de Triple A de La Plata y Mar del Plata, después se integró a los grupos de represión del gobierno militar, y tiene su proyección en los grupos neonazis que fueron a juicio hace muy poco. Por eso hablo de continuidad de la violencia.

P.: Ese juicio integra el documental “El credo”, de los marplatenses Blasco y Sasiain.

J.D.: Es bueno que ambas obras se integren. La de ellos es una mirada más en profundidad sobre lo actual, y la mía es una perspectiva a través de las generaciones.

P.: Entre la mucha gente que aparece en su película, de un lado y otro, llama la atención el ultra Carlos Pampillón, conductor de un grupo xenófobo. ¿Sabrá ese hombre que hubo otro Pampillón, el estudiante cuya muerte disparó la chispa de la rebelión contra el general Onganía?

J.D.: Si lo conoce, lo desprecia. Él tiene ciertas lecturas, con las que construye un sistema de pensamiento medio tosco pero sistema al fin. No es un intelectual, es un tipo de acción. Pero fíjese, los personajes habituales de las películas norteamericanas, que han entrenado toda la vida para imponerse por la violencia, y en las películas nos caen simpáticos, nos ponemos de su parte, ¿acaso no son como él? Sin panza, por supuesto.

P.: ¿De qué vive este hombre?

J.D.: Es un pequeño comerciante. Si no me equivoco, vende artículos de limpieza.

P.: Eso sería muy coherente.

J.D.: Uno de sus referentes es Nicolás Márquez, que escribe con Agustín Laje libros de derecha. También sigue a los ultraderechistas norteamericanos que proliferan por allá en las últimas décadas, como David Duke, antiguo líder del Ku Klux Klan.

P.: Llama la atención la presencia de un transexual fascista, amigo de Pampillón.

J.D.: Muy singular ese personaje. Parece una contradicción, pero luego uno recuerda la gran lucha de los homosexuales norteamericanos para ser incorporados al cuerpo de Marines y otras fuerzas de seguridad, y ya no suena tan raro. “Son las contradicciones del sistema”, decía Marx, y confieso que yo descubrí esa frase en una charla de Mendieta con Inodoro Pereyra. Mucho después recién supe quién la había dicho.

P.: Usted registra personajes muy interesantes, pero no tan asombrosos como el poeta ultramontano y la viuda “inocente” del capo de la Triple A que aparecían en “Parapolicial negro”.

J.D.: Maravillas como esas no abundan, y son difíciles de conseguir. De todos modos, no habrían tenido tanto espacio, porque con “La Feliz” quise hacer una obra más concreta, más contundente. Grabé 100 horas y la dejé en 85 minutos. Dejé afuera muchas subtramas, pero creo que la continuidad de los ultras a lo largo del tiempo queda bien clara. Los dejo hablar, exponen sus pensamientos, suenan categóricos, pero todo se derrumba cuando aparece el testimonio de Marta García, la sobreviviente de La Noche de las Corbatas, como se llamó el secuestro y asesinato de un grupo de abogados laborales, cometido por los ultras junto a las fuerzas de represión.

P.: ¿Habrá fascistas pacíficos en algún lado?

J.D.: Sí, los hay. El problema es que en última instancia terminan, cuanto menos, apoyando la violencia. Recuerde la frase de un funcionario de Comercio Exterior de EE.UU.: “La libertad de mercado implica tener el puño más fuerte del mundo”. Es una frase reveladora.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario